Lágrima del Alba

CAPÍTULO 24

Día Dos Antes del Duelo

El sol aún no había salido del todo cuando Aerion ya estaba despierto. El castillo seguía en calma, el sonido de los guardias cambiando de turno se escuchaba en la lejanía, pero él no tenía tiempo para descanso. Se puso en pie con movimientos fluidos, su cuerpo ya acostumbrado a la rutina de años de disciplina. Desde niño había entrenado para fortalecer su físico, para superar sus límites. Pero no tenía experiencia luchando con su vida en juego y nunca había enfrentado a alguien como el príncipe. Elira despertó y lo vio atando las vendas alrededor de sus muñecas.

—¿Vas a entrenar?

Aerion asintió.

—Tengo que hacerlo.

Elira se incorporó lentamente.

—Aerion... —su voz era más suave— nunca has peleado en un duelo real.

Aerion sabía que era cierto, había entrenado con armas desde que tenía memoria, había luchado contra otros cadetes, contra instructores pero esas no eran batallas mortales. El príncipe no estaba entrenando iba a matarlo si tenía la oportunidad.

—Lo sé —respondió finalmente.

Elira frunció los labios.

—Entonces, ¿cuál es el plan?

Aerion no dudó.

—No puedo vencerlo con fuerza.

Se miró las manos, recordando la forma en que el príncipe se movía, en el camino del cambio de celda había logrado ver el patio central por un momento lo suficiente para observar por un momento al príncipe. Era preciso, letal, sin fallas en su postura. No cometía errores. Si Aerion quería ganar, tenía que encontrar una grieta en esa armadura perfecta. Y para eso... tenía que entrenar de una manera distinta a la habitual.

Aerion pidió permiso a los soldados para utilizar el patio de entrenamiento, petición que Caldor aceptó con cierta fascinación en la mirada. Aerion salió al patio de entrenamiento, escoltado por los soldados.

No estaba prisionero en este momento... pero tampoco era libre. Los guardias lo observaban desde la distancia, asegurándose de que no intentara nada estúpido.

Kaedan lo siguió, pero no dijo nada. Solo observaba. Aerion tomó un par de espadas de entrenamiento y respiró hondo.

No tenía que ser más fuerte que Kael. Tenía que ser más rápido. Más preciso. Más inteligente. Empezó con ejercicios simples, deslizándose en la arena con la agilidad de un depredador en movimiento. El sudor pronto cubrió su piel, pero no se detuvo. Cada golpe, cada esquive... no estaba entrenando para ganar.

Estaba entrenando para sobrevivir. Kaedan observaba. Cruzó los brazos, analizando cada uno de los movimientos de Aerion. No tenía el instinto asesino de Kael. Pero tenía algo más. Adaptabilidad.

Aerion estaba aprendiendo, cada movimiento era más calculado, más fluido. Y entonces, Kaedan lo vio. Una chispa.

Algo que ninguno de ellos había notado antes. Aerion estaba absorbiendo la esencia del estilo del príncipe. No solo copiándolo, haciéndolo suyo.

Kaedan entrecerró los ojos, tal vez... tal vez Aerion tenía una oportunidad, si lograba entender al príncipe antes del duelo... Tal vez no estaba condenado

El sol de la tarde ardía sobre el patio de entrenamiento, proyectando sombras alargadas sobre la arena marcada por incontables pisadas. Aerion continuaba entrenando, su respiración pesada pero controlada, cada movimiento más refinado, más preciso.

Kaedan aún lo observaba, pero ya no era el único. Desde la galería elevada, oculto entre las sombras de las columnas de piedra, Kael estaba de pie, mirando en silencio.

No era casualidad. Había sentido la curiosidad, una punzada de interés que no había querido admitir, pero que igual lo había traído aquí. Porque algo en el entrenamiento de Aerion le llamaba la atención. No era su fuerza. No era su velocidad. Era la forma en que imitaba.

La forma en que absorbía cada movimiento, como si no solo estuviera aprendiendo... sino convirtiéndolo en algo propio.

El príncipe sintió algo retorcerse en su interior. Un eco de reconocimiento. Un eco de lo que él mismo había sido una vez. Pero lo enterró antes de que pudiera asentarse en su mente. Su expresión no se alteró mientras descendía por las escaleras de piedra, avanzando hacia el patio con la calma de un depredador que no tenía necesidad de apresurarse.

Aerion no lo notó al principio. Pero Kaedan sí y el cambio en su postura fue suficiente para que Aerion girara la cabeza... y lo viera. El príncipe estaba allí, mirándolo.

El entrenamiento se detuvo en un instante. Los soldados alrededor se quedaron en silencio, como si la temperatura del patio hubiera descendido de golpe. Aerion se enderezó lentamente, con el pulso aún acelerado, pero su mirada firme. El príncipe no dijo nada al principio, solo lo observó, con esa expresión que no dejaba nada claro. Finalmente, rompió el silencio.

—Interesante.

Una sola palabra, pero suficiente para encender la tensión en el aire, Aerion no respondió, Kael dio un paso más cerca con su capa ondeando con la brisa.

—¿Esa es tu estrategia? —su voz era baja, tranquila, pero cargada de burla— copiarme y esperar que sea suficiente.

Aerion mantuvo su expresión neutral, no reaccionar, no caer en su juego. Pero Kael sabía que había una línea que podía empujar y la empujó.

—Qué decepcionante —murmuró, con una media sonrisa que no tenía humor— pensé que tendría al menos algo de desafío en este duelo.

Aerion sintió la chispa de rabia arder en su pecho, el príncipe lo estaba provocando, pero eso no significaba que no funcionara. Apretó los puños y fue entonces cuando me interpuse

Antes de que Aerion pudiera responder, mi figura entró en su campo de visión. El príncipe se quedó completamente inmóvil, no porque me viera moverme. Sino porque su mi sola presencia pareció cambiar todo. Con mi cuerpo tenso y la mirada afilada frente a él el mensaje era claro, no lo toques, no lo provoques, no juegues con él. El príncipe me observó en silencio y la chispa en su interior creció sin permiso. Esa envidia amarga. Esa necesidad que lo carcomía cada vez que veía cómo lo miraba, con furia, con rechazo, con desprecio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.