Lágrimas.

Capítulo 12.

(Lagrimas de sangre).

Al día siguiente.

El reloj marcaba las 4:30 de la mañana, como Emer lo había prometido a su compañero de fechorías debía estar muy temprano junto con a el  en el lugar donde debían culminar su propósito, terminar con la vida de su prisionero, Smith tenía las horas contadas. Había llegado el día en el que todo estaba por terminar, aquel miserable hombre estaba a la deriva, incierto de su destino. Emer, por esa razón se levantó de su cómoda cama, se vistió sin hacer un menor ruedo pero eso no impidió que su madre la Sra. Eugenia se diera cuenta… la acusación que su hermana Daniela le había dicho a Emer en la noche anterior, había dejado a la madre sin aliento y debía saber cual eran los pasos de su querido y primogénito hijo. Luego de que su hijo saliera de casa, ella tomó su abrigo, se puso los zapatos y cuando fue abrir la puerta, su hija Daniela adormecida le preguntó. 
—Madre, ¿adónde vas tan temprano?. 
La Sra. Eugenia de inmediato sonrió y respondió. 
—Hija, iré a la sagrada eucaristía, bien sabes que dicen por ahí que el que madruga Dios lo ayuda. 
Eugenia trasmitía paz, con una calidez en su sonrisa, Daniela se acercó a ella y le dio un abrazo, al instante le dijo. 
—Esta bien madre, como tu decidas. Aunque los únicos días que entro muy tarde al trabajo tu decides madrugar e irte. Pienso que me estás evitando, quiero pasar tiempo contigo. 
—No digas eso hija, adoro pasar tiempo con mis dos hijos. 
—Si tan solo tuvieras un hijo de verdad. —Comento Daniela y bajo la mirada y continuó diciendo. 
—A veces pienso que Emer se convirtió en un enemigo más, lo desconozco que sea mi propio hermano. Es idéntico a papá, ¿no crees?. 
—Hija, tu padre fue un miserable, que Dios me perdone… pero me alegro que se lo halla llevado… y tu hermano no es como el, lo sacaremos de eso abismo y seremos nuevamente una familia. —Contesto con seguridad la madre. 
—Claro madre, si tu lo dices… así será. —Concluyo Daniela con una sonrisa. 
Ambas se despidieron y de inmediato la Sra. Eugenia salió en busca de su hijo. Pensó en que lo había perdido de vista, pero se dio cuenta que se encontraba en una esquina saludando a unos cuantos amigos amanecido de una noche de parranda, luego de eso Emer continuó su camino y ella siguió su paso. Luego de tomar carros distintos, Emer se bajó en un lugar de campo abierto, a Eugenia le empezó una terrible corazonada, ya que no conocía el lugar y también no lograba explicarse por qué su hijo a esas horas de la mañana se encontraba allí, sin más… continuó siguiéndolo hasta verlo adentrarse en una vieja casa con garaje, claramente abandonada. 
Emer ingresó y se encontró con Guillermo, este le dijo con alegría. 
—Bien hecho, me gusta tu puntualidad. 
—Dime cuando te e quedado mal. —Respondió Emer con satisfacción. Dirigiéndose hacia Smith, el cual aun se encontraba atado en la silla, sin aliento y moribundo... le dijo con sarcasmo. 
—Como amaneció nuestro muñequito el día de hoy, lo veo un poco morado. —Ambos soltaron una carcajada. 
—Espero hallas disfrutado tu última noche. —Dijo tajantemente. 
En ese instante, la Sra. Eugenia ingresó al lugar y se llevó una espeluznante sorpresa… una escena llena sangre y dos malvados hombres a punto de asesinar a golpes a un tercero, lo difícil para ella de entender era que desconocía completamente a aquellos hombres, el cual uno de ellos era su propio hijo. Tanta maldad había en el, que lo desconocía de manera increíble. Cuando ambos cómplices se dieron cuenta de la presencia de la mujer, Guillermo pregunto con preocupación. 
—¿Quién carajos es esta mujer?. 
Emer giro la mirada y al ver a su madre frente a el, con el rostro sorprendido le pregunto. 
—¿Madre... que haces aquí?. 
Smith miró a la mujer con súplica y ella lo vio con nostalgia, guardo silencio mientras lo contemplaba con tristeza a causa de sus heridas. 
—Saca a esa maldita mujer de aquí, tenemos que acabar con esto de una vez por todas. 
Eugenia camino despacio acercándose hacia ellos, con los ojos cristalizados de lagrimas se dirigió hacia su hijo Emer… sin aviso, le dio una fuerte bofetada y le escupió el rostro con notoria decepción, de inmediato le dijo. 
—Eres un miserable, me das pena que seas mi hijo… acaso yo te eduque así… te eduque para torturar gente, eh… dime, que yo no logro entenderlo, ¡mátame a mi!. ¡mátame de una buena vez!. Desgraciado. 
—Señora largo de aquí y no arme un escándalo. —Intervino diciendo, Guillermo. 
—Usted cállese escoria del demonio, usted es el culpable de que mi hijo sea un hampón... un desgraciado como usted. —Alegó Eugenia en su defensa, nuevamente al ver el rostro casi irreconocible de Smith se acercó a el… viéndolo de cerca, le ordenó a Emer que lo liberara. 
—Libere a este hombre. 
—Esta usted loca. —Contesto Guillermo. 
—Contigo no estoy hablando pedazo de entrometido, hablo con el idiota de mi hijo. 
—Saca a tu maldita madre de aquí, antes que pierda la paciencia. —Le ordeno Guillermo a Emer. 
—Madre, vamos… salga de aquí. —Dijo Emer con pena. 
Emer tomo con fuerza a su madre del brazo pero ella rápidamente se sacudió de el exageradamente… viéndolo con la mirada fría e indiferente le dijo con sinceridad. 
—Te desconozco, eres peor que tu padre. Que decepción. 
La Sra. Eugenia camino varios pasos alejándose del ellos, antes de llegar a la salida del lugar nuevamente giró la mirada para ver al prisionero con nostalgia y a los dos asesinos con indiferencia, con resignación y decisión les grito a la distancia. 
—Así tenga que entregar yo misma a mi único hijo barón, lo haré… iré yo misma a denunciarlos con la policía y la traeré aquí, les diré absolutamente todo lo que le están haciendo a ese pobre hombre. 
Guillermo cristalizó los ojos de rabia, la impaciencia y el desespero se apoderaron de él, su tiempo para ser descubierto también contaba sus horas, tras la amenaza de la mujer que rondaba los 50 años de edad. 
—Ve y dile que se calle, debes convencerla de que no diga ni una sola palabra… ¡muévase carajo y no me haga perder la paciencia!. —Le ordeno Guillermo a Emer, de inmediato obedeció las órdenes y corrió tras su madre para detenerla, Guillermo miró fijamente a Smith y sin remedio alguno le dijo con frialdad. 
—Se te acabó el tiempo, agradécele a esa vieja loca, acabo de acortar tus horas. 
… 
Emer corrió completamente agitado tras su madre, luego de alcanzarla y rogarle que no lo entregara a la policía, la mujer por tanta rabia y decepción no le presto la mínima atención, no lograba sentir el cansancio en sus pies, pero si el cansancio de toda una vida por sus hijos. Con tristeza pensó, que había hecho mal, para que su hijo la decepcionará de tal manera. 
—Madre por favor no digas nada, te lo ruego. Escúchame… por favor. 
—Ya es demasiado tarde hijo, no se ni por que te llamo hijo… si lo que eres en realidad no se compara con lo más bajo que exista en este mundo. 
En una agitada discusión la Sra. Eugenia hizo caso omiso a las súplicas de Emer para que no lo denunciara y cada paso más que ella recorría les recortaba también su tiempo de libertad. Un bus de transporte público giró una curva y luego tomó velocidad por la carretera recta, por la misma que caminaban precipitados madre e hijo completamente desesperados, ante la insistencia y preocupación, miedo y angustia de Emer por no poder convencer a su madre, lo hizo tomar la peor decisión de su vida, cuando aquel bus se acercaba a gran velocidad a ellos… empujó a su madre contra el bus, ella fue atropellada de gravedad, dándose un fuerte golpe en la cabeza a causa del fuerte estruendo, cayó al suelo moribunda y sin esperanza. Su hijo, su primogénito está perdido, se había convertido en un asesino y su segunda víctima fue su propia madre. 
El conductor del bus, pasajeros y personas que se encontraban en los alrededores corrieron en auxilio de la mujer agonizante que se encontraba en el suelo y mientras estos con desespero trataban de mantenerla con vida… Emer totalmente desconcertado y con las lagrimas congeladas de asombro se perdió entre la maleza que se encontraba en un extremo de la carretera. Desesperado, sollozando con las lagrimas secas, no lograba entender la maldad a la que había llegado, atentado así con la propia vida de su madre. 
Varios minutos después, una ambulancia hizo presencia en el lugar llevando rápidamente a la Sra. Eugenia al hospital la esperanza… en el cual Daniela su hija, se encontraba de turno. 
… 
—Benítez, la necesitan rápidamente en la entrada de urgencias… al parecer hay un herido de gravedad. 
—Voy de inmediato. —Respondió mientras arreglaba su casillero. 
Sin terminarlo de ordenar, corrió a la salida del hospital, la ambulancia hizo su rápida parada y ahí se encontró ella a la espera de ayudar, lo único que sabía hacer… pero su mayor sorpresa fue, cuando la que vio bajar de la ambulancia con heridas, ensangrentada, moribunda fue a su madre. Quedo sin aire, el pecho se le comprimía de dolor y se le hizo un nudo en la garganta… no supo reaccionar en el momento, su mundo se desmoronaba lentamente. 
—¡Madre!. —Exclamo de tristeza con los ojos cargados de lagrimas y se lanzo hacia ella sosteniéndole sus débiles manos. 
—Por Dios, mamá que te sucedió. Dios mío ayúdame… que te paso mamita, dime. 
Rápidamente ingresaron al hospital, las ruedas de la camilla corrían a gran velocidad y antes de ingresar a una de las habitaciones de urgencias, la Sra. Eugenia apretó con una mínima fuerza la mano de su hija y tartamudeando le confesó. 
—Tu hermano lo hizo. Aléjate de él… hija mía. 
Daniela quedo estática ante la confesión de su madre. 
—El lo hizo. —Murmuró. 
El médico de turno no dejó ingresar a Daniela a la habitación que iba hacer atendida de urgencia su madre, ante el repentino shock de la noticia, ella no se encontraba en condiciones de trabajar… solo entre llanto, lágrimas y desespero observó a través del cristal las intenciones apresuradas de el médico y sus colegas intentando salvarle la vida a su madre… toco el cristal y suplico con piedad y se dejó caer al suelo de tristeza. 
—Madre por favor, no me dejes sola te lo pido. No, no… 
Luego de varios intentos y minutos en contra la vida de la Sra. se fue de las manos de el médico y enfermeras… la Sra. Eugenia falleció a causa del fuerte golpe ocasionado en su cabeza. El médico sin más nada que hacer, salió al pasillo y se encontró con la mirada triste y el rostro desencajado de su enfermera de turno Benítez, la cual le pregunto. 
—¿Cómo está doctor, por favor… se lo pido dígame que ella está bien?. 
—Lo siento mucho Benítez, su madre acaba de fallecer. 
Daniela quedo desconcertada, en el momento no supo que decir ni hacer. Luego de varios segundos después, sin resignarse ante su verdad, tomó al médico de la bata y le dijo entre lagrimas y suplicas. 
—Eso es mentiras, no me mientas. Valla y ayúdela doctor… ella lo necesita por favor. 
—No podemos hacer más nada, lo siento mucho. 
Daniela se desesperó, un terrible llanto la invadió, llena de dolor sus compañeros de trabajo intentaron tranquilizarla, sin aceptarlo entró al lugar donde su madre se encontraba y manteniendo la calma por un momento, le dijo al doctor. 
—Solo mírela doctor, solo se encuentra dormida. 
Sin ninguna otra opción, lloró sin consuelo al filo de la camilla en la cual se encontraba su madre, aceptando que la había dejado y el corazón se le invadió de una tristeza muy profunda. 
… 
Emer no pudo soportar el dolor que sentía en el pecho y el cargo de consciencia que le amartillaba la mente… no tuvo segunda opción, debía confesarlo todo… y como la última voluntad de su madre era entregarlo a la ley, el mismo se entregó y contó absolutamente cada detalle, hasta los secretos más oscuros de su amigo Guillermo y de su prisionero Smith. También facilito la ubicación exacta donde se encontraba dichas personas, una con las ganas de matar a la otra… 
—Si no van pronto, el lo matará y ustedes lo perderán. No diré más. —Fueron las últimas palabras de Emer antes de ser llevado a prisión hasta que un juez tomara la decisión final. 
Dicha información llegó a oídos de la investigadora a cargo Claudia y de inmediato sin tregua se alistó con su equipo de rescate y se apresuraron para llegar lo antes posible al lugar en el que su amigo se encontraba. Los minutos eran contados y aún nada estaba destinado, escrito o decidido. No sabía que sucedería, pero lo que si sentía era una gran felicidad en el pecho, Smith había aparecido y ella volvería a verlo una vez más, iba a salvarlo… por que si, lo amaba… lo amaba de verdad, lo acepto. 
… 
Mientras Guillermo terminaba de cavar los últimos detalles de la tumba que le había preparado a Smith para su final, el se esforzaba por liberarse de la silla en la cual se encontraba atado…. tenia miedo, realmente lo tenía, pero no fue posible liberarse, Guillermo se acercó a el y lo desato de la silla y le colocó un arma en la cabeza y le ordeno que caminara hasta su propia tumba, cuando se encontraron allí, Guillermo le dijo. 
—Aquí es donde vas a morir como un perro. 
Por primera vez Smith sintió la muerte de cerca, le temblaban las piernas de temor y las lágrimas se le deslizaron de repente por sus mejillas. No dijo nada. 
Guillermo retrocedió sus pasos alejándose de Smith, pero sin perder su puntería contra el, luego de tenerlo bajo la mira definitivamente, le ordeno. 
—Date la vuelta. 
El obedeció, aceptó que había perdido. Ambos se vieron nuevamente fijamente a los ojos y con clara satisfacción Guillermo le dijo. 
—Yo gané, tu perdiste… notas la diferencia. 
En ese instante Claudia y su equipo de rescate hizo presencia en el lugar. Claudia divisó el panorama y allí lo pudo ver, sus ojos se cargaron de felicidad e impaciente por tenerlo una vez más cerca a ella… pero la situación se había complicado, era decisivo el momento y debía actuar de la manera más razonable para que Smith no saliera herido. 
—Baje el arma Guillermo. —Ordeno Claudia con voz de mando a una distancia considerada. 
—Lo tenemos rodeado, no cometa un error más del que luego se pueda arrepentir. Deje marchar a su prisionero. 
Smith giró la mirada y se encontró con la de Claudia, el la miro con agradecimiento, ella estaba notoriamente preocupada. La mirada de Smith era diferente había cambiado, le trasmitió paz, amor y confianza... Guillermo lanzó un chiflido a Smith y le dijo. 
—Hey, tan rápido te vas… aún no e terminado contigo. 
Todos a la expectativa de lo que Guillermo le diría a Smith, esperaron con impaciencia… un hombre robusto, que había prestado el servicio militar y manejaba armas a la perfección no se le podría confiar y mucho menos bajar la guardia. Smith giró nuevamente la mirada hacia el y Guillermo concluyendo la situación, le dijo con frialdad. 
—Te dije que te iba a matar. 
Sin aviso le disparo. Un solo disparo fue contundente en el pecho de Smith al lado de su corazón, el cual lo hizo perder el equilibrio y caer dentro de su propia tumba. Todos quedaron atónitos ante el hecho.




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