Lágrimas.

Capítulo 14.

Octubre 20 de 1951.

Un mes después.

La rutina se hizo constumbre para Clara, su hija y el trabajo eran su prioridad, a ella el día la llevaba y la noche la traía, sucesivamente. 
Dos días antes, Clara estaba muy feliz, su hija había logrado ser la mejor estudiante de la escuela... ambas celebraron el hecho. Maribel estaba en las vacaciones de la ultima semana de octubre y pronto terminaría su año escolar. Durante sus vacaciones acompañaba a su madre al trabajo, era el ultimo fin de semana del mes, el reloj marcaba las 12:30 de pleno medio día, con las frentes cargadas de sudor el calor las asechaba, los fuertes rayos del sol traspasaban la carpa en la que se encontraban… al no soportar las fuertes olas de calor pegarles en el rostro decidieron cambiar de lugar, pero en ese instante un comprador se acerco a ellas. 
—Buenas tardes. Deseo comprar algunas fresas y unas cuantas cerezas, por favor. 
—Claro señor. ¿Cuantas desea llevar?. 
Justo el momento en el que Clara levanto la mirada reconoció de inmediato aquel hombre que en varias ocasiones sus ojos lo vieron, el viéndola al rostro también la reconoció. 
—Que pequeño es el mundo... ¿no crees?. —Comento Juan Carlos. 
—Si, tienes toda la razón. —Respondió ella, bajo la mirada y de inmediato empezó a empacar las frutas en las bolsas. 
—Para serle sincero ya te conocía, te vi en algunas ocasiones. Claramente era imposible notarlo hace más de un mes… luego de lo que sucedió no tenía mente para más nada. 
—¿Me conocías? 
—Si, yo era amigo de tu ex marido. 
—¿Enserio?... ¿y, donde esta el?. —Pregunto Clara con notoria ansiedad, saber de el podía alegrarla en parte. ¿aún esperaba algo de él?. Se preguntó, bajo la cabeza totalmente avergonzada. 
—Es mejor que no lo sepas. —Respondió Juan. 
—Hay que aclarar que todos no abandonamos a nuestras familias. —Comento el orgullosamente y prosiguió diciendo. 
—Siendo sincero no tengo esposa ni hijos, pero creo que pase lo que pase no los abandonaría.  
—¿Por que tan seguro?. —Pregunto Clara sin importancia mientras terminaba de colocaba las frutas dentro de las bolsas. 
—Simplemente debe ser así. —Respondió. 
—Eso no es respuesta para una pregunta importante —Aclaro Clara, finalizando el tema. 
—para que me entiendas. —Dijo Juan, continuando el tema. 
—Hasta evitaría cualquier abandono en el que pueda ser testigo… —Respiro, afirmó y trago saliva haciendo una gesticulación de culpa en su boca. 
—Como aquel día. —Aclaro avergonzado. 
Clara se extrañó. “aquel día"… por que el se refería a aquel día, claramente ella lo recuerda y ambos recordaron aquel día pasado de fiesta, cuando Clara madre de Maribel descubrió la infidelidad de su esposo hacia ella. Ahí se encontraba Juan Carlos, amigo de aquel hombre los cuales estaban bajo los efectos del alcohol de una larga noche de aguardiente y mujeres pero consientes de lo que sucedía en el momento con Clara, su amigo y la amante. 
—No te entiendo… ¿acaso, estuviste ahí ese día?. 
—Si, ahí estuve y fui testigo de todo. 
—Que pena. —Dijo clara sollozando. 
Luego de un respiro, pregunto. 
—¿Entonces por que dices que evitarías un abandono del cual fueras testigo?. —Clara se quedo viendo a Juan con expectativa, deseaba conocer su respuesta respecto a el tema, aquel hombre vio sus ojos llenos de melancólica. 
—Si es así como dices, ¿por que no evitaste el mío?. —Comento Clara con amargura, pensando en alguna intervención que hubiera logrado evitar su fallido amor. 
—El… no se por que lo mencione ¡que tonto!. —Murmuro juan, golpeándose suavemente la cabeza con la mano izquierda. 
—Solo dígalo y ya. —Dijo Clara con aceptación a cualquier verdad que Juan le dijera, de inmediato el prosiguió diciendo. 
—Tu ex esposo, conto a todos los que nos encontrábamos con el aquel día, que la mujer con la que se encontraba era su verdadera esposa... en alguna ocasión le pregunté su relación contigo y respondió que eras una desconocida mas, que simplemente le ayudabas en algunas cosas del hogar… para serte más certero nunca menciono nada sobre su hija y obviamente nunca más dijo algo sobre ti. 
Cada verdad destapada detrás de la infidelidad le golpeaba fuertemente el pecho, el alma y el corazón. Guardo silencio por un momento, mientras buscaba unas cuantas cerezas más para completar la libra, así ocultando de sus ojos las lagrimas. 
Juan la miro al rostro buscando sus ojos, con culpa y pena le dijo. 
—Mi intención no era hacerla sentir mal, lo siento. 
—No lo hiciste. —Respondió Clara, limpiando las lagrimas que en un descuido se deslizaron por sus mejillas. 
—Todo lo contrario. Gracias por decime la verdad y asegurarme cada día mas que el nunca me amo. 
—Gracias. —Concluyo. 
En ese instante giro la mirada hacia su hija, sonrió al verla… era su razón de ser. 
—¡Hija! Ven pequeña. 
Maribel dejo su muñeca en el suelo y camino despacio hacia su madre, al encontrarse a su lado Clara le acaricio el rostro y con una sonrisa le pidió. 
—Hija, trae de la canasta dos bolsitas más de fresas, por favor. 
dirigiéndose nuevamente al muchacho le dijo amablemente. 
—Espera un momento señor, en un minuto tendrá su pedido. 
—Juan, me llamo Juan Carlos. —Contesto el. 
—Me llamo Clara. Juan Carlos Espera un momento. — Contesto ella con la mirada ida.

Juan con una sonrisa de boca cerrada observo a la pequeña Maribel correr hacia las canastas donde se encontraban las frutas... pensó que ya era el momento de organizar por completo su vida, su padre Jacinto lo quería así, se lo había dicho en una ocasión… el tener una familia, trabajar y vivir cada día por su ella, prevaleciendo el amor. mientras planeaba su futuro observaba a la niña con plenitud… de repente su sonrisa se desvaneció y su imaginario futuro se escapó de su mente, cuando vio caer al suelo a la niña a pocos pasos para llegar a las canastas. 
Rápidamente Juan reaccionó y corrió hacia la niña, Clara se sorprendió a la repentina reacción de Juan… la entendió cuando lo vio sostener a su pequeña Maribel en sus brazos completamente desmayada, no tuvo tiempo de asimilar el momento. 
—¡Hija!. —Grito desesperada. 
Bastaron tres pasos para llegar a su lado. Sin entender la razón, toco el rostro de la niña, estaba dormida, su temperatura estaba alta, algo pálida y muy débil. 
—Hija Por favor despierta. ¡por favor!.. 
—¿Qué le sucede?. —Pregunto asustada. 
—No lo se, caminaba y de repente cayo al suelo. —Respondió Juan completamente nervioso. 
—Debemos llevarla a un hospital. Lo mas rápido posible.  —Propuso Juan. 
—¡Rápido!... una ambulancia ¡por favor!. —Grito desesperado Juan con la pequeña en sus brazos. 
—Esta ardiendo en fiebre.—Comento en voz baja. 
—No puede ser. —Murmuro Clara. 
Una de las personas que presencio el momento inmediatamente busco una cabina de teléfonos e hizo una llamada de auxilio al hospital más cercano. 
—Ya viene en camino una ambulancia. —Exclamo la mujer solidaria. 
—Muchas gracias mujer. —Agradeció Juan. 
—Mi niña, mi pequeña hija. Habré los ojos por favor. —Suplico clara entre lagrimas, tomándole ambas manitas las cuales le beso. 
En el lugar no se apareció ninguna ambulancia y el desespero se apodero de ellos. 
—Maldita sea, que paso con la ambulancia. ¡no! ¡no¡... carajo... 
—Iré nuevamente a llamar. —Ofreció la mujer solidaria en volver a insistir al hospital. 
—No se preocupe mi señora. No se preocupe... —Respondió Juan. 
Sin pensarlo, tomo a niña entre sus brazos. 
—¡Oye!... ¿que haces?. —Pregunto Clara confundida. 
—Intento llevarla al hospital, solo son diez cuadras. —Le respondió el notoriamente apurado. 
Ambos salieron a la calle, era un día normal pero a dentro sus corazones estallaban de adrenalina... corrieron sin descanso y diez minutos después se encontraron en el hospital La Esperanza, donde rápidamente ingresaron al interior. Donde para bien o para mal el futuro les cambiaria radicalmente a tres almas sin rumbo definido.




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