Lágrimas de hielo

3 - dabria

En los quince minutos que duraba el trayecto hasta mi casa no había dejado de darle vueltas a la cabeza. Le contaría a mi abuelo que me tenía que ir. Él, como siempre, me apoyaría en vez de regañarme por no ser capaz de cumplir con mi palabra. ¡Vaya mierda, prefería que me riñese por ser una mentirosa!

Aparqué la moto en la entrada. Vivíamos un poco alejados del centro, en una zona tranquila. Mis abuelos compraron la casa recién casados, fue donde se crio mi madre y donde vivió desde los seis años.

—¡Estoy en casa! —Antes de acabar de saludar, Chicho se acercó eufórico. De haber algún florero adornando nuestro pasillo lo habría roto de un golpe con el rabo.

—¿Cómo te ha ido, mi niña? —El abuelo giró la cabeza en mi dirección.

Siempre solía encontrarlo en el mismo sitio; en el sofá más cercano a la puerta con una taza de café bien fuerte en la mesita y un buen libro en la mano. Por las mañanas se acercaba al gimnasio, pero por las tardes se dedicaba a leer, pasear y llevar a cabo una vida de jubilado, como él lo llamaba.

Le di un beso en la frente y me senté en el sofá grande que había pegado a la pared. Así me quedaba a su derecha, por lo que tenía que girar levemente la cabeza para verme bien. Chicho, nuestro pastor alemán, se acostó a mis pies para que pudiera acariciarlo.

—¿Qué tal el día? ¿Qué tal todo por el gimnasio?

—Como siempre, el gimnasio marcha viento en popa, Dab. ¿Ya le habéis dado caza a esos cabronazos?

Se refería a la banda de traficantes. No debería hacerlo, pero se lo contaba todo, me gustaba saber su opinión al respecto.

—Lo cierto, ded1, es que no. Y a partir de hoy ese no es mi problema —le dije con la voz apagada.

—¿Qué ha ocurrido? ¿Estás bien? —Su preocupado tono de voz me instaló un nudo en el estómago.

—Estoy perfectamente, pero… me han encargado otra misión. Tengo que viajar a Rusia. Será durante bastante tiempo, un año, aproximadamente. Los sucios negocios de las Tres K se expanden como una plaga y… —Los nervios me hacían contárselo todo a la carrerilla.

—No me lo digas, irás de agente encubierto —interrumpió.

—Exacto. Es una misión muy importante, creen que debo ser yo la encargada de realizarla. Pero…, sabes que puedo quedarme —le dije entrecerrando los ojos.

—A veces ser la mejor es un fastidio. —Sonrió—. No se trata de lo que yo prefiera, Dab, me encantaría tenerte en casa, pero sé cuánto te aporta tu trabajo, lo vives con una intensidad abrumadora. Te admiro por lo que haces y por lo bien que lo haces. Pero tengo miedo de que el trabajo te absorba la felicidad. Rusia es diferente, mi niña, demasiado peligroso; sin embargo, no interferiré en tu decisión. Ambos sabemos que irás y lo harás estupendamente.

—Pero, dedushka2… —No me dejó acabar.

—Dime, Dab, ¿no quieres ir, acaso? Dime que tu cabeza no está trazando miles de planes de cómo acabar con ellos. —Me sonrió.

—Sabes que sí, ded, pero te había dicho que pasaría una temporada en casa, contigo.

—Yo seguiré aquí cuando vuelvas. Cuéntame cuál será tu cometido.

—¿Tengo otra opción, acaso? —Reí.

Mi abuelo vivía con tal intensidad mi trabajo que parecía ser él quien lo estuviera realizando. No podía ocultarle nada.

—Esta vez me toca enamorar al heredero de la familia Korsakov.

Le conté todo lo que sabía hasta el momento. Él escuchaba con atención, asintiendo o negando con la cabeza, haciendo muecas… Recalcó que atendiese bien a todo lo que leyera en relación con las Tres K.

—Cualquier detalle por insignificante que parezca puede serte de mucha ayuda —me dijo.

Mi día continuó como cualquier otro. Fui un rato al gimnasio y más tarde regresé para cenar con mi abuelo. Él era quien se encargaba de preparar las comidas. Por mi parte, podríamos morirnos de hambre. Odiaba cocinar, se me daba fatal y me parecía una pérdida de tiempo terrible. Te pasabas dos o tres horas en la cocina para que en pocos minutos tu trabajo desapareciera. ¡Como si no costase prepararlo! Admiraba y agradecía que él lo hiciese sin importarle lo elaborado que fuera el plato, el tiempo que perdiera en él o que yo tardase quince minutos o una hora en comérmelo.

 

Las siguientes semanas nos las pasamos estudiando a los rusos. Laura y los chicos se implicaron como si nos fuésemos a ir los cuatro. Nos lo aprendimos todo: nombres, ubicaciones de las residencias, la descendencia de las tres familias, a qué se dedicaba cada uno, cuáles eran sus locales, sus gustos, sus lugares de ocio, sus restaurantes preferidos y los amigos más allegados. Las tres familias rusas eran influyentes, como era de esperar. Nada se movía sin que ellos lo supieran, nada sucedía sin que alguno de ellos estuviese presente.

Descubrimos una laguna en la descendencia, no había ningún tipo de información acerca de la madre de Mikhail, como si la hubieran colocado ahí sin más. Ni padres, ni hermanos ni abuelos; ningún familiar. Lo que sí averiguamos fue que no era rusa, sino búlgara, la única por la que corría sangre distinta. El resto de los Korsakov eran rusos de los pies a cabeza. Era la familia más poderosa de las Tres K. Siempre tenía que haber un líder supremo, uno completamente ruso.

Respecto a los Kostka y los Kovalenko hallamos otro detalle que no sabíamos. Los Kostka eran eslovacos, mientras que los Kovalenko ucranianos. Podían considerarse rusos por los años que llevaban allí y porque al menos las dos últimas generaciones nacieron en el país, pero por sus venas la sangre estaba mezclada. Los negocios entre las tres familias siempre estuvieron en apogeo, nunca decayeron; de hecho, aumentaban considerablemente. Cada familia tenía sus propios negocios de cara a la sociedad, en términos legales, pero en grupo se dedicaban a lo mismo. Las tres llevaban a cabo todo tipo de ilegalidades que los hacía nadar en dinero. Debían ponerse de acuerdo respecto a sus negocios, pero el jefe, Egor Korsakov, tenía que aprobarlo, si él no lo hacía el negocio no podía realizarse. Era la política de la mafia, las órdenes del líder supremo no debían ser desobedecidas bajo ningún concepto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.