Las 100 rosas azules

Rosa 2: La rosa rebelde

Llegó la mañana después de esa noche estrellada, se siente como si de golpe quisiera interrumpir mi vida quitando las cosas mágicas, pero también necesito una vida.

Tengo el plan de ir con mi mejor amigo, Maelor Sgwint.

Recorriendo el camino, pasando árbol tras árbol, pasando la estación de otoño, para llegar a “My Friends”, donde se encontraban mis amigos: Ana, mi mejor amiga, y Maelor.

Me parece que en esta ocasión solo voy con Maelor, para distraerme un poco.

Caminando, ya llegando a medio camino de la estación de otoño, me doy cuenta y siento que me van siguiendo. En eso volteo por dudas, pero no había nadie más que yo.

Camino un poco más, y mis pisadas crujían entre las hojas de otoño.

—¡Agh! —golpeé mi rostro contra una piedra atravesada—. Me empujó hacia atrás, con ayuda de mis manos, para distanciarme.

—¿Qué significa esto? ¿Por qué siempre hay una piedra atravesada en mi camino? —hablé confundida.

Me detuve un momento para ver la piedra que se me atravesaba en el camino, como la otra vez.

—¿Qué está pasando? —me quejé, en la incertidumbre, en medio de la introspección.

¿Acaso me estoy volviendo loca?

Bajé hasta quedar en cuclillas, y de pronto me dejé caer hacia atrás sobre el suelo.

Recuperé la conciencia del momento.

—¡Ay!, soy una torpe —grité agudamente—. Me levanté del suelo sin saber qué hacer.

—Me parece que no estoy en el lugar que debería estar...

Miré con acierto lo que tenía delante.

Espera... la otra vez solo puse mi mano extendida y se abrió. Deja lo intento.

Coloqué la mano extendida sobre la piedra. Un brillo marcó mi mano, un tenue azul. ¿Qué, acaso ahora me va a detectar la mano? No puede ser.

La roca crujió y se abrió por completo.

—¿En qué lío estoy ahora? Este no es mi camino. —Bueno... entraré de nuevo, ¿qué tan malo puede pasar?

Entré con dos pasos y medio, sigilosamente, sin saber qué podía encontrar.

—¡Huy! —exclamé.

A la caída del sol, creo que ya ha pasado suficiente tiempo distraída con todo lo que pasó en el camino.

Pienso ir hacia la biblioteca a buscar algún libro, para calmar mi mente cada mañana.

Camino por la calle “My Friends”, acercándome a la biblioteca. Llego y observo el gran edificio; el letrero dice “Abierto”. Entraré. Ding-dong.

Llego con Beatriz, la encargada de la biblioteca, en la entrada, a media puerta a la derecha.

—¡Ey! Bienvenida. Por acá están los libros; si gusta ayuda, aquí la ofrecemos. Por allá está la encargada, dígale a ella qué necesita.

—Hola, soy Aeris. Busco libros sobre un trastorno, en temas de psicología.

—Sí, venga al área del piso dos. Tenemos secciones de cuatro áreas. En el piso dos, a la entrada, está “Zona infantil”, “Psicología/Salud” y “Educación” —explicó la encargada, Ellie.

—Muchas gracias, iré a buscar mi libro.

—Sí, vaya, aquí estaremos —sonrió Ellie.

Me dirigí hacia el elevador y subí dos pisos.

El elevador pitó. Bajé y vi los pasillos.

—Uno —apunté con el dedo cada pasillo—, dos, tres... y cuatro.

Son las temáticas ordenadas.

Voceé, leyendo los carteles: —Zona infantil... psic... —aquí.

Veo los libros y los toco como si fueran un portón, rozando con los dedos de mi mano, uno por uno, viendo cuál llamaba mi atención, sintiendo cada pasta dura y blanda.

Encuentro uno con el título “La llamada del tiempo”.

Dedicatoria:

¿Acaso tú, que lees este libro, alguna vez has visto qué hay en realidad en la mente de una persona? Lo que se le atraviesa por su mente: pensamientos, ideas, sueños, imaginación y otros.

Pues, para aquellos que no saben qué hay en su mente y desean saberlo, este libro es para ti.

Vaya, el primero que encontré me parece perfecto. No batallaré más y compraré este.

Salí de la biblioteca, y ya estaba más oscuro.

De camino a casa, pasé por un grupo de personas cantando y bailando como si fuera París.

Uno con una trompeta, otro con un arpa y otro con un tambor.

Solo querían dinero, así que les di una moneda que tenía guardada en el bolsillo. No pasó mucho desde que caminaba cerca de la música.

Se me cayó el libro al suelo. Me agaché a recogerlo, pero cuando estiré la mano, un chico lo tomó primero. Solo me quedé como mensa, agachada, estirada y tiesa, como si hubiera disociado.

—Señorita, yo le ayudo —dijo, recogiendo el libro con sus dos manos, gentiles y rudas.

Me levanté de inmediato, miré al chico y vi que observaba la portada de mi libro.

—Oye, ¿puedes dármelo? —dije con palabras entrecortadas.

—Tenga. Me parece que usted tiene problemas para lidiar con su mente, ¿verdad?

Me puse nerviosa con lo que acababa de decir.

—Ah, eso... bueno, si digo no y sí... Solo quería leer un libro para tener una mañana tranquila. No es para tanto que tenga problemas para lidiar con mi mente.

Sabía que mentía.

—¿Y usted qué hace por aquí? —pregunté, con mi mano entre el cabello castaño y brilloso—. Nunca lo había visto por aquí. ¿Seguro que vive aquí, no?

—No se meta. No es por ser maleducado, pero no me gusta hablar mucho de mi entorno. Apenas me acerqué a hablar con usted. Soy malo socializando.

—Disculpe, pero usted hizo eso mismo conmigo. Bueno, si solo era eso, entonces me voy, que ya se hace tarde.

—Está bien. Adiós, que tenga buena noche —dijo el chico, mirando hacia mí con las manos en los bolsillos.

Había una farola cerca de nosotros, con luz amarilla, entonces no era tan difícil ver.

Gritó sigilosamente, mientras me alejaba:

—¡Sí!

Ya se me hizo la hora.

A ver... nueve y diez marca el reloj.

Seguro llego a casa en una hora y media. No me vaya a pasar algo. Camino... me da miedo pasar por un lado oscuro. No traje nada, solo el mugroso reloj.

Tengo un poco de dinero, deja pido un Brillamóvil.

Que significa: un taxi, pero brillante.




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