Las armaduras plateadas - Máleran 4 | libro 4

Capítulo 3

Tiempo:

12:03 pm, 19 de febrero de 1987.

Lugar:

Credo de los inquisidores, Nación de Cord, Continente Apsurer

Ninguno de los tres había pasado la noche en alguna prisión, pero ellos ya estarían allí encerrados por más de catorce días, no habían recibido las clases correspondientes. Aunque los dejaban ir a comer a la cafetería y por la noche podían irse a dormir a sus habitaciones, no era algo tan severo después de todo, pero Otidas no había dado señales a su tribu desde que lo dejaron con el credo. Se había pasado una semana más de la que tendría que haber contactado con su madre y tío. Ya tenían algún fallo así previsto y como los dos receptores tenían que estar conectados al mismo tiempo para que hubiera una clara comunicación, el proceso para comunicarse se tendría que repetir a la misma hora de los días posteriores para comunicarse o Otidas con su madre Amanda Uyadul o viceversa. 

Otro día que no logro informales a mi tribu, pensaba Otidas mirando el reloj de la prisión que marcaban las doce y treinta del medio día (las doce del medio día había sido la hora especificada para la comunicación con la tribu de los Kabarys) y mirando nuevamente a su compañero de celda que estaba sobre un banco y un escritorio sucio, leyendo y releyendo el libro de “Las criaturas de Delrich”. 

Él estaba recostado sobre una cama nada acogedora, no estaba acostado mucho tiempo, le dolía la espalda después de una hora o menos tiempo. Bajó su mechón violeta que ya estaba comenzando a ser de aquel color, pues la tintura negra que había pasado por su cabello ya estaba comenzando a decolorarse. 

Tengo que salir de esta prisión, no creo que mi cabello aguante otra semana del color negro, pensaba Otidas intentando mezclarlo con sus otros pelos, pero era algo casi imposible por la dureza de aquellos pelos del mechón especial que lo delataba como Kabary. 

En cambio, con sus lentes de contacto tenía más suerte… Aquellos ojos azules que tenía Graud Baggerty y debía de tener Otidas Uyadul se los cambiaba con total frecuencia, ya que había logrado convencer a los guardias que llegaban a buscarlos para que durmieran en sus camas, de que tenía problemas de visión y aquellos lentes eran los únicos que le funcionaban bien, al ser nieto de la Reina Gina Baggerty, los guardias no se negaron a tales peticiones. 

Lani estaba desesperada por salir, se la pasaba sentada con las piernas entre los barrotes sacandolas de la celda y sus brazos sobre las barras de metal horizontales apoyando su cabeza sin quitar la vista del pasillo de en medio. Los tres se encontraban en la misma celda, unos pasos se hicieron oír al costado del pasillo y Lani expresó con brusquedad:

—El capitán Oronic está viniendo. 

Otidas y Varitto se levantaron inmediatamente. Oronic se paró en medio y Lani sacó las piernas de fuera de las rejas posicionándose al lado de sus dos compañeros, los tres saludaron y el capitán tocio:

—Buenos días reclutas. Descansen —los tres compañeros bajaron sus brazos—, les traigo buenas noticias, logré llegar a un acuerdo con la Capitana Shakelim, y ahora mismo los voy a liberar. 

—Estamos de suerte —bufó Lani. Revolviendo sus íris de color negro— el capitán Oronic ha venido a salvarnos. 

—¡Lani! —vociferó Otidas sin dejar de mirar al frente a su capitán—, él solamente ha cumplido órdenes. 

—Nos han tratado como si fuésemos Kabarys aquí dentro —expresó Lani. 

—Recluta —dijo Oronic mirando a Lani—, con todo respeto usted no tiene idea de que pasa con los Kabarys. No está en posición de exigir, ni de ser sarcástica. Hice todo lo que estuvo a mi alcance, la Capitana Shakelim quería detenerlos por un mes, sin dejarlos descansar en sus cómodas camas y con una sanción de novecientos puntos menos para cada uno. 

Los tres se quedaron con la boca abierta.

—Pero… —expresó Oronic—, frente a las clases que han perdido y cómo han vivido durante estos días creo que llegamos al acuerdo de no quitarles ningún punto. Por cierto… Ahora en un par de horas tienen clases con la capitana Shakelim, intenten no llamar la atención en su clase pues, ya los tiene en el punto de mira. Gracias a los espíritus todavía… —Otidas levantó una ceja, extrañado. Qué raro suena agradecer a los espíritus, pensó. Por lo usual se utilizaba a los espíritus como un insulto… Se encogió de hombros, serán cuestiones de su pueblo, se intentó justificar en el interior de su mente—, no han iniciado con las clases de las redes. Aunque en las clases de la capitana Lena, si han revisado los archivos de otras versiones de las redes y alguna que otra mejora que hemos implementado en los últimos años. 

—¿Qué son las redes? —preguntó Otidas. 

—Como su nombre lo indica —expresó Varitto, Oronic estaba a punto de abrir la boca, pero, el recluta de estatura alta le quitó las palabras de la boca—, es una red que han diseñado como la principal arma para combatir a la tribu de los Kabarys. 

—Ya veo —contestó Lani, sin darle mucha importancia. 

—Bueno, espero que no me decepcionen reclutas —exclamó el capitán abriendo las rejas y haciendo salir al trío de reclutas. 

Caminaron por el pasillo, las demás celdas estaban totalmente vacías, y el capitán los escoltó hasta la salida (tenían que pasar por algunas de las habitaciones de los caballeros del credo) pero por suerte, no había muchos. Los dejó libres enfrente del puente del nivel cuatro. Los tres se dirigieron a sus habitaciones. 




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