Las armaduras plateadas - Máleran 4 | libro 4

Capítulo 5

Tiempo:

12:18 pm, 25 de marzo de 1987.

Lugar:

Credo de los inquisidores, Nación de Cord, Continente Apsurer.

 

—Y resulta que hoy es ese día —terminó de explicar Otidas mirando al pequeño cuenco que tenía sobre el escritorio. En él se podía ver a Becdrak y la mitad del rostro de su madre, llevaba hablando como cinco minutos acerca de todo lo que había visto en aquellos días y desafortunadamente no había podido volver la biblioteca después de haber leído los primeros pasajes del libro que estaba firmado por ese tal, Ronjil. Al parecer algunos de los caballeros se habían dado cuenta y debieron de poner mayor seguridad en las entradas.

—Realmente me gustaría ir a hacerte compañía a Delrich sobrino, pero… —expresó Becdrak mirando inmediatamente a Amanda que se encontraba fuera de pantalla, Otidas no necesitaba verla para saber qué estaba haciendo una de sus caras de desaprobación—, por favor Amanda. Si tan solo pudiera ir un par de horas. Hace más de dos meses que no vemos a Otidas…

—Así seguirá —interrumpió Amanda—, no dejaré que pongas en peligro nuestro plan. Otidas tiene un deber que cumplir y lo está haciendo bien, las cosas no pueden ir por mejor camino. Cuando logré ser caballero probablemente nos podamos ver con un poco más de facilidad, pero por ahora eso es todo.

—Prometo que intentaré averiguar más acerca de Ronjil —exclamó Otidas. 

—Nosotros también intentaremos saber más con la información que encontremos afuera, Becdrak —dijo Amanda—, tienes una misión, creo que no hace falta explicarte qué es… —Amanda volvió a mirar a su hijo—. Quiero que dejes de buscar información y te concentres en pasar al Stage Dos, por ahora es más importante seguir escalando para ser un caballero que averiguar más datos sobre ese tal Ronjil.

Tras aquellas palabras la imagen de Amanda comenzó a difuminarse hasta quedar solamente el reflejo del mismo Otidas en el interior de aquella agua que había pasado de color negro a cristalina.

Otidas soltó un débil e inaudible suspiro. 

Creo que de verdad debo dedicarme a pasar al siguiente Stage, pensó Otidas. 

El sonido de un objeto rompiéndose al otro lado de la puerta se hizo oír. Sin pensarlo dos veces Otidas se levantó de su silla y abrió la puerta de golpe, miró hacia la derecha donde terminaban las habitaciones y no pudo ver nada, hizo lo mismo mirando hacia su hombro izquierdo y no notó nada extraño, volvió a ver el suelo y pudo ver una taza rota. ¿Quién habrá sido? Se preguntó en el interior de su mente. 

¿Alguien que vendría a limpiar? Una sombra pasó por a unos metros de distancia suya e hizo que Otidas levantase la mirada una figura de bastante altura escapaba corriendo en dirección a la salida llevaba una campera negra con su capucha puesta. El joven Kabary corrió detrás de él. Abrió la puerta segundos después de que su objetivo saliera por la puerta y se perdió entre la multitud que se avecinaba a las habitaciones, comenzó a mirar para todos lados, pero no podía divisar a la persona con campera negra. Por fin logró hacerlo, la persona estaba corriendo por el medio del puente, Otidas aceleró y comenzó a correr por el puente a pocos pasos del extraño. Logró tomarlo del brazo y detenerlo en medio del puente con numerosos caballeros, reclutas y animales caminando a su alrededor. 

Otidas se puso en punta de pies y sacó la capucha negra de la persona revelando que era no más que otro qué…

—Varitto —expresó Otidas con algo de temor en sus palabras—, ¿Qué fue lo que escuchaste?

—Lo suficiente para tener bastantes sospechas —contestó seriamente el chico de cabello un tanto grisáceo—, pero que se yo. A lo mejor todavía te tengo algo de aprecio y decido no hablar con alguno de los capitanes, no te vuelvas a acercar a mí —expresó Varitto zafándose de las manos de Otidas. 

—Varitto, no es lo que tú crees… —dijo Otidas. 

—¿Ah sí? ¿Y qué es lo que sucede en realidad? ¿Quién eres en verdad? De algo estoy seguro y creo que no eres Garud Baggerty —expresó Varitto comenzando a caminar de espaldas a Otidas, el chico Kabary comenzó a caminar tras él hasta que estuvieron a poco más de un par de pasos de distancia—, no intentes convencerme. Descuida no hablaré con nadie del tema, pero quiero que sepas que si jodes mi camino para ser caballero del credo de los inquisidores —Varitto se acercó aún más a Otidas—, yo te joderé la vida.

Otidas tragó saliva y Varitto se alejó por el puente perdiéndose entre la multitud de caballeros que pasaban por allí.

 

Otidas llegó hasta la cafetería del Nivel Uno. Allí era donde debían aguardar a su capitán hasta que llegase para poder partir en la misión de encontrar un compañero y enfrentarse por primera vez al temible torbellino acuífero.

Lani ya había asistido a la misión con el capitán Oronic, al estar a cargo de cincuenta reclutas, Oronic los había dividido en cinco grupos de diez reclutas cada uno. Lani, al tener menor numeración que Varitto y Otidas tuvo que ir antes que ellos. Pero estaba claro que esta vez Otidas estaba solo, ni Varitto iba a querer hablar con él, ni siquiera Lani estaría allí. Enwol tampoco estaba, el muchacho ya empezaba a caerle bien.

Los otros nueve empezaron a llegar (algunos ya estaban sentados en otras mesas y la cafetería estaba casi vacía) incluyendo a Varitto que ni siquiera miró a Otidas. Se sentó lo bastante lejos y detrás de Otidas para que no pudiera verlo, a los pocos minutos llegó el capitán Oronic, su respiración se notaba algo agitada al ser lo único que podía escucharse. 




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