Al ver como Song Lan salía de la habitación, Xue Yang comenzó a mover su cuerpo con violencia para poder desatar los nudos que tenía en la manos. Había comenzado a contar el tiempo que faltaba para que Xiao XingChen llegara, y no le quedaba mucho.
Intentó hacerlo lo más rápido posible, ignorando el dolor que comenzaba a sentir cada vez que la soga frotaba sobre sus muñecas. Cuando sintió sus manos liberadas, desató sus pies.
Al verse ya liberado, busco por la habitación algo para cubrir su desnudez, hasta que encontró una tela blanca en una esquina. Se la acomodó como pudo en su cuerpo, y verificó que nadie estuviera dentro de la casa.
Salió despacio y sin prisas, no quería ser descubierto tan pronto, aunque le preocupaba tanto silencio. Decidió no darle tanta importancia, la puerta ya estaba frente a el y no podía perder esta oportunidad que se le estaba dando. Sin embargo, algo comenzaba a ir mal mientras más se iba acercando a la salida.
Xue Yang comenzó a sentirse nervioso, notando como su mente empezaba a jugarle malas jugadas; la puerta de salida se encontraba a solo unos pocos metros de donde estaba, y un suspiro de alivio quería salir de su boca. Cuando sintió que sus manos rozaban la puerta, dos brazos se posicionaron en su cintura para apartarlo de su libertad. El contacto fue firme, inesperado, y un escalofrío le recorrió su espalda mientras intentaba girarse, pero el agarre no cedía.
—No tan rápido —susurró una voz conocida, con una determinación y una calma que, de alguna forma, resultaba amenazante.
Xue Yang logró entrecerrar los ojos y se encontró con el rostro de Xiao XingChen, intentó forcejear, buscando desesperadamente soltarse de su agarre, pero la fuerza de XingChen y la impasible presencia de Song Lan lo mantenían inmóvil. La adrenalina lo inundó, despertando cada reflejo que había entrenado arduamente durante años antes de morir, por lo que estaba preparado para defenderse en momentos como este. Su instinto de supervivencia se encendió, y de un rápido movimiento de cadera logró liberar un pie y girar para un lado, creando un mínimo espacio entre su cuerpo y los brazos que lo retenían.
—¡Malditos! —gritó, empujando con todas sus fuerzas.
Xiao XingChen intentó reaccionar, pero Xue Yang, con un movimiento inesperado, giró sobre sí mismo, logrando soltarse parcialmente. Song Lan se adelantó para bloquearlo, aun así, Xue Yang dio un salto lateral, golpeando con el hombro la mesa cercana y usando su impulso para abrir un espacio entre él y sus captores.
Su corazón latía con fuerza, mientras corría hacia la puerta e internamente agradecía que la pequeña ciega no se encontrara en el lugar. Podía sentir la respiración de XingChen y Son Lan cerca, como cuchillas invisibles que querían atraparlo en cualquier momento, pero la determinación de escapar era más fuerte que el miedo. Con un impulso desesperado, giró la perilla dela puerta y logró abrirla apenas un centímetro, suficiente para deslizarse a través del marco.
—¡Xue Yang! —bramó XingChen, con una mezcla de sorpresa y alarma—. ¡Sabes muy bien que no podrás escapar de nosotros!
Pero eso a Xue Yang no le importaba. Cuando la brisa de la noche golpeó su rostro, por un instante, el miedo se mezcló con un destello de triunfo. Sin detenerse, corrió entre los árboles y arbustos que rodeaban la propiedad, con cada rama y raíz siendo un obstáculo que superaba con agilidad. Sabía que si se detenía, aunque solo fuera por un segundo, sus perseguidores lo alcanzarían.
Xue Yang saltó sobre troncos caídos y se deslizó por la pendiente del terreno, utilizando la oscuridad a su favor. Los reflejos que había desarrollado durante años le permitieron esquivar obstáculos y mantener un ritmo constante, incluso cuando la fatiga comenzaba a morder sus piernas.
Finalmente, llegó a la ribera de un pequeño río que conocía de sus recorridos secretos. Sin pensarlo, se lanzó al agua, el frío golpeando su cuerpo y despertando cada nervio. La corriente arrastró parte de su peso, pero la sensación de estar un paso adelante de Xiao y Song Lan lo hizo sentir invencible. Se impulsó contra la orilla opuesta y siguió corriendo, las gotas de agua empapando su ropa y el corazón latiendo con furia y libertad.
Mientras se alejaba, escuchó el eco de sus nombres llamándolo a la distancia, mezcla de frustración y determinación. Una sonrisa amarga se dibujó en su rostro. Había escapado, al menos por ahora. Pero Xue Yang sabía que esta victoria era solo temporal; aquellos dos no olvidarían ni perdonarían. Sin embargo, mientras la noche lo envolvía y la ciudad dormía a lo lejos, pudo sentir, por primera vez en mucho tiempo, que aún podía elegir su destino.
Después de un trayecto agotador y lleno de obstáculos, logró llegar a Gusu. Sus pasos se hicieron más cautelosos al entrar en la ciudad, consciente de que cualquier sonido podía delatar su posición. Su cuerpo estaba magullado, la ropa rasgada y empapada, y un hilo de sangre comenzaba a descender por su frente, pero la determinación seguía intacta. Debía encontrar a alguien que pudiera ayudarlo.
Cuando dobló una callejón estrecho, vislumbró las figuras familiares de Lan WangJi y Wei WuXian, quienes habían estado buscándolo desde que su desaparición fue reportada. Al verlo en aquel estado —desgarrado, cansado y claramente debilitado por el ataque—, ambos no dudaron un instante. Lan WangJi entrecerró los ojos con esa expresión gélida que solo él podía tener, mientras Wei WuXian fruncía el ceño, mostrando una mezcla de preocupación y furia contenida.
—¡A-Yang! —gritó Wei WuXian, corriendo hacia él—. ¿Qué te hicieron?
Xue Yang apenas pudo hablar, jadeando mientras se apoyaba en ambos—. Ellos... Xiao... XingChen... y Song... Lan... me... persiguieron... —sus palabras se cortaban entre respiraciones y dolor—. No... pude... escapar... por poco.
Lan WangJi miró hacia la dirección de donde había venido Xue Yang, y su semblante se endureció. No era momento de preguntas ni de dudas; la amenaza estaba clara. Con un movimiento preciso, levantó la mano y un resplandor de energía espiritual surgió, proyectando una barrera defensiva alrededor del callejón. Wei WuXian, con su bastón listo y sus ojos brillando de determinación, se adelantó con un paso firme.