Tengo el privilegio de decir que ya no siento nada, o bueno, no al menos como debería de sentirlo. Es un poco confuso, no se como debería de explicarse pero en resumidas palabras es eso, desde mi infancia es así.
Todo comenzó con Katja, si, se llamaba igual que yo, pero ella era diferente. ¿Han visto esas muñecas finas y delicadas con cabello perfecto, mejillas sonrojadas y piel de porcelana? Pues así era Katja y al igual que esas muñecas su mirada era escalofriante.
A ella le gustaba jugar conmigo pero sus juegos no eran divertidos. A ella le gustaba dejarme encerrada en el baño, quitarme mis tareas y jalar mi pelo con tanta fuerza que incluso algunos de mis cabellos quedaban entre sus dedos. Intente decirle a mi maestra cientos de veces, pero no logro nada y con la reciente muerte de mi padre tampoco me atreví a decirle a mamá .
“Debes aguantar" me dije “La graduación ya esta cerca y ahí todo será diferente”
Es verdad en la graduación fue diferente, yo estaba feliz de que todo terminara esa noche. Katja apareció con un vestido precioso blanco, la falda era esponjada y tenia un cinturón de flores con pequeños brillantes que las hacían lucir tan delicadas, a comparación del mío que parecía sacado de un convento.
Debo de admitir que sentí algo de envidia. El vestido lo escogió mamá para mi y yo no quería hacerla sentir más mal.
Estuve con ella casi toda la noche, probamos el banquete, jugué un poco con mis compañeras y una hora antes de que todo acabara Katja cayo desde el 2do piso y murió en el acto. Fue la escena más extraña que alguna vez había visto.
La fiesta acabo en cuanto llamaron a la policía. Esa es la parte que mas recuerdo, el policía que me entrevisto fue muy amable y nos dejo ir pronto, en el auto alcance a ver como se llevaban a Katja en la ambulancia. Toda la escuela asistió a su funeral, mamá y yo fuimos juntas, nos quedamos lejos, mamá me dijo que era lo mejor.
Fuimos al entierro al poco y cuando este termino apareció un niño entre la multitud, estaba usando una camisa de rayas amarillas y negras, jeans y tenis rotos, se veía sucio y pálido, era obvio que venia de las calles. Le entrego un pequeño paquete a la madre de Katja y se fue corriendo. Cuando lo abrió soltó un grito desconsolado que casi la lleva al suelo de no ser por su esposo.
Vi como dejaba caer la caja y de este salía el cinturón de flores que Katja había usado junto a el.
Mamá me saco de ahí casi de inmediato.