El amanecer se filtraba en tonos grises y púrpuras cuando Rury se encontró en la gran puerta de piedra que marcaba el límite de la aldea de Rolf. Sus padres estaban con ella. El aire de la mañana era frío y tenso.
Paul le había dado una palmada en el hombro, un gesto tan torpe y falto de emoción que Rury casi se ríe. Pero vio que la mano de su padre, el legendario general, temblaba ligeramente. —Recuerda las reglas, hija. No confíes en nadie. Y por el amor de los dioses, usa esa espada antes que tu magia.
Elih, por su parte, no podía ocultar sus emociones. Sus ojos estaban enrojecidos, pero su voz era firme. —El camino a través del Bosque Antiguo es largo. Dos semanas a pie si no te detienes. Pero es seguro. —¿Seguro? —preguntó Rury, ajustando el báculo 'Susurro Lunar' a su espalda. —El Rey Demonio mantiene su pacto —explicó Elih—. Sus bestias no tocarán a nadie de nuestra sangre mientras estés bajo la sombra de estos árboles. Es un santuario... pero solo para nosotros. A los humanos u otros que entren, los destrozarán.
Rury asintió. "Dos semanas", pensó. Una eternidad. Su madre la abrazó por última vez, apretándola con fuerza. —Te amamos, Rury. Encuentra lo que buscas... —susurró de nuevo en su oído, con la misma urgencia desesperada— Encuéntrala rápido.
Y entonces la soltó. Paul y Elih se dieron la vuelta y caminaron de regreso a su hogar, sin mirar atrás. Sabían que si lo hacían, podrían flaquear.
Rury se quedó sola ante la inmensidad del bosque. Respiró hondo el aire fresco y dio su primer paso fuera del nido.
Las primeras horas fueron... aburridas. El bosque era antiguo y majestuoso, con árboles tan grandes que sus copas tapaban el sol. Era hermoso, pero mortalmente silencioso. Ocasionalmente, veía cosas.
Un par de ojos rojos brillantes la observaron desde la oscuridad de una cueva. Un Lobo de Sombra, de casi dos metros de altura en el hombro. Rury se tensó, su mano yendo instintivamente a la empuñadura de su espada. El lobo la olió, resopló con desdén, y se dio la vuelta, desapareciendo entre las sombras.
El pacto del Rey Demonio era real. Estaba completamente a salvo.
Y estaba increíblemente aburrida.
"Dos semanas", volvió a pensar. "Claro que no".
Siguió caminando durante una hora más, adentrándose lo suficiente en el bosque para que, incluso si sus padres miraban desde la atalaya más alta, no pudieran verla. Se detuvo en un pequeño claro. El silencio era total.
Una sonrisa arrogante se dibujó en su rostro. —Bien. Es hora de hacer esto a mi manera.
Rury soltó su mochila, agarró firmemente el 'Susurro Lunar' y cerró los ojos. Sus padres le habían advertido que no usara magia. Que era peligroso, que se desmayaría. Pero eso era una verdad a medias, una mentira piadosa de padres sobreprotectores.
Ella sabía la verdad. Los había estado engañando durante años.
Recordó sus días en la academia. Mientras los otros estudiantes luchaban con hechizos básicos de levitación, Rury leía textos arcanos en la biblioteca restringida. Sus padres la creían una guerrera que complementaba con magia, pero ella era una maga pura que complementaba con la espada.
Flashback: La biblioteca de la academia. "Increíble, señorita Rury", había susurrado el Profesor Elian, un viejo elfo de biblioteca. "Nunca he visto a nadie dominar la transposición arcana de alto nivel tan joven. ¡Es... es un hechizo de Vuelo Sostenido!" "¿Cree que pueda mostrárselo a mis padres?" "Ah... bueno... ellos fueron muy específicos sobre tu plan de estudios, Rury. Solo combate físico y magia espiritual básica. Creen que tu... condición... hace que los hechizos de alto nivel sean peligrosos." "¿Peligrosos?" Rury había resoplado. "¿Esto le parece peligroso?" Había usado el hechizo, y el único efecto secundario fue que su túnica se sintió un poco más apretada. "Es solo un inconveniente."
Rury abrió los ojos en el claro del bosque. "Solo un inconveniente".
Canalizó su maná, no a través de su cuerpo, sino a través del 'Susurro Lunar'. El báculo de mitril cantó, absorbiendo su poder caótico y refinándolo. Sintió la acumulación de poder, una sensación familiar y reconfortante.
—Ascendo.
No hubo explosión. Simplemente, la gravedad la soltó. Con un impulso de poder, salió disparada hacia arriba, atravesando el denso dosel de hojas como una flecha de plata azulada.
Emergió por encima de los árboles y la vista la dejó sin aliento. Un mar interminable de verde se extendía en todas direcciones. Era la primera vez que veía el mundo tan alto. Sintió una libertad que nunca había experimentado en la aldea.
—¡Esto es! —gritó al viento.
Se reorientó, sintiendo el flujo del mundo para encontrar el punto más débil en la "presencia" del bosque, y voló hacia el sur. Lo que habría tomado dos semanas de caminata, sospechaba que podría hacerlo en dos, quizás tres días.
Pasó los siguientes dos días así. Volaba durante horas, sintiendo el viento en su cabello, practicando sus maniobras. Hacía giros cerrados, se detenía en seco en el aire, probaba ráfagas de velocidad. El 'Susurro Lunar' hacía que todo fuera más fácil, más limpio.
Y, tal como esperaba, sintió el "costo".
Aterrizó la segunda noche junto a un arroyo para rellenar su odre. Se miró en el reflejo del agua. Sus mejillas estaban visiblemente hinchadas, y sus dedos se sentían gruesos y torpes dentro de los guanteletes de su padre. Era la "maldición" reaccionando a la sobrecarga de maná.