Las aventuras de la elfa y el caballero oscuro

Capitulo 7 - La brecha

El grupo de cuatro irrumpió en las calles y se topó con el infierno.

El Puesto Fronterizo estaba en llamas. Edificios que Rury había visto horas antes, donde había regateado y comido, ahora eran antorchas que vomitaban humo negro al cielo nocturno. Gritos de pánico y el rugido de bestias desconocidas resonaban en todas direcciones.

"¡Por aquí, rápido!" gritó Cyra, tomando un callejón lateral para evitar el pánico de los civiles que huían.

Brakk, el ogro, cojeaba visiblemente, usando su garrote como bastón. Rhen, el hombre-alce, se cubría la herida sangrante de su cuerno roto.

"¡Cyra, es un desastre!" gritó Rury mientras corria detras de Cyra. "¡Están destruyendo todo! ¡Es... es horrible!"

"¡No mires, niña, solo corre!" espetó Cyra, sus ojos rojos escaneando los tejados. "¡Esto es lo que pasa cuando se van todos a un maldito festival!"

Tres sombras saltaron de un callejón oscuro, bloqueándoles el paso. Eran Grawlers, más pequeños de lo normal, pero con las mismas seis patas y mandíbulas babeantes.

Brakk levantó su garrote, pero era demasiado lento por su herida. Rury levantó su báculo, el maná arremolinándose en la punta lunar. "¡Yo me...!"

"¡No gastes energía!" ordenó Cyra.

Antes de que Rury pudiera procesar la orden, Cyra se movió. Fue una explosión de velocidad. No se lanzó; simplemente apareció frente a las bestias. Su enorme claymore salió de la vaina en un silbido casi inaudible.

Fue un solo movimiento. Un arco carmesí, tan rápido que Rury casi no lo vio.

ZAS.

Las tres bestias se congelaron. Un segundo después, se desplomaron en el suelo, cada una partida limpiamente en dos. Cyra ni siquiera se había detenido. Envainó su espada con un clic metálico mientras seguía corriendo.

Brakk y Rhen se quedaron boquiabiertos. Rury tragó saliva, el corazón le latía con fuerza por el asombro y el miedo. Esa era la verdadera fuerza de Cyra.

Siguieron corriendo, saltando sobre los cadáveres recién cortados. Llegaron a la plaza de la Puerta Este, o más bien, a lo que quedaba de ella. La gran puerta de madera había sido reducida a astillas. La muralla de piedra a su alrededor tenía un agujero tan grande como una casa.

Cyra frenó en seco, extendiendo un brazo blindado para detener a Rury. "Alto".

Brakk y Rhen se detuvieron detrás de ellas, jadeando. "Estamos... estamos aquí..." dijo Brakk. "Pero... ¿dónde están...?"

La plaza estaba inquietantemente silenciosa, excepto por el crepitar del fuego. Y entonces lo vieron.

Frente a ellos, en medio de la brecha de la muralla, dándoles la espalda, había una cosa. No era un Grawler. No era una bestia. Era la presencia que Rury sintió en el aire: un poder tan denso que hacía que su piel se erizara.

Era el demonio de cuatro brazos. Más alto que el local de Cyra, estaba inmóvil, observando el pueblo que ardía, como un rey supervisando su conquista.

"Oh, por los nueve infiernos..." susurró Rhen, dejando caer su lanza al suelo con un ruido sordo.

El pánico amenazaba con paralizarlos, pero un rugido furioso resonó desde una calle lateral. "¡BESTIAS MALDITAS! ¡DESTRUYERON MI GRANERO!"

Throk, el granjero Minotauro, irrumpió en la plaza. No llevaba armadura, solo sus pantalones de trabajo sucios de hollín. En sus manos gigantes no sostenía un arma, sino el martillo de herrería del tamaño de un barril que Rury había visto en su establo.

Un chillido agudo sonó desde el cielo. Alya, la semi-humana águila, aterrizó a su lado, batiendo sus alas con furia. Llevaba una lanza con punta de obsidiana en sus garras. "¡Maldición, Cyra! ¡Throk! ¡¿Qué demonios es esa cosa?!"

Justo detrás de ellos, los últimos guardias del Puesto—seis en total, pálidos pero con las lanzas en alto—llegaron corriendo, formando una línea temblorosa.

El demonio en la puerta se giró lentamente. Sus ojos, brasas del infierno, se fijaron en el grupo recién formado.

Throk se plantó al frente, su ira superando su miedo. Golpeó su martillo contra el suelo. "¡CYRA! ¡Más vale que esa espada tuya no sea solo de adorno!"

Cyra se colocó a su lado, desenvainando su claymore una vez más, esta vez lentamente. La hoja brilló roja. "¡Rury, a mi lado!" ordenó, su voz tranquila y letal. "¡Magia de apoyo, ahora!"

Se giró hacia el resto. "¡Throk, Brakk, Rhen, conmigo al frente! ¡Guardias, no dejen que los Grawlers pequeños nos rodeen! ¡Alya, hostiga desde el aire! ¡CONTENGAN ESTA BRECHA!"

Rury sintió el maná arremolinarse a su alrededor. Ya no era una estudiante, ni una viajera frustrada. Era una guerrera. Tomó su báculo con ambas manos y se preparó para la primera batalla real de su vida.

El demonio de cuatro brazos los observó, inmóvil. La arrogancia irradiaba de él.

Rury sabía que la fuerza bruta por sí sola, incluso la de Throk, era inútil. ¡Necesitaban una ventaja! Plantó su báculo en el suelo de piedra agrietado.

—¡Escúchenme! —gritó, su voz resonando con un poder que no sabía que tenía—. ¡No creo que no puedo luchar directamente contra él, pero puedo reforzarlos!

Cerró los ojos y comenzó su cántico. Su cabello púrpura se elevó mientras el maná brotaba de ella, canalizado y purificado por el báculo. —¡Espíritus del viento, presten su celeridad! ¡Espíritus de la piedra, ofrezcan su temple! ¡Bendición del Espíritu de Combate!

Una ola de poder verde y marrón salió disparada del báculo, bañando a sus aliados. Throk sintió que sus músculos se tensaban, volviéndose más ligeros. Cyra sintió que sus sentidos se agudizaban. Incluso Brakk y Rhen, temblando en la retaguardia, se sintieron más firmes. Les había dado a todos un refuerzo de velocidad, agilidad y reducción de daño.

Impulsado por la magia de Rury y su propia furia, Throk fue el primero en moverse. —¡PAGARÁS POR MI GRANERO, MALDITO! Rugió y cargó, su velocidad antinatural para alguien de su tamaño. Levantó su martillo de herrería gigante sobre su cabeza y lo estrelló contra el demonio con la fuerza de un meteorito.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.