El vapor se disipó, revelando la nueva forma de la criatura. Ya no era una masa caótica y enorme; se había compactado en una figura más densa, humanoide y cubierta de una armadura natural de obsidiana y fuego negro.
La bestia no rugió. En su lugar, el aire vibró con una voz gutural y profunda que parecía emanar de las mismas paredes de la caverna.
—Vaya, vaya... —dijo la entidad, arrastrando las sílabas con una lentitud exasperante, pero con una presión tal que cada palabra pesaba toneladas sobre los hombros del grupo—. Seres insignificantes... ¿Cómo se atreven a dañarme de esa forma?
Sus ojos, ahora reducidos en número pero brillando con malicia pura, se fijaron en Rury.
—Han despertado algo que no comprenden. Ahora les tocará sufrir un interminable...
¡BWOOOM!
La amenaza quedó cortada de golpe.
El suelo de la caverna se sacudió violentamente, haciendo que estalactitas cayeran del techo. El Caballero Oscuro había aparecido como un relámpago negro justo encima de la bestia, descargando un golpe vertical con tal fuerza bruta que la onda expansiva agrietó la armadura de obsidiana recién formada del monstruo.
Sin embargo, antes de que pudiera continuar el combo, la realidad parpadeó y el Caballero desapareció nuevamente, expulsado por la defensa automática del dominio.
La bestia, tambaleándose por el impacto, escupió lava con furia y miró hacia el vacío donde había estado su agresor.
—¡Maldito caballero! —bramó con odio puro—. ¡¿Por qué no te mueres de una vez?!
Aprovechando la confusión momentánea, Rury retrocedió hasta la posición de Bashi, con la respiración agitada.
—¡Bashi! —gritó la elfa—. ¿Qué es lo que haremos? ¡Esa cosa ahora piensa y habla! ¡El plan anterior no va a funcionar!
Bashi apretó el mango de su gran espada, mirando fijamente al enemigo con una mezcla de miedo y determinación.
—No tenemos opción, Rury. Debemos aguantar —respondió la líder, apretando los dientes—. Nuestra única esperanza es distraerlo lo suficiente hasta que el Caballero logre asestarle un golpe crítico que lo deje fuera de combate. Nosotros somos el cebo, él es el martillo.
—¡Eso suena bien en teoría, jefa! —intervino Pedro desde atrás, con el arco tensado pero sin disparar—. ¡Pero miren bien! Con esa nueva forma compacta, esa cosa ya no tiene aperturas. Se ha cubierto por completo. ¡No tengo dónde clavar mis flechas!
La discusión táctica fue interrumpida de la manera más brutal posible. La bestia no iba a esperar a que terminaran de hablar.
Aprovechando su distracción, la criatura estiró su brazo y disparó un puño de roca fundida a una velocidad supersónica, cruzando la distancia que los separaba en una fracción de segundo.
—¡¡CUIDADO!! —rugió Slider.
El hombre lagarto se lanzó frente a Pedro y Rury, levantando su escudo justo a tiempo.
¡CRAAAAACK!
El impacto fue tan demoledor que Slider no solo retrocedió; salió arrastrado hacia atrás, con las botas dejando surcos en el suelo, hasta chocar contra una pared de roca. La fuerza fue tal que el escudo quedó literalmente clavado en la piedra a sus espaldas, inmovilizando su brazo izquierdo.
Slider escupió sangre, sintiendo cómo sus huesos crujían bajo la presión inmensa del puño de la bestia que lo mantenía contra la pared.
—¡Corran! —gritó el tanque con la voz desgarrada por el esfuerzo—. ¡Háganle el mayor daño posible mientras lo sostengo! ¡AHORA!
Bashi no dudó. Al ver a su compañero sacrificándose, la furia se apoderó de ella.
—¡Vas a pagar por eso, desgraciado!
La loba se lanzó en una carrera suicida hacia el flanco expuesto de la bestia. Preparó su gran espada para un tajo ascendente, buscando decapitar a la criatura. Pero cuando estaba a punto de entrar en su rango de ataque, la bestia giró el torso con una sonrisa macabra.
De sus hombros y brazos, la lava comenzó a burbujear y estirarse, formando no simples tentáculos, sino apéndices con formas definidas: cabezas de leones hechas de fuego y roca, rugiendo y mordiendo el aire con vida propia.
—¿Qué demo...? —Bashi abrió los ojos con horror al ver las fauces multiplicarse frente a ella.
—¡Mierda!
Intentó frenar y cambiar de dirección, pero fue tarde. Uno de los tentáculos con cabeza de león se extendió como una víbora y lanzó un mordisco lateral. Bashi logró desviar las fauces con su espada, pero las garras de magma que acompañaban al apéndice rasgaron su defensa.
¡ZAS!
La armadura ligera de su pierna cedió. Bashi gritó de dolor mientras tres líneas profundas y cauterizadas se abrían en el costado de su muslo derecho, haciéndola tropezar y caer rodando por el suelo.
Al ver a su equipo desmoronándose, Rury supo que no había tiempo para el miedo. El anillo en su mano vibró violentamente, respondiendo a su desesperación.
—¡¡Velo de Sanación Etérea!! —gritó la elfa, extendiendo ambas manos.
Dos haces de luz verde pálida salieron disparados; uno impactó en el pecho de Slider y otro en la pierna sangrante de Bashi. La carne comenzó a cerrarse superficialmente, deteniendo la hemorragia al instante.
Pero la Bestia Ancestral no iba a permitir que se reagruparan. Sus ojos ardientes se posaron sobre el único miembro que la había atacado a distancia: Pedro.
—Tú eres molesto... —retumbó la voz profunda de la bestia.
Un brazo masivo se disparó hacia el zorro a una velocidad absurda. Pedro, con los reflejos al límite, saltó hacia un lado con una acrobacia desesperada, sintiendo el calor del puño rozar su pelaje.
—¡Ja! ¡Fallaste! —pensó Pedro en el aire.
Pero fue una trampa. Del codo de la bestia, un tentáculo con cabeza de león se estiró de forma antinatural, interceptando la trayectoria de caída de Pedro.
¡BAM!
El impacto sonó seco y doloroso. El tentáculo golpeó al arquero en las costillas, enviándolo a volar como una muñeca de trapo al otro lado de la inmensa caverna. Pedro rebotó contra el suelo varias veces hasta quedar tendido, inmóvil.