Las aventuras de la elfa y el caballero oscuro

Capitulo 38 - Copia y serpiente

Dos horas antes de la invasión hacia el reino del agua, Nit y Sherry se dirigieron al castillo real; el tiempo era valioso y perderlo significaría perder también a Rury.

—Perspectiva del príncipe Frai—

—Príncipe, tenemos problemas. Sir Nit pide una audiencia urgente. —Un guardia que está a mi mando corrió directamente a mi salón mientras yo estaba firmando algunas cosas.

—Hazlo pasar —dije un poco inquieto.

Pasaron unos minutos. En cuanto a las noticias que esperaba, probablemente sean buenas noticias; este chico sí que es competente, debería nombrarlo mi mano derecha.

O eso pensaba.

—Lo siento mucho, su alteza. Mi compañera Rury fue secuestrada por un humano. Parece que esta elfa logró localizarla, así que me ausentaré unos días de aquí —dijo con su misma voz llena de misterio. Sin embargo, es entendible, ya que su compañera fue raptada.

—Solo dime, ¿cuándo partirás? —pregunté algo curioso.

—Por cuestiones personales, solo puedo usar mi máximo poder por la noche. En la mañana soy débil, pero aún mantengo parte de mi fuerza por pocos minutos —dijo explicando algo sensible. Espero que no haya ningún espía.

Instintivamente volteé a todos lados, incluso me asomé en el balcón para evitar que obtengan esta información.

—Entonces te daré mi apoyo, chico. Ocupamos de ti para poder localizar a mi amada. —Traté de darle ánimos; no es fácil sobrellevar el hecho de que secuestren a alguien importante para ti.

—Sí. Ocupo solo dos pociones; son extremadamente caras, pero estoy seguro de que servirán para llegar más rápido a mi destino.

—¿Sí? ¿Cuáles son? —pregunté algo temeroso de la respuesta que me podría dar.

—Mire, son estas. —Me entregó una nota que decía: «Poción de fuerza explosiva con impacto colateral», y la otra era «Poción de regeneración (semiinmortalidad)».

—Lo siento, caballero, pero eso ni siquiera existe aquí. —Negué con la cabeza y le volví a entregar la nota.

—Me lo imaginé. Sin más que decir, me retiro, su majestad. Tengo que prepararme. —Nit salió del salón junto con su acompañante.

El salón quedó en un silencio muy inquietante. Por alguna razón no me sentía a gusto; con los acontecimientos que habían ocurrido hace tan solo unos días, es imposible que yo pueda descansar en su totalidad.

Necesito relajarme. Abrí un cajón donde tenía guardados algunos regalos que me daba Marriel, entonces recordé algo.

—Mira, Frailin, ¿está muy bonito, no? Toma, es para ti. —Su sonrisa era muy pura. A pesar de todo lo malo que le sucedía, no sé cómo le hacía, pero siempre permanecía muy alegre.

Este pequeño coral rosa que me regaló es lo que me tranquiliza. Tengo poder político, pero me estaría contradiciendo, ya que este maldito reino es muy clasista por culpa de mi padre.

Soy débil, a pesar de que quiero enfrentar a mi padre, me es imposible hacerlo. Eventualmente tendré que hacerlo, porque si mi amada Marriel sigue viva, yo al fin tendré las pelotas suficientes como para ceder el trono a alguien más.

Después de pensar eso en mi cama, no aguanté más mis ojos y terminé durmiendo abrazado del coral que me regaló Marriel.

Eso me tranquilizaba; sin embargo, tras dormir algunas horas, un sonido caótico me despertó.

—Emergencia, emergencia, invasión detectada. Por favor, todos los habitantes permanezcan en sus casas y resguárdense lo más que puedan.

—¿Una alarma? Pero ¿quién nos querrá invad...? —Me quedé helado, no era casualidad, todo este complot probablemente se deba a los desertores del reino—. Mi padre de mierda, tendré que castigarlo.

Escuché pisadas fuertes de alguien corriendo afuera de mi dormitorio.

—Su alteza, por favor abra, es urgente. Estamos siendo atacados por un ejército demasiado fuerte. Acompáñeme, lo llevaremos al portal para que pueda irse con su padre —respondió agitado Joshua.

—No lo haré —dije con firmeza.

—Pero...

—Sin peros, Joshua. Como sucesor del rey, yo evitaré pisar el mismo camino que él forjó. Si en verdad quiero cambiar, ocuparé quedarme hasta el final, y si mi reino cae, yo caeré junto con él. —A pesar de lo que dije, sentía mucho miedo—. Prepara mi armadura, trataré de aumentar mi tamaño con magia.

—S-sí, señor. —Joshua salió rápidamente del dormitorio y yo lo seguí.

Al pasar por los pasillos del castillo, a través de la ventana vi el panorama del asunto: un ejército se encontraba en la puerta sur del reino.

—Maldición, si esto sigue así terminaremos siendo consumidos por este ejército —susurré a mí mismo.

Sin embargo, una figura emergió y se elevó en el aire. Su maná era tan intenso que dejaba residuos de energía; ese mago era nada más y nada menos que la otra acompañante de Nit.

No creo que sea fuerte y mejor decidí ignorarla... o eso creí. Un ruido ensordecedor y las ondas de choque rompieron las ventanas del castillo; un muro de hielo con picos emergió a varios kilómetros de longitud.

—¿Qué cara...? —dije con los ojos bien abiertos.

—Su majestad, dese prisa.

—V-voy.

—Perspectiva de Nit—

—Oye, Sherry, creo que esto no va a funcionar —dije, forcejeando inútilmente para liberar mi pierna de su agarre.

—¡Nooo! Caballero, por favor, no me dejes. Sé que soy mala contigo, pero por favor, quiero ir contigo. —Sherry no paraba de gritar y arrastrarse en medio de la calle.

—Oye, para, la gente lo va a malinterpretar. —Mis nervios estaban al cien por ciento; la gente de aquí malinterpreta todo.

Al notar mi desesperación, el llanto de la elfa se detuvo por una fracción de segundo. Levantó la vista hacia mí y, asegurándose de que el resto de la calle no pudiera verla, esbozó una sonrisa cargada de pura malicia. Antes de que pudiera reaccionar, volvió de lleno a su papel de víctima.

—Puedes hacer todo lo que quieras conmigo, cumpliré con cada fetiche tuyo, pero por favor, ¡no me dejes! ¡Wahhhh! —Cada grito que hacía esta elfa me enojaba más.




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