Las Brujas también desean un final feliz

Capítulo 90 - Annabeth

Mis alegres y ocupados días siguieron pasando, antes de poder notarlo, ya estábamos en los últimos días del mes. Y según las noticias que íbamos recibiendo, el enorme ejército de la Iglesia Ortodoxa ya está de camino hacia aquí.

La Iglesia Ortodoxa ha convocado de manera obligatoria a todos sus miembros del reino a participar en esta Guerra Santa para purgar el mal de estas tierras. No contentos con eso, han contratado a mercenarios por muy altos precios. Saber eso enojó a Ran, porque seguramente pagaron con el oro robado a Suré. Además, la Iglesia Ortodoxa ha mandado a llamar refuerzos de otros reinos.

No sabemos cifras exactas, pero parecen pasar de los 6 mil, según los rumores que escucharon los Espíritus en los pueblos. Me he dado cuenta que los Espíritus son malos haciendo cuentas, no les gusta ser exactos, solo dan aproximados. Cuando mandamos a Lirio a investigar para tener una mejor cifra, él dijo: “tantos hombres como árboles en el bosque de Suré.”

Eso para mí es mucho, porque el bosque que rodea Suré es muy denso y amplio.

Básicamente, nos superan abrumadoramente en número.

Bueno, esas son las cifras, no es algo preocupante. Tengo fe y confianza en poder vencerles.

Pero, lo que me preocupa son los Demonios, Lirio y Lobel quieren encargarse personalmente de ellos y estoy a favor de esa idea, porque sola no podré contenerles. Lo que me tranquiliza es que los Demonios no podrán cruzar al Barrera Sagrada de esta Tierra Santa y que Almendro se quedará con nosotros para apoyarnos. Jeremías no piensa abandonar Suré hasta que este asunto sea resuelto. Él, como representante de esta Reforma Eclesiástica, se va a quedar con nosotros guiando a las Iglesias que se han rebelado contra el abuso de la Iglesia Ortodoxa.

Incluso Almendro me ha tranquilizado, diciéndome que en el peor de los casos el Hermano Mayor Álamo vendrá a apoyarnos. No conozco a ese tal Álamo, pero Lobel y Lirio temblaron al escuchar su nombre. Parece ser un superior muy estricto que castiga severamente cualquier acto que considere inaceptable. Verlos tan asustados me ha puesto nerviosa también a mí.

Espero que mis esfuerzos mejorando en Magia Sagrada sean suficientes.

¡Voy a esforzarme hasta el último día que tenga! ¡Protegeré este templo, mi Señora!

Lobel: -¡Beth! ¡Un ejército se acerca!

Gritó Lobel al entrar apurado en plena misa de la mañana. Ha dejado a todos asustados y a mí en blanco. ¡No es hora de paralizarse!

Annabeth: -¡Vamos a ver!

Con Crow en brazos volé a máxima velocidad hacia las recién terminadas murallas exteriores del Templo.

Lobel: -¡Ahí están! ¡Mira! ¡Mira!

Bueno, Lobel no se equivocó, es un grupo de soldados lo suficientemente grande como para llamarlo un ejército, pero la bandera de sus estandartes no son los de la Iglesia Ortodoxa. Además, están rodeando una lujosa carreta dorada y de dicha carreta un joven está sacando la cabeza para mirar las enormes murallas blancas decoradas con relieves de oro.

Annabeth: -Lobel… ese no es un ejército enemigo. ¡Son guardias reales! ¡Rápido! ¡Dile a Ran que el rey Elior y su escolta están aquí! ¡¡Rápido!! ¡¡EL REY!! ¡¡ES EL REY!!

Grito como loca para poner a todos los Paladines de las murallas exteriores sobre aviso.

Lobel se fue raudo a dar el aviso, y yo bajé para recibirlo.

¿Por qué lo hice? ¡Ya no tenía donde esconderme! ¡El rey me vio cuando estaba sobre las murallas! Pude sentir su intensa mirada sobre mí y ya no puedo escapar.

Con mi magia ayudé a los Paladines a abrir más rápido las pesadas puertas de oro.

Heraldo: -¡Saluden al rey de Inhar!

Anunció el heraldo real antes de sonar su trompeta.

Los Paladines y yo bajamos la cabeza al ver su carreta acercarse a las puertas. Mi corazón está como loco ahora mismo, ¡¿por qué el rey Elior está aquí?!

Rey: -¡¡CUÁNTO ORO!! ¡¡Jajajaja, no mentían cuando decían que esta es la Ciudad del Oro!! ¡¿Y cómo hacen para abrir algo tan pesado?!

Me alegra que le guste, lo sabía, ama lo mecánico.

-¡Majestad!

Lo llaman sus súbditos al verlo bajar de la carreta real.

Por costumbre me pongo de rodillas, porque esa es la etiqueta real. Los Paladines han seguido mi ejemplo, ellos tampoco están acostumbrados a esto, no les han enseñado a cómo actuar en estas situaciones.

Rey: -Los hombres de Suré están bien alimentados, jajajaja.

Lo dice porque los Paladines son robustos y fornidos.

Me alegra que se esté divirtiendo, pero eso no quita el nerviosismo que siento. Sí, mi corazón sigue siendo la de una cobarde, es mi manera de ser. Reuniendo valor me pongo de pie al tenerlo frente a mí y hago una reverencia como toda una dama de la corte.

Annabeth: -Sea bienvenido a Suré, su Majestad. Será un gusto que nos honre con su visita en nuestro Sagrado Templo. Esperamos que su viaje no haya sido agotador, lo atenderemos como se lo merece, nuestro ilustre rey Lucius VI Elior Anwar.




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