Las Brujas también desean un final feliz

Capítulo 30 - Raziel

¿Esta es la muerte eterna?

Todo es absolutamente blanco y mi mente se apaga lentamente.

Lo siento, Beth, he fallado.

Todo mi ser se está desvaneciendo en un absoluto blanco, es como si se borrara hasta desaparecer.

-Raziel.

Oh… lloro por volver a escuchar tu voz.

Raziel: -Maestro…

Quisiera alcanzarte, pero ya no tengo manos ni brazos.

-Raziel, despierta.

Parpadeé al escuchar eso, sí me dijo que estaba dormido, entonces tenía que abrir mis ojos para despertar. Y qué bueno que lo hice.

He despertado, estoy vivo. Y lo único blanco que veo ahora son los plateados ojos de mi maestro que me mira fijamente.

¿Por qué mi maestro está tan grande? Él siempre ha sido alto, pero hoy está enorme. Parece un gigante que tiene la cara blanca con cabello negro y túnicas negras. Nunca lo había visto con esta apariencia, pero estoy seguro de que es mi maestro.

Es… realmente hermoso.

Toda parte oscura de su cuerpo está repleto de estrellas y galaxias, y sus ojos son lunas plateadas en una noche negra.

No solo es hermoso, es PERFECTO.

-Jajaja, Raziel, ¿en verdad te gusta mi apariencia?

Raziel: -¡Sí, Maestro!

Es tan hermoso y magnifico como si la misma noche tuviese un cuerpo.

-¿La quieres?

Ah… ¿qué?

-Piénsatelo. Tenemos unos momentos. Lo primero, felicitaciones~. Lo lograste, ¡retrocediste el tiempo exitosamente! Te reunirás con Beth en un momento, pero yo quise hablar contigo primero, por eso detuve el tiempo antes de que la vida siga su curso.

¡Es maravilloso, podré ver a Beth! Aunque, hay algo… que me incomoda.

Raziel: -Maestro… La condición secreta para el que hechizo tuviese éxito.

Lo que estaba escrito en la introducción de tu libro.

-Las Almas debían estar atrapadas en el mundo, ninguna debía faltar para que los árboles genealógicos no sean alterados y todos puedan regresar a sus propias vidas. Para que eso se cumpliera todos en el mundo debían estar marcados como Herejes. Una condición muy difícil, pero justamente para estas situaciones creé este Hechizo.

Raziel: -¡Eso lo sé! ¡Lo que quiero decir es que os conozco! ¡Sé que no es una coincidencia que yo cayera en un mundo condenado por Herejía!

-Pero si fuiste tú mismo quien repartió tu nombre y Sello Demoniaco por todo este mundo, aprovechándote de las malvadas intensiones de los Demonios Insurgentes y la Iglesia Ortodoxa.

Eso es cierto.

-Era evidente que este mundo caería en la Herejía tras la unión de la Iglesia Ortodoxa y los Demonios, ¿no crees? Tú mismo viste a los Insurgentes venir a este mundo y aprovechaste esa brecha para repartir tu nombre entre los suyos.

Raziel: -Al principio solo vi a algunos Insurgentes, no pensé que la situación fuese a complicarse tanto… Fue un error de cálculo mío.

Me aproveché de mi cargo de Segador, oh, mierda, merezco haber sido quemado por mi Jefe.

-Y así tu nombre y sello fueron a parar en las manos de las Brujas y la Bruja que si lo usó fue…

Raziel: -La vieja Sullen.

Esa vieja me invocó usando mi nombre verdadero y mi Sello Demoniaco, gracias a eso logré escapar del Infierno antes de morir, más no ileso.

-Jajaja, fue una inteligente ruta de escape. Como esperaba de mi discípulo. Eres un maestro del robo, hay costumbres que no desaparecen, jajaja. Incluso repartiste los nombres verdaderos de los Demonios de la Sección de Archivos Prohibidos. Será mejor que te andes con cuidado, el Director está queriendo tu cabeza.

Oh… no lo culpo. Lo mandé al mundo más complicado que encontré. Tenía que sacarlo del Infierno el mayor tiempo posible y esparcí su nombre por un mundo del cual sería imposible escapar a la fuerza.

Raziel: -Yo… le debo una disculpa a mi tío.

Esta vez sí le falle en grande al hombre que cuido de mí. No somos parientes de verdad, pero cuido de mí cuando nadie más lo hizo.

-Jajaja, no creo que con una disculpa y un regalo raro logres calmar su ira en esta ocasión.

Va a torturarme o algo peor... Será mejor no acercarme al Infierno una buena temporada. Oh… y mi Jefe debe estar odiándome con todo su ser. Me merezco estas quemaduras.

Cuando quise tocar mi cuerpo, recordé que no tengo manos. Pero, no solo he perdido los brazos, también las piernas y casi todo mi cuerpo se siente ligero. Ya no hay dolor.

Raziel: -¿Qué le pasó a mi cuerpo?

-Se ha desintegrado casi por completo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.