Las Brujas también desean un final feliz

Capítulo 31 - Raziel

De repente, este sueño empezó a cambiar.

El colorido y ruidoso jardín de hace unos momentos, ahora está destrozado y lleno de aves muertas con los cuerpos mutilados por todos los rincones. Todas las coloridas aves de antes ahora están muertas.

¿Qué fue lo que pasó?

Estas aves debieron ser Mortales, aunque la sangre de sus cuerpos es extraña, casi parece… que sus propias Almas están sangrando. ¿Qué clase de criaturas eran en realidad estas aves?

-¡NO LO HAGAS! ¡CORAX!

Giré la mirada hacia la voz del niño que gritaba.

Y, vi a un cuervo comiéndose los cadáveres de las aves.

No puede ser… Beth, tú… Cometiste el Primer Pecado Original.

El canibalismo entre Almas.

Te comiste a otros de tu misma especie hasta no dejar nada. Ese horrible pecado fue el que condenó a las Almas a vivir en la ignorancia y en el ciclo eterno de la reencarnación hasta la extinción. Porque las Almas no son eternas, se desgastan inevitable y desaparecen al extinguirse su luz.

Entonces, ¿estos recuerdos de hace cuánto son?

Porque ese niño que está llorando… se parece a mi Maestro.

-¡Corax! ¡Para! ¡Basta! ¡No te los comas! ¡Corax!

Corax… Ella se llama Corax.

Con rápidos picotazos el cuervo negro comenzó a devorar al cuervo blanco.

-¡NO! ¡A CORVUS NO!

Rogó el niño, pero ella no escuchó. Y el niño rogó y rogó, más los ruegos no fueron suficiente para detenerla.

Yo simplemente me quede mirando como entre picotazos el cuerpo blanco desaparecía hasta no dejar nada.

Beth… ¿por qué lo hiciste? Sé que debiste tener una razón para devorarlo aun si no querías hacerlo.

Cuando quise acercarme a ella, todo desapareció y el paisaje era distinto. Era el mismo jardín, pero ya no había cadáveres, solo estaba el niño buscando entre los arbustos los huevos que sobrevivieron.

No sabía que algo así de terrible le había pasado a mi Maestro en el pasado, aunque es bien sabido que los Dioses fueron muy hostiles con él desde que era niño. ¿Habrán sido ellos los causantes de esta masacre?

-Corvus…

¿Eh? Me acerco por detrás para ver que encontró mi pequeño Maestro.

Esa es una pluma blanca.

-Menos mal, Corax no se comió tu pluma. ¡Descuida! ¡Encontraré una manera de rehacerte! ¡Tú solo espera! ¡Pensaré en una idea! ¡Corax se pondrá contenta cuando te vuelva a ver!

Pero solo es una pluma blanca, ¿cómo puede estar tan seguro que es Corvus? ¿Es posible rehacerlo? Espera, ¿eso significa que el Maestro creó a Corvus? ¿Es eso posible?

Maestro, perdone la sinceridad, pero crear no es vuestro fuerte.

Vi a mi pequeño Maestro guardar la pluma blanca junto a otras plumas que encontró tras mucho buscar.

-¡Señorita Colibrí! ¡Gavilán Jr.! ¡Señor Albatros!

Con la alegría guardó cada pluma grande o pequeña dentro de un frasco de cristal. No solo se arrastró por el suelo para buscar, también se subió sobre los árboles y recorrió todos los alrededores para encontrar toda pluma que se haya llevado el viento.

Bueno… tengo que admitirlo.

Mi Maestro siempre ha sido este tipo de Dios, por eso lo apreciamos tanto.

Veo que a usted siempre le ha gustado vestir con traje, Maestro. Que adorable era usted de pequeñito.

Oh, el paisaje cambió. Supongo que no le gustó escuchar eso, ¿te avergonzaste? Jajaja.

Esto… es el Cielo. El antiguo Cielo, cuando los Dragones aún vivían aquí y se encargaban de las Almas.

Con calma sigo al veloz niño que va de un lado a otro preguntando algo a los Dragones en sus oídos, pero todos parecen negarse a lo que les pide. El pequeño no se desilusiona y se lo sigue preguntando a todo Dragón que se lo encuentra.

Oh, parece que alguien aceptó. Me apuro para escuchar mejor lo que hablan.

Dragón Negro: -¿Está seguro de que funcionará? Nunca he escuchado sobre hacer reencarnar un fragmento de Alma en un Dragón.

¡¿Qué hacer qué?! No me puedo creer lo que dice este intimidante Dragón Negro.

-Bueno, más que Almas, ahora son recuerdos. La idea es depositar estos recuerdos antes que se termine de formar el huevo en el vientre de la madre. De esa manera, el Dragón bebé que nacerá tendrá los recuerdos de una vida pasada, pero solo eso, nada más. Serán hijos tuyos completamente, no lo dudes Byrsa.

Lo que dice es lógico, aunque no deja de sonar algo loco.

Byrsa: -Eso no me preocupa. Mientras mis hijos nazcan bien, los detalles no me importan.

-¡Si me haces este favor! ¡Te deberé uno yo también! ¡Cuando quieras y lo que quieras… bueno, algo razonable y posible a mis posibilidades!

Byrsa: -Jajaja, está bien. ¿Y cuántos huevos necesitas para esto?




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