Con miedo vimos caer al alegre niño Divino al suelo rocoso.
¡Maestro!
Esto es solo un recuerdo, no puedo tocarlo. Pero es evidente que se ha quedado sin energía tras perder tanta sangre divina.
Los Demonios asustados solo pudieron rodearlo intentando levantarlo, pero aún son muy débiles para poder cargar a un Dios. Mientras tanto, su sangre divina siguió corriendo por el suelo como si fuesen venas buscando unirse con toda la cueva.
-Hay… que construir casas… y unas puertas muy grandes… Para que nadie entre… o escape. Ustedes… serán libres de ir a donde quieran… Y… quiero que vivan llenos de deseos y que puedan cumplir los deseos de otros… Equivalencia… Si hacen mal… también deben hacer el bien… Aunque no lo hagan gratis… Sean justos con el precio.
Maestro, que inservible me siento al no poder ayudarle. Sé que los Demonios sienten lo mismo, porque tratan de todas las maneras detener su hemorragia, pero no lo logran.
-Ustedes juzgan el mal… recuérdenlo. Son jueces… sean imparciales… Odien… y amen por igual. Ante todo, sean racionales… y astutos… Vuestros padres… creo que es mejor… no decirles. Se pondrán tristes si lo saben… Ustedes heredaron sus dones… y habilidades… úsenlos. Deberán hacerse fuertes… por sí mismos… porque yo no puedo cuidarlos… Yo… soy un Dios inútil… lo siento.
¡Maestro! ¡No diga eso!
Uniendo todas sus fuerzas, los Demonios lo cargaron para levantarlo del suelo. La sangre que caía de sus manos los nutrió hasta hacerlos más fuertes. Con mucho cuidado y esfuerzo, recostaron al pequeño Dios en una roca alta y plana.
-Gracias… Vaya… ¿intentas imitarme? Hazlo… Toma mi apariencia si gustas… Y sé incluso más hermoso que yo.
Gobernante Lujuria.
-Tú… ¿estás celoso? Jajaja… eso es bueno. Pero aún mejor… despierta la envidia en otros.
Gobernante Envidia.
-Amigo mío… eres grande… sé poderoso… y con orgullo defiende a los tuyos…
¡Jefe!
-Los Dragones son orgullosos… pero yo orgullo propio tengo poco… Sin embargo… Tengan la seguridad… de que yo si estoy muy orgulloso de ustedes…
¡Maestro!
Las lágrimas de los Demonios se mezclaron con la sangre Divina, y juntos empezaron a esparcirse a gran velocidad por toda la caverna. Esta poderosa maldita energía divina se ramificó por todas las paredes y empezó a palpitar como si tuviese vida propia.
-Siempre me dicen… que tengo carencias… No tengo orgullo… No siento envidia… Tampoco tengo lujuria… O codicia… Ni pereza… O ira… Menos gula…. Es… porque mi Orgullo son mis creaciones… Mi Envidia es secreta, aunque ellos… viven envidiándome… No siento Lujuria… porque no encuentro el amor… cuando lo tenga… tendré muchos hijos… Mi Codicia es el amor… inmensurable y eterno… Mi Pereza… son mis sueños… Mi ira… no tiene clemencia… por eso no la muestro… y mi Gula es mi hambre de amor. Jajaja… ellos no saben… que yo no puedo comer… Así que ustedes coman por mí… Coman… mis falsas carencias…
Y haciendo realidad a su deseo, los Demonios comenzaron a brillar y a cambiar.
-Sean fuertes… y sanos… Para que vuelen… lo más alto posible… Perdóneme… por fallarles… otra vez… Yo… soy… un Dios… inútil…
Los largos cabellos blancos del pequeño Dios brillaron con más fuerza y empezaron a crecer hasta caer de la roca.
Es la primera vez que lo veo, pero sé que es esto. Los Dioses al crecer lo hacen junto a sus cabellos, entre más largos sus cabellos, más maduran ellos. Pero, no entiendo, ¿por qué sigue siendo tan pequeño de estatura si su cabello ya es así de largo?
-Tengo… frío… Ya es invierno… todo es negro y blanco… No hay sol… no hay color… no hay tiempo. Todos duermen… hasta la primavera. Amigos míos… ¿están ahí?
Todos los Demonios estiraron sus manos para poder tocarlo.
-Demonios… Mis Demonios… Hagamos de este infinito invierno un paraíso demoniaco… Será nuestro refugio… hasta la primavera. Ese es… mi deseo.
-Deseo.
-Deseo.
-Deseo.
La cueva resonó con las voces de los cientos de Demonios que repetían en coro la palabra que marcaría el sentido de nuestras existencias.
Fue así como los deseos avivaron nuestra voluntad de vivir y dieron forma al Infierno.
Tal como el pequeño Maestro lo imaginó en su mente, el Infierno fue creado.
Las enormes puertas sellaron la entrada de la cueva. El techo y paredes se ampliaron hasta casi perderse, las rocas de la cueva emanaron luces tenues para iluminar todo el recinto y la profundidad de la cueva ya no podía verse. Ríos, lagos, cascadas y mares se formaron, junto a una vegetación fluorescente y misteriosa. Y toda la cueva se llenó de un miasma oscuro que nutrió nuestros cuerpos y se convirtió en el aire que respiramos.
El lugar había cambiado rotundamente y los Demonios también.
Los más fuertes tomaron formas más grandes y hermosas, en cambio, los más débiles se arrastraron hacia las paredes de roca y se adhirieron todos juntos como si fuesen una colonia de huevos. Ahí se alimentaron directamente de la sangre divina.
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Editado: 10.01.2026