Las Brujas también desean un final feliz

Capítulo 99 - Annabeth

Al abrir mis ojos, había un hombre de lo más extraño mirándome.

Nunca he visto un ser semejante… Su piel era oscura como la noche y tenía pequeñas estrellas tintineantes en todo el cuerpo. Los rasgos de su rostro eran hermosos y finos; pero es un hombre, su torso desnudo bien marcado lo demuestra.

-Despertaste, dormilona.

Ya no puedo dejar de mirar esos ojos con iris negros tan profundos como un abismo.

Ahora no tengo dudas.

Annabeth: -Raven…

Sé que es él, pero. Pero… tengo una corazonada.

Cada pelo en su cabeza, cejas y pestañas es de un blanco puro que resplandece con luz propia. Y es tan suave… Y las enormes alas de su espalda son de un blanco que soy incapaz de olvidar.

Annabeth: -¿Corvus?

-Jajaja, eres algo lenta, Corax. Pero eso es lo que adoro de ti.

Realmente es Corvus… Raven es Corvus… El hermano que yo me comí. ¿No me odias por comerte?

Las preguntas de mi mente desaparecieron y mi corazón casi explota al verlo besar el torso de mi mano. He recordado todas las confesiones de amor que Raven me ha dicho por 2 mil años, yo… no estoy lista para dar una respuesta todavía.

-Mi pequeña cobarde, no huyas de mi amor y no te hagas la tonta.

Annabeth: -¡No sé de qué hablas!

¡Viva la ignorancia!

-Que mentira más mala.

Me dice antes de abalanzarse contra mí para abrazarme. Esta… temblando. Entiendo, yo también te extrañé. Al igual que tú, yo también te abrazó con todas mis fuerzas.

-Te amo, Beth.

Susurras en mi oído y al escucharlo mi cuerpo vuelve a quedar tieso, aunque mi corazón bombea como una locomotora fuera de control.

Annabeth: -Yo… ah… ah…

-Jajaja, tonta, no espero que me respondas ahora. Solo quiero que lo sepas. Porque ten por seguro que me robaré tu corazón. Quiero tu amor solo para mí.

Cuervo descarado… Mi pobre corazón no puede contener la alegría y vergüenza de que me digas algo así.

Soy débil ante los hombres apuestos, pensé que ya me había hecho inmune a la belleza masculina, pero veo que no es así.

Sí, es eso, solo estoy nerviosa por su belleza, ¿quién no se pone nerviosa cuando un chico lindo se le confiesa? Me siento como una tonta niña en sus primaveras. En el amor, soy una tonta que no piensa bien las cosas. James fue una horrible experiencia para mí, no quiero volver a ser el juguete manipulable de alguien.

-Oye, te estoy declarando mi amor y tú pones esa cara de lo más fea. Te habló en serio, Beth, ¡¡ME GUSTAS!! ¡TE AMO! Así que deja de mirarme como si miraras mierda.

Annabeth: -Perdona, no eres tú, Raven. Es que he recordado a una mierda de hombre.

Raven también pone una expresión de disgusto en su cara que es muy graciosa, la verdad.

Annabeth: -Jajajaja.

-Al menos ahora si sabes reconocer a la mierda, jajaja. Aprende de la experiencia y elígeme, soy la mejor opción, ya lo verás.

Annabeth: -Sigues siendo el mismo presuntuoso, Raven.

-El orgullo es mi esencia. Yo soy Raziel, ese es mi nombre, haré que nunca lo olvides.

Es verdad, supongo que ya no puedo llamarle Raven otra vez. Pensar que mi lindo y gordito Crow se convirtió en este hombre me hace llorar el corazón. Sabía que iba a ser apuesto, tenía bellos rasgos, pero no pensé que tendría una belleza tan abrumadora y un descaro tan alto como el cielo.

Con ayuda de Raziel me puse de pie. Qué vergüenza, estuve recostada en sus muslos todo este tiempo.

Annabeth: -Raziel… ponte ropa, esa tela no tapa mucho.

Raziel: -Esto no es ropa, es mi cuerpo. Esta prenda blanca es parte de mí.

La tela blanca que envuelve su cintura empezó a crecer para envolver su cuerpo negro lleno de estrellas. Aun con el torso medio descubierto me sonríe con total descaro, este el “Raven” que yo conozco. Mi pequeño Crow, ¿Dónde quedó tu dulce inocencia?

Raziel: -¿Qué tal me veo? ¡¿Soy hermoso?! ¡Mira mi piel! ¿A qué parecen pecas? Jajaja, ahora el pecoso soy yo. Las tuyas apenas se ven ahora.

Annabeth: -¿Mis pecas?

Al querer tocar mi rostro, me di cuenta que mis manos eran doradas y resplandecían como los Espíritus. ¡Todo mi cuerpo está brillando! ¡Y ya no soy una niña! ¡Soy una adulta otra vez!

Raziel hizo aparecer un gran espejo para que pudiese verme.

¿Esa soy yo?... ¡¿Esa mujer tan bonita soy yo?!

Annabeth: -¡¿Tu espejo está bien?! ¿No le habrás puesto un hechizo o algo así? ¿Esa soy yo?

Raziel: -Tu baja autoestima realmente me sorprende. Beth, eres la mujer más hermosa que existe con o sin pecas. ¡Ese es tu rostro! ¡El mismo rostro con el que naciste! ¡¡¡Eres preciosa, acéptalo de una vez!!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.