Las canchas de mis sueños

Capitulo 3

EMILIA

Un día normal, como cualquier otro, estaba en la biblioteca del colegio, pues mi amiga Sofía hoy faltó al colegio; estaba algo enferma. Cuando pude ver a mis compañeros, también noté a un chico con flores. Él era muy molesto conmigo siempre en el salón y eso me incomodaba bastante.
Estaban gritando cuando escuché que dijeron:
—Ahí está—.
Me señalaron con el dedo. Uno de ellos tenía una cartulina que pude ver que decía: ¿Quieres ser mi novia, Emilia? Sí o no. Ahí fue cuando entendí.
Cuando la encargada de la biblioteca les dijo que no podían estar gritando, que era mejor que se retiraran si no iban a leer algo, todos se salieron. Me estaban esperando afuera.
Solo quería que la tierra me tragara, pues yo no sabía decir que no. En serio, era muy difícil para mí decir esas dos palabras.
Cuando a lo lejos pude ver a Daniel, no tenía a otra persona que me ayudara en ese momento, pues no conocía a nadie más, y él era perfecto para esto. Tuve que hacer lo que nunca hubiera imaginado que iba a hacer. Me fui a toda rapidez hacia el lugar donde se encontraba, y también pude ver a Liam; eso hizo que me calmara un poquito.

DANIEL

—Emilia—: ¡Hola! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Sé que no nos conocemos muy bien, pero en realidad necesito su ayuda en una cosa. Si no sería una molestia, ¿me pueden ayudar, por favor? —lo digo nerviosa.
—Daniel—: Sí sería mucha molestia, lo siento, pero no —lo dije con mucha confianza y seguridad.
—Liam—: No le hagas caso. ¿En qué quieres que te ayudemos?
—Emilia—: Es que se me quieren declarar y, pues, como que no sé decir que no. Quiero saber si me pueden ayudar en eso. Es que están afuera esperando a que salga.
—Daniel—: ¿No sería más fácil decirle a tus amigas que te ayuden antes de decírmelo a mí? Porque son cosas que en realidad no me interesan en lo más mínimo. Solo eres una desconocida para mí y también para Liam, entonces mejor vete —estaba serio y molesto.
—Emilia—: Es que mi amiga hoy faltó y no me puede ayudar.
—Daniel—: Le puedes decir a otra amiga.
Guardó silencio por algunos segundos

EMILIA

Cuando me dijo eso, sentí un nudo en la garganta. Tenía que decir algo, pero no sabía cómo decir que Sofía era mi única amiga.
—Daniel—: Oye, ¿estás bien? No me preocupo por ti, es que tengo cosas que hacer.
—Liam—: No te preocupes, yo te puedo ayudar, y también Dani.
—Daniel—: Liam, no digas cosas que yo no dije.
—Emilia—: Gracias, Liam, te lo agradezco mucho. ¿Y tú, Daniel, quieres ayudarme?
—Daniel—: Pues, ¿por qué no? Está bien, solo porque soy buena persona. No me tienes que agradecer.
—Emilia—: ¿Está bien?
No podía creer que me estaban ayudando. Me sentí muy bien; por primera vez alguien que no fuera Sofía o mi familia fue muy amable conmigo.
—Daniel—: Emilia —lo dijo con una voz algo bajita.
—Emilia—: ¿Qué pasó?
—Daniel—: Mira, vas a salir y, cuando se te declaren, ahí es donde Liam entra. Él va a decir que es tu novio y tú te tienes que ver algo molesta. Yo voy a ver desde aquí si lo están haciendo bien. Pues ya vayan.

LIAM

—Liam—: No voy a hacer eso, Dani.
—Daniel—: ¿Por qué no? No es tan difícil.
—Liam—: Me da pena decir que Emilia es mi novia. No puedo decir eso, y no es porque Emilia esté fea; está bonita, pero ¿cómo voy a decir eso?
—Emilia—: No pasa nada, yo también hubiera dicho lo mismo. Y Daniel, ¿por qué no lo haces tú?
—Daniel—: Ni loco voy a decir que tú eres mi novia. Ya sé que estoy muy guapo y todo, pero no porque te guste tengo que decir eso por ti.
—Liam—: Ya, guarda silencio, Dani. Hay que hacer otra cosa.
—Daniel—: Está bien, Liam.
—Liam—: Mira, vamos a ir los tres y ahí vemos qué vamos a decir. ¿Está bien, Emilia?
—Emilia—: Para mí sí.
—Liam—: Pues vamos.
—Emilia—: Ah, sí.
—Daniel—: A mí también me parece tu idea, Liam.
—Liam—: Qué bueno, pues ven —lo dijo con una risita.

EMILIA

Salí de la biblioteca algo nerviosa y pude ver al chico que me iba a pedir que fuera su novia. Todos estaban gritando muy fuerte. Sabía que no le gustaba; solo quería salir con todo el salón, pues yo lo podía ver en sus ojos y en su forma de ser.
—El chico—: Lee la cartulina y dime lo que piensas sobre eso.
—Daniel—: ¿Cómo le vas a decir eso con una cartulina? Qué naco.
—Amigo—: ¿Y a ti qué te importa, Daniel?
—Daniel—: No tengo que decirte por qué me importa ella. Solo sé que no quiere salir contigo.
—Amigo—: No me voy a ir. ¿Y tú cómo sabes que no le gusto?
—Daniel—: ¿Cómo no voy a saber algo tan fácil? Ella me dijo.
—Amigo—: Emilia, dime tú.
—Amigo— (susurrando): Y si no quieres, ni que fueras la gran cosa.
A veces hay personas que solo dicen lo que quieren, sin sentir amor, y eso hace que el amor verdadero nunca puedas verlo. Esa persona que dice amarte te esconde ese amor.
Pero no podía encontrar esas dos palabras, no podía decir que no… hasta que vi los ojos de esas dos personas que me ayudaron, solo porque no podía decirlo. Y entonces fue cuando encontré por fin esas palabras:
—En realidad tiene razón… no quiero ser tu novia, lo siento.




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