Tema: Amor instantáneo
Consigna: Describe el momento exacto en que dos personajes se enamoran por primera vez, usando solo los ojos de uno de ellos.
El aire acondicionado del aeropuerto de Margarita golpea mi cara, un alivio fugaz después del calor húmedo del exterior. La maleta rueda pesadamente a mi lado, un recordatorio de los días llenos de verde y frío que dejo atrás. Mis pensamientos vagan, un remanso de calma después de la vorágine de las juntas de negocios. Observo a la gente pasar, absorta en sus despedidas y reencuentros, sin que nada realmente capture mi atención.
Entonces, lo veo.
Mi respiración se atasca en mi garganta. No es un sobresalto, es una pausa abrupta, el tiempo parece haber decidido dar un paso atrás solo para que yo lo note. Él está parado cerca del mostrador de desembarque, un oasis en medio del caos. Es alto, su figura delgada se recorta contra la ventana que da a la pista. Su cabello, un rubio casi blanco, atrapa la luz, como si un halo lo rodeara, es un ángel. La piel pálida, un contraste llamativo con los tonos cálidos de la isla, parece casi translúcida.
Mis ojos viajan hacia los suyos. Son de un azul tan intenso, tan profundo, que siento un tirón, un eco en el pecho. Es como mirar un océano inexplorado, vasto y magnético. Una punzada me atraviesa, aguda y extraña. No es la chispa de un flechazo dulce y romántico que he leído en los libros. Es algo más elemental, más primario.
Mi mente, antes tan serena, se comienza a acelerar. Una idea se planta en mi cabeza, firme e inamovible: lo quiero. No como se quiere un capricho o un objeto bonito. Lo quiero de una forma que nunca antes había experimentado. Un fuego se enciende en mi vientre, extendiéndose rápidamente, quemando cualquier rastro de la calma que me envolvía.
Mi corazón late ahora con una fuerza desbocada, un tambor tribal en mis costillas. Mis manos, de repente, se sienten frías y tontas. Observo cómo mueve un poco la cabeza, buscando algo. Sus gestos son elegantes, cada movimiento calculado. No puedo apartar la vista. Cada fibra de mi ser grita su presencia, exige su atención.
Una sonrisa se dibuja lentamente en mi rostro, una sonrisa que no tiene nada de dulce. Es una promesa silenciosa, una declaración de intenciones. Él es hermoso, sí, pero no es solo la belleza lo que me atrae. Es la fragilidad que percibo bajo su piel pálida, la vulnerabilidad en sus ojos azules que me llama, que me invita a poseerlo, a envolverlo en mi mundo.
Mío.
La palabra resuena en mi cabeza, una campana que no se detiene. Lo quiero para mí, para cuidarlo, para que sea solo mío. Un cachorro, eso es lo que es. Un cachorro hermoso y delicado que necesita ser reclamado, adiestrado, amado con una intensidad que lo devore todo. La idea de que otra persona pueda siquiera mirarlo de la misma manera me revuelve el estómago. Una punzada de celos, cruda y visceral, me golpea.
Mi respiración se vuelve superficial y rápida. Siento la urgencia, una necesidad imperiosa de acercarme, de tocarlo, de marcarlo. Las personas a mi alrededor se desdibujan, sus voces se convierten en un murmullo distante. Solo existimos él y yo en este espacio, aunque él no lo sepa aún.
Mis pupilas se dilatan. Mi pecho sube y baja con rapidez. La calma se ha desvanecido por completo, reemplazada por una tormenta de emociones incontrolables. Obsesión. Deseo. Posesión. Esas son las palabras que bailan en mi mente, un mantra oscuro y seductor.
Mis pies empiezan a moverse, casi sin mi permiso, en su dirección. Mis ojos no se apartan de él ni por un segundo. Cada paso es un acto deliberado, una aproximación sigilosa. Siento el poder crecer dentro de mí, la certeza de que este chico, este hermoso ser angelical, será mío. Es una verdad innegable, grabada a fuego en lo más profundo de mi ser.
Él se gira ligeramente, y por un instante fugaz, nuestras miradas se encuentran. Mis labios se
curvan en una sonrisa aún más pronunciada, una sonrisa que esconde la voracidad de un depredador. Mis ojos arden con una intensidad que podría quemar. No gira su mirada, ambos nos conectamos en un momento, un sentimiento.
Lo quiero.
Y todo lo que quiero. Lo consigo.