Las Caras Del Amor - Recopilación de historias

Amor no correspondido

Tema: Amor no correspondido
Consigna: monólogo interno de alguien que ve a su amor besándose con otra persona, desde lejos.

Canción de inspiración: Al fin - Ashley (Ha*Ash) SING https://www.youtube.com/watch?v=EtBuOgoImwE (recomendado escuchar mientras se lee)

El sabor metálico de mi propio labio mordido es lo único que me ancla a la realidad. Las luces de neón del estudio de ensayo parpadean, rítmicas, como un corazón que se niega a detenerse. Ella se sujeta al brazo de él, nunca terminaron.

Frente a mí, Gustav se guarda las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero con una indiferencia que quema. Sus compañeros de banda ríen al fondo del pasillo; alcanzo a escuchar el tintineo de las monedas de la apuesta que acaba de ganar.

—No te lo tomes tan en serio, Thalía —su voz tiene esa cadencia suave que antes me hacía flotar —. Solo quería ver si la "Idol de Hielo" era tan difícil de romper y fría como dicen. Resulta que no.

Su risa es un rasguño en un disco de vinilo. El amor que sentía por él, esa masa cálida y estúpida en mi pecho, se contrae. Se enfría. Se vuelve algo afilado.

Entro en mi estudio privado y cierro la puerta con doble llave. El silencio es un lienzo en blanco.

No lloro. Las lágrimas son desperdicio de hidratación, y yo necesito cada gota de mi ser para lo que viene. Me arranco los pendientes de diamantes y los lanzo contra el espejo; el estallido del cristal suena como un aplauso.

—¿Un juego, Gustav? —susurro a mi reflejo fragmentado —. Bien. Juguemos hasta que se te salgan los ojos.

Me desplomo frente al piano. Mis dedos no buscan melodías dulces; buscan disonancia. Golpeo las teclas con una urgencia febril. El papel pautado vuela por la habitación mientras mi bolígrafo se desliza con la violencia de un toro embistiendo la tela roja.

Escribo. Las palabras son bilis y miel. Cada acorde es una trampa; cada verso, un anzuelo diseñado para incrustarse en su garganta. No estoy escribiendo una canción de despedida, estoy diseñando un virus.

El ritmo, un latido obsesivo que imita la taquicardia. La letra, Una confesión de vulnerabilidad tan cruda que lo hará sentir como un dios, para que luego la caída sea mortal. La meta, que cuando esta canción suene en cada radio, en cada club, en sus propios auriculares, él no pueda respirar sin pensar en lo que desechó.

Mi respiración es corta, errática. El sudor me pega el cabello a la frente. Rayo el papel hasta que la punta del bolígrafo rompe la fibra. Quiero que me ame. No con la ternura con la que yo lo amé, sino con la desesperación de un náufrago. Quiero que su alma se doblegue ante mi voz, que me busque en cada sombra, que se arrepienta de haber apostado con el fuego.

Tomo el micrófono. El aire en la cabina de grabación está cargado de estática. Cierro los ojos y visualizo su cara cuando se dé cuenta de que ya no soy su trofeo, sino su dueña.

Presiono el botón de grabado. La luz roja inunda la sala, bañándolo todo con el color de la advertencia.

—Esta es para ti, Gustav —murmuro antes de que la primera nota desgarre el aire—. Gracias por el material.

Mi voz sale rota, hermosa y letal. Sé que esta canción será el himno de su ruina. Mañana, el mundo entero coreará mi dolor y él entenderá, demasiado tarde, que el peor error de un hombre es creer que puede jugar con el corazón de una mujer que tiene el poder de convertir su miseria en oro.

La melodía termina en un silencio súbito, dejando una vibración eléctrica en el ambiente. Sonrío a la cámara de seguridad del estudio. El juego no ha terminado.

Acaba de empezar.



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En el texto hay: romance, amor, relatos cortos

Editado: 13.03.2026

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