Alexander Black llevaba veinte minutos mirando a la mujer sentada frente a él.
Ella llevaba otros veinte minutos con la mirada clavada en la mesa.
—¿Nombre?
—Cassandra.
—¿Apellido?
—Prefiero Cassi.
Alexander levantó una ceja.
—No le pregunté qué prefería.
Cassi levantó la mirada y lo encaró.
—Y yo no le pregunté si quería saberlo.
El detective la observó durante unos segundos en silencio. Definitivamente no estaba frente a una mujer fácil.
—Cassandra...
—Cassi.
—Cassandra —repitió él con firmeza.
Ella suspiró con dramatismo.
—Qué hombre tan insoportable.
Alexander tomó nota en su libreta sin inmutarse.
—¿Siempre le habla así a los detectives?
—Solamente a los que me interrogan a las tres de la mañana.
—Son las cuatro.
—Peor a mi favor.
Alexander tuvo que hacer un esfuerzo consciente para contener una sonrisa. No sabía si aquella mujer era la sospechosa principal de un asesinato o si simplemente estaba completamente loca.
Probablemente ambas cosas.
—¿Qué hacía exactamente en el bosque?
Cassi bajó la mirada. Ahí estaba el verdadero problema: no podía decirle la verdad. No podía confesarle que había visto al hombre muerto antes de que ocurriera, que lo había atestiguado en una visión junto a una mujer armada con un cuchillo. Si lo hacía, terminaría directamente en una habitación acolchada.
—Necesitaba caminar.
Alexander la miró con escepticismo.
—¿A las dos de la mañana?
—Sí.
—En medio de un bosque.
—Sí.
—Sola.
—Sí.
—¿Y espera que me crea eso?
—No.
Alexander apoyó los brazos sobre la mesa, inclinándose hacia ella.
—Por fin coincidimos en algo.
Cassi lo miró con evidente fastidio.
—¿Siempre es así?
—¿Así cómo?
—Desagradable.
—Solamente cuando estoy trabajando.
—Entonces debe de trabajar muchísimo.
Alexander volvió a apretar los labios para no sonreír. No podía creerlo: estaba interrogando a la sospechosa de un homicidio y ella conseguía desarmarlo con tanta facilidad. Aquello no le gustaba en absoluto. Nada en esa mujer le agradaba, especialmente la intensidad de sus ojos... porque tenía la certeza de que le estaba ocultando algo crucial.
Una hora después, Cassi fue liberada. No porque Alexander confiara en ella —todo lo contrario—, sino porque no tenían pruebas suficientes para retenerla. Aunque tampoco para descartarla.
Alexander la siguió hasta la salida de la comisaría.
—Cassi.
Ella se detuvo en seco sin girarse del todo.
—¿Qué?
—No salga de la ciudad.
Cassi lo miró por encima del hombro.
—¿Es una amenaza?
—Es un consejo.
—¿Y si decido irme?
—Entonces tendré que ir a buscarla.
Cassi sonrió con ironía.
—Qué romántico.
Alexander la miró descolocado. Ella se limitó a encogerse de hombros.
—Era una broma.
—No fue graciosa.
—A mí sí me dio gracia.
Sin decir más, se dio la vuelta y echó a andar. Alexander la observó alejarse en la penumbra hasta que Sofía se colocó a su lado.
—Te gusta.
Alexander giró la cabeza bruscamente.
—¿Qué?
—La chica.
—Es sospechosa de asesinato, Sofía.
—Esa no fue una negativa.
—Sofía...
Ella sonrió con picardía.
—Solo digo que hace mucho tiempo no te veía discutir con una mujer durante tanto rato.
Alexander exhaló un largo suspiro.
—Necesito un café.
—Eso tampoco es una respuesta.
—Es la única que vas a conseguir.
Sofía soltó una risotada mientras él volvía a fijar la vista en la calle. Cassi ya había desaparecido, pero había algo que no dejaba de darle vueltas en la cabeza: ella sostenía que no conocía al muerto; sin embargo, cuando los agentes llegaron, Cassi ya sabía exactamente hacia dónde dirigir los pasos.
Eso no podía ser una simple coincidencia.
Unos minutos más tarde, el teléfono de su escritorio sonó.
—Detective Black.
—Detective, encontramos algo más en la escena del crimen.
—¿Qué cosa?
—Una huella.
—¿De quién?
Al otro lado de la línea hubo una pausa prolongada.
—Aún no lo sabemos con certeza.
Alexander se puso de pie al instante.
—Voy para allá.
Tomó su chaqueta y, antes de cruzar la puerta, miró la carpeta del caso abierta sobre la mesa. El nombre de la víctima resaltaba en letras oscuras: Adrián Valdés. Y justo debajo: Principal sospechosa: Cassandra "Cassi" ____.
Alexander sujetó el expediente y lo guardó bajo el brazo. No sabía por qué, pero estaba convencido de que esa mujer era la clave de todo.
La única pregunta era: ¿como la culpable... o como la siguiente víctima?
Editado: 02.10.2026