Las Cartas -Dorsetshire 1

Capítulo 15

Cuando estaban movilizándose  para regresar habían caído en una emboscada, recordaba  haber recibido una bala en un hombro, recordaba el dolor, luego  alguien le había golpeado la cabeza, quizás para rematarlo, y ya luego no recordaba nada hasta que había vuelto en sí  en un hospital, varias semanas después. La infección en la herida, más el golpe en la cabeza lo habían tenido inconsciente muchos días, hasta que finalmente  pudo  recuperarse y decir quién era. Entonces como si un reloj detenido volviera a girar  todo se puso en marcha, contactaron a sus superiores, a algunos compañeros que habían sobrevivido como él, y luego  regresó a Londres y desde allí, a casa.

Aún demoraría un tiempo más en curar su brazo, pero sanaría. Estaba vivo, porque otro regimiento había llegado  tras la emboscada y había salvado a los sobrevivientes, él tuvo suerte, al desvanecerse lo creyeron muerto y eso permitió que  lo rescataran después. Le habían robado todo lo que llevaba encima, hasta las botas, por eso no lo habían reconocido, pero estaba vivo y eso era suficiente.

No había avisado a sus padres de su regreso, tenía miedo que si lo decía algo  imprevisto le impidiera llegar a casa. Así que cuando aquella noche golpeó la puerta de su  hogar, fue una sorpresa. Estaban tan felices de tenerlo allí que no le reclamaron aquella decisión. Su madre lo abrazó llorando durante  un tiempo que pareció eterno, su padre más estoico le dio un abrazo leve y le palmeó la espalda. Se detuvo en la entrada un instante, con un pequeño bolso, que también contenía las cartas , rescatadas de sus pertenencias por un compañero.Por suerte  los saqueadores no le dieron valor a esos papeles que eran, para él, su posesión más valiosa, las tiraron y alguien las recogió, milagrosamente le fueron regresadas cuando estaba en el hospital. Suspiró y  entró a su casa como si cruzara un umbral entre la vida y la muerte que lo había seguido aquellos meses.

Sin embargo, cuando se despertó en la madrugada  acosado por horribles pesadillas supo que no sería fácil, que el regreso sería un proceso lento. Y que ya nunca volvería a ser el que fue.

En la mañana, ni siquiera supo si la Dorset a la que había regresado era un sueño, si era   el condado que había dejado años atrás, o si acababa de entrar a la Dorset de las cartas de Balzac.

Se sentía un extraño en su propia casa, le había pedido a su madre que aún no aceptaran visitas, ella no había entendido al principio porque estaba tan feliz que simplemente quería anunciarlo a todos, y de ser posible hacer una fiesta de bienvenida, pero su padre, que alguna vez había servido en el ejército, sí entendió.

-Ya habrá tiempo, dejémoslo descansar por ahora- dijo firmemente.

Leonard necesitaba tiempo para adaptarse, para  volver a ser un poco él y dejar el soldado atrás. Pero los recuerdos, las pesadillas, las pérdidas eran un lastre pesado. No sentía que tuviera veintiocho años, sino muchos más. Tampoco sentía que pudiera volver a sus viejos amigos aún, y retomar la vida social, era difícil sentirse comprendido, salvo por una persona. Una sola persona lo conocía  realmente, al que era ahora.Y quería verla desesperadamente, había pensado escribirle desde Londres, pero no había podido, había preferido regresar de prisa y  encontrarse con ella, con su mejor amiga, con su Balzac.

Sus sentimientos eran contradictorios, porque deseaba salir corriendo a buscarla, pero también quería esperar a estar en mejores condiciones. Le costaba mover el brazo con normalidad, no podía hacer esfuerzos y estaba bastante delgado, quizás hasta demacrado. Hacía tiempo que  su aspecto físico no le importaba, pero ahora, frente a la posibilidad de verla, quería estar presentable.

Además aún no sabía cómo hacer para verla, ir a su casa sería algo completamente inadecuado, quizás pudiera enviarle mensaje para encontrarse o esperar coincidir con ella en algún evento social. Eran amigos desde hacía dos años, pero  el resto de Dorset no lo sabía, había normas sociales que cumplir, más si quería protegerla. No podía  correr hacia ella gritando “Regresé”  y abrazarla , aunque deseara hacerlo. Y lo deseaba, mucho.

Al segundo día, mientras tomaba el té con su madre  en el jardín, no pudo evitar recordar la infame reunión de la señora Willhemina Wilson , y eso hizo que ya no pudiera contener su curiosidad. Y mientras conversaban sobre los habitantes de Dorset intentó saber sobre  su amiga.

-Madre, ¿qué sabes de Chloe Greybooks? – preguntó Leonard en forma casual, tratando de sonar despreocupado, pero a su madre no se la podía engañar tan fácilmente.

-¿Chloe Greybooks?

-Me envió una tarjeta postal hace un par de años. Para Navidad.

-¡Ay querido! Solo la viste un par de veces antes de la guerra, nunca imaginé que pudiera interesarte, tampoco me la has mencionada antes. De haberlo sabido...-dijo interrumpiéndose.

-¿Madre sucede algo? – preguntó alertado por el tono de la mujer.

-Leo, ella se casó con Anthony Doyle en primavera y está esperando un hijo- respondió.

-Ya veo - contestó él con un tono de voz que carecía de emoción. Los pensamientos giraban vertiginosamente en su cabeza, era como si de pronto le hubieran quitado el  suelo sobre el que pisaba y estuviera cayendo. No supo qué pensar,  ¿ella era una muy mala mujer? o Chloe Greybooks no era su Balzac, nunca lo había sido. Leonard se sentía inclinado por esta última opción ,quizás lo había intuido desde hacía mucho tiempo, pero tendría que comprobarlo.




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