Las Cartas -Dorsetshire 1

Capítulo 18


AVISO : 

Buenas noches, paso a dejar capi y a avisar que no estaré actualizando muy seguido ( no como lo venía haciendo). Estoy teniendo algunas cuestiones familiares y no tendré tiempo ni cabeza para estar escribiendo en estos días. La historia  está en mi mente terminada, así que les pido paciencia, no quedará inconclusa y espero, cruzando dedos, vuelva pronto. 

También les pido manden  mucha energía positiva que me hace falta .

Ahora sí, abrazo grande. Cuídense mucho. Se los quiere

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Aquellos días , Leonard volvió a librar otra batalla, mientras buscaba a su Balzac también decidió ganarle a las sombras de Crimea que lo acompañaban. Si encontraba a la mujer de sus cartas, quería ser digno de ella, y actualmente le era difícil hasta conciliar el sueño, pues las pesadillas lo torturaban. No quería ser un hombre roto, quería sanar las heridas que llevaba dentro tanto como las exteriores. En general leía hasta la madrugada, hasta que se quedaba dormido cerca del amanecer, necesitaba superar eso, así que probó los métodos que Balzac le había sugerido.
En primer lugar fue hasta el Castillo Maiden para ver el amanecer como ella le había sugerido, ya caminar hasta allí le sirvió para despejarse, y casi que la imaginó a su lado, recorriendo el trayecto hasta las ruinas. Allí esperó el amanecer, después de la oscuridad más profunda, observó maravillado como los primeros rayos de luz iban transformando el paisaje, poco a poco, segundo a segundo. Finalmente la salida del sol cubrió a las piedras y al mismo en una suave luz dorada, que era , también, la promesa de un nuevo día. “Todo va a estar bien” había dicho ella en sus cartas, y así era, esa fue la sensación que tuvo al contemplar el amanecer, sabía que llevaría tiempo, pero poco a poco, él también iba a transfigurarse y recuperarse a sí mismo. E iba a encontrarla.

Para combatir sus problemas de sueño, siguió el consejo de las largas siestas al sol en los distintos bosquecillos que había alrededor, aunque su favorito era , tal como Balzac había recomendado, el que estaba al lado del arroyo entre las propiedades de los Kingsey y los Bennet. El sonido suave del agua era relajante, los árboles eran antiguos y la hierba alta, el lugar tenía un aire de salvajismo que lo hacía pensar en tierras de elfos más que de humanos. Iba allí cada vez que podía, se llevaba un libro y se quedaba dormido debajo de algún árbol un par de horas, y aquella tranquilidad que lograba, poco a poco la trasladaba a sus noches. Cuando la noche le daba ansiedad, se imaginaba en el bosquecillo y dormía mejor.

La naturaleza era sanadora, mucho más si podía llenarse de sol, cielos azules y aire de bosques, como si todo su cuerpo se renovara y el aire de la guerra fuese reemplazado por lo mejor de su hogar.

Aquel día se había quedado profundamente dormido, hasta que algo lo golpeó. Mejor dicho, alguien.

Josephine había salido a dar un paseo, pero como su mente estaba muy inquieta, había tomado un libro , leer la obligaba a concentrarse y no divagar en pensamientos que le hacían daño, así que casi sin darse cuenta se dirigió a uno de sus lugares favoritos y deambuló por el bosquecillo al tiempo que leía. Caminar mientras leía era algo que hacía cada tanto, en su habitación o en la naturaleza, donde no era un riesgo para nadie. Así que cuando tropezó con algo en medio de la alta hierba, más bien con alguien, se sorprendió. Aunque más sorpresivo fue la caída subsiguiente.

Leonard se despertó cuando le golpearon las piernas, y antes de que pudiera incorporarse completamente sintió un grito y alguien le aterrizó encima en medio de un revuelo de faldas y exclamaciones.

Josephine se cayó sin poder evitarlo, en la caída, su libro y sus gafas salieron disparadas y ella intentando maniobrar para no caer, termino enredada en su propia ropa y aterrizó sobre alguien.

-¿Está bien?- preguntó Leonard a la mujer que tenía encima

-Lo siento- dijo ella mientras intentaba, inútilmente, levantarse. Justo en ese momento quedaron mirándose.

-¡Usted! – exclamó él al reconocerla y ella no pudo más que pestañear, lo tenía lo suficientemente cerca para poder ver cada rasgo sin necesidad de sus gafas. Era Leonard, lo que la hizo intentar incorporarse más rápido, para terminar cayendo nuevamente sobre su trasero. Pero al menos ya no estaba sobre él.

-¿Señorita Lawrence? – preguntó Leonard acuclillándose a su lado.

-Estoy bien, gracias – dijo ella sin atreverse a levantar la mirada mientras tanteaba en la hierba para encontrar sus gafas.Su vida debía estar regida por alguna regla que implicaba que mientras más huyera de algo más lo encontraría, en este caso, era la segunda vez que su encuentro con Leonard terminaba en un contacto físico. Primero había terminado en sus brazos y ahora lo había aplastado.

Leonard vio el reflejo del cristal y recuperó los lentes que por suerte no se habían roto.

-¿Busca esto? – preguntó retóricamente y cuando ella levantó la cabeza, le colocó las gafas.

-Sí, gracias- respondió acomodándoselas.

-¿De verdad está bien?

-Sí, solo me sorprendí.

-También yo, no esperaba que me despertaran con un golpe- dijo risueño, la verdad que la situación era bastante divertida.

-Y yo no esperaba que hubiera alguien entre la hierba, ¿qué hacía allí?

-Dormía una siesta, me dijeron que era un buen lugar - respondió y ella recordó que le había recomendado hacerlo. Había sido una tonta al ir ahí, pero en verdad no esperaba que Leonard le hubiera hecho caso. Y no esperaba que sus ideas para consolarlo se volvieran contra ella.

-Es un peligro- murmuró casi para sí misma, sin determinar si se refería al encuentro o al hábito de dormir escondido entre la alta hierba.




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