Las Cartas -Dorsetshire 1

Capítulo 31

Después de beber el té, se pusieron a recoger flores, pues Millicent había expresado su deseo de llevarle un bonito ramo a su madre y los demás habían acordado que era buena idea. Así que los cuatro se pusieron a buscar  flores para el ramo, aunque antes, Josephine advirtió sobre cuáles podían cortar y cuáles no para no dañar las plantas o afectar su crecimiento.

Y en el proceso terminó con flores silvestres entre sus trenzas, ya que la pequeña Marshall había  empezado poniéndole una flor y luego se había unido su hermano e incluso Leonard la había pillado distraída y había agregado alguna flor a las que habían puesto los niños en las trenzas que llevaba entrecruzadas , por lo que ahora parecía llevar una corona de flores.

Ella aceptó la sugerencia de que también recogieran un ramo para su madre, así que cuando se marchó con los niños, tras prometer volver a visitarlo, iba cargando flores entre los brazos y en el cabello.

Después de dejar a los Marshall, regresó a su casa. Su familia estaba  reunida en el living y  solo cuando  se quedaron contemplándola con curiosidad, ella recordó  que aún llevaba las trenzas adornadas.

-¿Jugaste en el bosque, Jo? – preguntó su hermana y ella negó con la cabeza, luego le dio el ramo de flores a su madre.

-Creo que estuviste jugando en el jardín de Leonard Knigth – comentó su madre y ella la miró sorprendida, a esa mujer jamás se le escapaba nada.

-Sí, llevé a los  niños allí, ya que el señor Knigth los había invitado.

- Parece un buen joven. Lo pasó mal en la guerra, sus padres estaban muy preocupados pro él, pero el señor Knigth me dijo que lo ve mucho mejor. Parece que le proyecto de reformar la casa de los Cuthbert ha sido un buen aliciente – comentó su padre dejando  el periódico que estaba leyendo y la miró como si esperara una respuesta.

-Supongo que estar ocupado en algo siempre ayuda- contestó evasiva y luego escapó diciendo que iba a darse un baño y cambiar su ropa.

Sin embargo cuando terminó de bañarse, su hermana la esperaba en su habitación.

-¿Qué piensas de Leonard Knigth, Jo? –preguntó.

-¿Debería pensar algo?

-Bueno, tú  tienes pensamientos sobre todo – contraatacó su hermana- Pero a lo que me refiero es que Gabriel tiene muy buena opinión de él, dice que es un buen hombre. Y si no me equivoco te has encontrado varias veces con el señor Knigth.

-Es agradable- respondió escuetamente mientras se cambiaba la ropa.

-¡Josephine! No es a eso a lo que me refiero. Quiero saber si te  gusta de otra forma.

-Mi querida Beth, lo que pienso es que tu futuro casamiento te ha alterado los sentidos. Sabes que no tengo interés en casarme, así que por favor, no juegues a ser casamentera conmigo. Leonard Knigth es un buen hombre, me cae bien, los Marshall lo aprecian mucho y tras algunos encuentros  hemos llegado a tener una amistad, o lo más parecido a una amistad que se puede tener entre un hombre y una mujer sin que Dorsetshire se altere. Nada más – respondió seria.

-Es una pena- expresó su hermana con un profundo suspiro.

-Beth, de verdad estoy cansada, esos niños me han tenido de un lado para el otro toda la tarde, quisiera descansar un rato antes de la cena.

-Está bien – respondió su hermana y se retiró.

Josephine tomó una de las flores que había llevado en el cabello y la guardó en uno de sus libros.

Era una mentirosa, pero no por lo que le había dicho a Beth sino por lo que se decía a sí misma.

 

Durante los días siguientes, no volvió a encontrarse con Leonard, mejor dicho, lo evitó tanto como pudo. Hasta que una vez más, quizás porque Dorset no era tan grande o porque el destino se burlaba de los desafiantes, volvió a verlo en la librería.

Había ido a retirar un libro  y al entrar se encontró con él. No solo eso, sino que fue el librero quién la anunció.

-¡Aquí está ella! Es la persona que mencioné – dijo y Leonard que estaba  apoyado sobre el mostrador, se giró hacia ella.

-El libro es suyo, entonces.

-Buenos días- saludó acercándose- ¿a qué se refieren?

-Es que el señor Knigth vio su libro, Josephine y me expresó que estaba interesado en leerlo, así que le estaba explicando que era un pedido especial de una clienta, justo cuando usted entró.

-Ah- expresó sin saber qué decir.

-Es una suerte que sea suyo, si pertenece a una amiga podré pedirlo prestado, cuando termine de leerlo – dijo él y el librero los miró atentamente.

-¿Son amigos?

-Sí- afirmó Leonard antes que ella pudiera responder.

-Entonces, como dice es buena suerte. Y me alegra que al fin tenga algún amigo con sus mismos intereses, señorita Josephine – dijo el hombre y ella sintió que se ruborizaba. ¿Por qué todos tenían que ser tan directos e indiscretos?

-¿Ninguna de sus otras amistades  lee?- preguntó Leonard.

-En realidad no tengo demasiados amigos, y los que tengo son menores que yo o mayores. No gente de mi edad.Me temo que también con mis amigas se ha establecido algún tipo de brecha, como me mencionó sobre sus amigos. Cada una tiene una vida, esposo, hijos, otras preocupaciones e intereses que me son ajenos, solemos coincidir en algún evento social pero  no mucho más que eso.




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