Las Cenizas de Ithrion

Capítulo 2: El Vínculo Prohibido

La sala de la ceremonia de vínculo parecía una herida abierta dentro de Némerys.

Un enorme anfiteatro circular, rodeado por gradas de piedra negra, donde cientos de estudiantes observaban en silencio absoluto. En el centro, un círculo grabado con símbolos antiguos brillaba con una luz azul tenue… como si respirara.

Lyra se quedó de pie entre los demás aspirantes.

El aire olía a metal caliente y ceniza.

—No te separes de mí —susurró Serah a su lado—. Si te equivocas en el ritual, puedes acabar sin mente… o sin cuerpo.

Lyra no respondió.

Sus ojos estaban fijos en el círculo.

Algo dentro de él la llamaba.

Como si la tierra recordara su nombre.

Un golpe de campana.

Silencio total.

Una figura apareció en el balcón superior.

El director de Némerys.

Alto. Enmascarado. Voz profunda.

—Hoy —dijo—, los dragones decidirán quién merece volar… y quién merece caer.

Un murmullo recorrió la sala.

Lyra sintió su marca arder bajo la ropa.

Otra vez.

Siempre cuando hablaban de dragones.

El director levantó una mano.

—Entren.

Las puertas laterales se abrieron.

Los aspirantes comenzaron a caminar hacia el círculo uno por uno.

Uno de ellos gritó cuando tocó el símbolo central.

Su cuerpo se arqueó.

Sus ojos se pusieron blancos.

Y luego… silencio.

Caída.

Muerto.

Lyra tragó saliva.

—No todos sobreviven al vínculo —susurró Serah—. Algunos dragones… rechazan.

Lyra avanzó sin darse cuenta.

—¡Eh! —Serah la agarró del brazo—. Aún no es tu turno.

Pero Lyra ya no escuchaba.

El círculo la estaba llamando.

Como Vharyx.

Como aquella voz en su mente.

Cuando el último aspirante cayó al suelo sin vida, el director habló de nuevo:

—Lyria Morvane.

Serah la miró con sorpresa.

—¿Tú?

Lyra no respondió.

Caminó.

Paso a paso.

Hasta el centro del círculo.

El mundo se volvió más frío.

El aire más pesado.

Sus pies tocaron el símbolo central.

Y entonces…

el dolor llegó.

No como fuego.

Sino como algo que se metía dentro de su cabeza.

Imágenes.

Cielos rotos.

Dragones gritando.

Un mar de ceniza.

Una voz.

“Te tardaste demasiado.”

Lyra cayó de rodillas.

Gritó.

El círculo brilló con fuerza cegadora.

Toda la sala se levantó de sus asientos.

—¡El sello está reaccionando! —gritó alguien.

El suelo tembló.

Las paredes vibraron.

Y entonces…

el cielo dentro del anfiteatro se abrió.

Literalmente.

Como si la realidad se rasgara.

Un rugido atravesó todo Némerys.

Oscuro.

Antiguo.

Imposible.

Las luces del círculo se apagaron de golpe.

Silencio absoluto.

Y desde la grieta del aire…

cayó una sombra gigantesca.

Vharyx.

El dragón negro aterrizó dentro del anfiteatro, rompiendo parte del suelo con sus garras.

El impacto hizo que varios estudiantes cayeran.

Lyra apenas podía respirar.

El dragón la miraba.

Solo a ella.

Los ojos azules brillaban como hielo vivo.

—No… —susurró alguien—. Eso no es posible…

Los dragones de vínculo no entraban en la sala.

Nunca.

Vharyx inclinó la cabeza lentamente.

Y entonces… habló.

No con voz.

Sino dentro de Lyra.

“Te encontré.”

El corazón de Lyra golpeó con fuerza.

—No… yo no te conozco —susurró ella.

El dragón avanzó un paso.

El suelo se agrietó bajo su peso.

“Mentira.”

El círculo volvió a encenderse.

Pero esta vez no era azul.

Era negro.

El director gritó desde el balcón:

—¡Detengan el ritual! ¡Eso es imposible!

Pero ya era tarde.

Vharyx bajó la cabeza.

Y tocó a Lyra con su frente.

Un choque de energía explotó en toda la sala.

Gritos.

Luz.

Oscuridad.

Y algo dentro de Lyra se rompió… y se reconstruyó al mismo tiempo.

Imágenes nuevas.

Recuerdos que no eran suyos.

Kael Draven apareció entre la multitud, observando con el ceño fruncido.

—¿Qué eres tú…? —susurró él.

Lyra levantó la mirada, temblando.

El dragón seguía frente a ella.

Y en su mente, la voz volvió una última vez:

“Ahora eres mía.”

El círculo se apagó.

Y el mundo entero de Némerys dejó de ser lo que era.



#1331 en Fantasía

En el texto hay: dragones, jinetes

Editado: 12.05.2026

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