La noche en Némerys no era realmente noche.
Era una versión deformada del cielo, como si alguien hubiera pintado oscuridad sobre una herida abierta.
Lyra no dormía.
Sentada en el borde de la habitación de la torre, observaba las grietas del muro. Cada cierto tiempo, juraba que las piedras… se movían.
Respiraban.
La puerta se abrió sin aviso.
Kael entró.
Esta vez no llevaba la misma calma de antes. Su presencia era más tensa, como si algo hubiera cambiado en las últimas horas.
—Te están observando —dijo sin saludar.
Lyra no se giró.
—Eso no es nuevo.
Kael cerró la puerta detrás de él.
—No como ahora.
Silencio.
Lyra finalmente lo miró.
—Explícate.
Kael se apoyó en la pared, cruzando los brazos.
—El consejo de Némerys ya sabe lo que eres.
Lyra sintió un pequeño golpe en el estómago.
—¿Qué soy, exactamente? Porque cada persona aquí parece tener una respuesta distinta.
Kael la observó.
—Una anomalía.
Lyra soltó una risa breve, sin humor.
—Qué reconfortante.
Kael no respondió.
Esta vez no había ironía en su mirada.
Solo cansancio.
—El vínculo que tienes con Vharyx no sigue las reglas —continuó él—. No conecta. No obedece. No se rompe.
Lyra apretó los dedos contra la piedra.
—Yo no lo elegí.
Kael dio un paso hacia ella.
—No importa.
Pausa.
—Porque ahora él te reconoce.
El aire se tensó.
Lyra sintió a Vharyx moverse dentro de su mente, como si escuchara cada palabra.
“No la dejes hablar por mí.”
Lyra cerró los ojos un segundo.
—Está escuchando —susurró.
Kael no pareció sorprendido.
—Lo sé.
Silencio.
Kael bajó la voz.
—Y eso es lo que me preocupa.
Lyra lo miró.
—¿Por qué?
Kael dudó.
Solo un instante.
Luego respondió:
—Porque ningún dragón debería poder hablar a través del vínculo sin permiso.
Lyra sintió un escalofrío.
—¿Y si no es un vínculo normal?
Kael la miró fijamente.
—Entonces no es un vínculo.
Pausa.
—Es una fusión.
El término cayó pesado.
Demasiado pesado.
Lyra negó lentamente.
—Eso no existe.
Kael se acercó otro paso.
—En los registros, no.
Silencio.
El viento golpeó la ventana.
Y entonces… el suelo vibró.
No fuerte.
Solo lo suficiente para hacer que ambos se quedaran inmóviles.
Kael se giró hacia la puerta de inmediato.
—Ya empezó…
Lyra se levantó.
—¿Qué empezó?
Kael no respondió.
Solo abrió la puerta.
Y la agarró del brazo.
—Ven.
—¿A dónde? —preguntó ella.
Kael la miró.
—A ver la verdad.
Corrieron por los pasillos de Némerys.
Pero esta vez no había estudiantes.
No había guardias.
Solo silencio.
Demasiado silencio.
Hasta que llegaron a una escalera descendente.
Muy profunda.
Más antigua que el resto de la academia.
Lyra se detuvo.
—Esto no estaba en el mapa…
Kael la miró.
—Porque no es para estudiantes.
Bajaron.
Cada escalón parecía más frío que el anterior.
Más antiguo.
Más… equivocado.
Hasta que llegaron.
Una puerta.
Negra.
Sellada con símbolos idénticos a los del vínculo.
Pero deformados.
Rotos.
Lyra sintió un latido en el pecho.
Vharyx reaccionó al instante.
“No abras eso.”
Kael la soltó.
—Esto es lo que eres —dijo él.
Lyra lo miró.
—No soy una puerta.
Kael negó lentamente.
—No.
Pausa.
—Eres la que la abre.
El suelo volvió a vibrar.
Más fuerte.
La puerta… respondió.
Como si los símbolos reconocieran su presencia.
Lyra dio un paso atrás.
—Kael… ¿qué hay detrás?
Kael no apartó la mirada de la puerta.
—Lo que Némerys lleva siglos escondiendo.
La respiración de Lyra se aceleró.
—Eso no responde mi pregunta.
Kael la miró por fin.
Y lo dijo.
—Los dragones que todavía respiran debajo de la academia… no están dormidos.
Pausa.
—Están esperando.
El silencio cayó.
Y entonces…
desde detrás de la puerta…
algo golpeó.
Una vez.
Dos.
Tres.
Lyra dio un paso atrás.
—No… —susurró.
Kael la miró con gravedad.
—Sí.
Otro golpe.
Más fuerte.
La puerta comenzó a agrietarse.
Y Vharyx habló dentro de Lyra, pero esta vez… no sonaba como una voz.
Sonaba como una decisión.
“Déjalos salir.”
Lyra abrió los ojos lentamente.
Kael la observó.
—Si esto se abre… no hay vuelta atrás.
El último golpe resonó en toda la estructura.
La puerta estaba a punto de ceder.
Y Lyra entendió que Némerys no estaba construida para enseñar a controlar dragones.
Estaba construida para contener algo que ya no quería ser contenido.