El último golpe contra la puerta no sonó como un impacto.
Sonó como una orden.
La piedra negra se agrietó desde el centro del sello y las runas comenzaron a apagarse una a una, como si alguien estuviera borrando siglos de contención con una sola respiración.
Lyra retrocedió un paso.
Luego otro.
—Kael… —su voz salió más baja de lo que quería—. Esto no debería estar pasando.
Kael no respondió de inmediato.
Tenía la mirada fija en la puerta, como si estuviera calculando cuánto tiempo les quedaba antes de que todo se rompiera.
—Ya está pasando —dijo al fin.
Un silencio pesado cayó entre ambos.
El suelo volvió a vibrar.
Pero esta vez no era la academia entera.
Era algo debajo.
Algo… consciente.
Lyra sintió a Vharyx dentro de su mente moverse con más intensidad que nunca.
No era rabia.
Era reconocimiento.
“Están despiertos…”
Lyra apretó los puños.
—¿Quiénes? —susurró.
Kael dio un paso hacia la puerta.
—No “quiénes” —corrigió—. “Qué”.
La grieta en el sello se abrió un poco más.
Un aire caliente escapó desde el interior.
Olor a ceniza antigua.
A hueso quemado.
A algo que había estado vivo demasiado tiempo sin morir.
Lyra sintió náuseas.
—No quiero abrir eso —dijo con sinceridad.
Kael la miró de reojo.
—No importa lo que quieras.
Otro golpe.
Más fuerte.
La puerta cedió un poco más.
Un sonido salió desde dentro.
No era un rugido.
Era una respiración.
Lenta.
Profunda.
Demasiado grande.
Lyra sintió que el pecho le dolía.
—Hay algo… enorme ahí dentro —susurró.
Kael asintió.
—No es uno.
Silencio.
—Son varios.
El mundo pareció encogerse.
Lyra lo miró.
—Eso no tiene sentido…
Kael se giró hacia ella por fin.
—Nada en Némerys tiene sentido si sigues creyendo la historia oficial.
La grieta se abrió de golpe.
Un fragmento de oscuridad salió disparado hacia el pasillo.
No era sombra.
Era materia.
Escamas negras.
Vivas.
Se arrastraron por el suelo como si buscaran algo.
Lyra dio un paso atrás, instintivamente.
—¡Kael! —dijo, más fuerte—. ¡Se está saliendo!
Kael levantó una mano.
—No te muevas.
Pero ya era tarde.
El sello se rompió.
La puerta explotó hacia adentro sin sonido.
Solo desaparición.
Como si nunca hubiera existido.
Y entonces… el interior se reveló.
Un vacío enorme.
No una habitación.
Un abismo vertical que descendía más allá de la luz.
Y dentro…
ojos.
Cientos.
Miles.
Abriéndose uno tras otro en la oscuridad.
Lyra se quedó sin aire.
—No… —susurró.
Kael no se movió.
Pero su voz fue más baja.
—Bienvenida al verdadero corazón de Némerys.
Uno de los ojos se movió.
Luego otro.
Y una voz colectiva emergió desde el abismo.
No hablaba como un individuo.
Hablaba como algo que había sido muchos… durante demasiado tiempo.
“Llave…”
Lyra sintió que el mundo se inclinaba.
Vharyx reaccionó dentro de ella de forma violenta.
“NO LES HABLES.”
Kael la miró de inmediato.
—¿Qué te está diciendo?
Lyra respiraba rápido.
—Que… me están llamando.
El aire del abismo se expandió.
Como si algo estuviera empujando desde dentro para salir.
Kael dio un paso delante de Lyra, instintivamente.
—No respondas —dijo él.
Lyra lo miró.
—No sé cómo no hacerlo.
Silencio.
Los ojos en la oscuridad se enfocaron todos al mismo tiempo.
Y entonces…
el abismo habló directamente a ella.
“Te recordamos.”
El suelo bajo sus pies tembló.
Lyra sintió algo peor que miedo.
Reconocimiento también.
Como si una parte de ella… ya hubiera estado aquí antes.
Kael apretó los dientes.
—Esto se está acelerando…
Lyra lo miró.
—¿Qué está pasando?
Kael bajó la voz.
—El sello no solo contiene dragones.
Pausa.
—Contiene memoria.
Lyra abrió los ojos.
—¿Memoria de qué?
Kael la miró directamente.
Y esta vez no dudó.
—Del origen de los jinetes.
El abismo volvió a respirar.
Y algo comenzó a ascender desde dentro.
Lento.
Inevitable.
Como si el verdadero capítulo de Némerys acabara de empezar.