El suelo no volvió a cerrarse del todo.
Quedó una grieta.
Pequeña.
Insignificante a simple vista.
Pero suficiente para que el aire de la sala cambiara para siempre.
Lyra seguía en los brazos de Kael, intentando recuperar la respiración. Su mente estaba llena de ecos: voces, imágenes, fragmentos que no encajaban entre sí.
Y aun así… todos le resultaban extrañamente familiares.
Kael la soltó solo cuando sintió que podía sostenerse sola.
—No mires la grieta —dijo él en voz baja.
Lyra lo hizo igualmente.
Y se arrepintió.
Porque no era oscuridad lo que había debajo.
Era movimiento.
Como si algo gigantesco hubiera abierto un ojo… y ahora estuviera observando desde el otro lado.
La criatura de la sala ya no estaba en el centro.
Había retrocedido.
No por miedo.
Por respeto.
—Esto no debería haber pasado tan rápido —murmuró Kael.
Lyra lo miró.
—¿Rápido?
Kael no apartó la vista del suelo.
—El despertar del ciclo normalmente tarda años.
Silencio.
Lyra sintió un escalofrío.
—¿Ciclo?
Kael asintió lentamente.
—El sistema que mantiene Némerys en pie.
Pausa.
—Y que borra todo lo que ocurre cuando se rompe.
Lyra apretó los puños.
—Entonces lo que vimos antes…
Kael la interrumpió.
—Ya ha pasado antes.
Silencio.
Más pesado que el anterior.
La criatura alzó la cabeza otra vez.
Pero su voz ya no era firme.
Era inestable.
“El sello se está debilitando…”
Lyra sintió un tirón en el pecho.
Vharyx reaccionó de inmediato.
“No es debilidad. Es apertura.”
Kael la miró.
—¿Qué te está diciendo ahora?
Lyra dudó.
—Que no es que se esté rompiendo… —tragó saliva—. Es que está cambiando.
Kael frunció el ceño.
—Eso no es posible.
La criatura soltó una risa corta.
“Los humanos siempre creen que controlan los sistemas que inventan…”
La sala vibró.
Las columnas de hueso comenzaron a inclinarse ligeramente, como si estuvieran escuchando algo a lo lejos.
Kael dio un paso hacia Lyra.
—Tenemos que salir de aquí.
Lyra no se movió.
—No podemos dejar esto así.
Kael la miró.
—Esto ya no depende de nosotros.
Pero Lyra negó lentamente.
—Sí depende.
Silencio.
La grieta en el suelo volvió a pulsar.
Más fuerte.
Como si respondiera a sus palabras.
La criatura la miró directamente.
“Tú siempre dices eso.”
Lyra sintió un golpe en el pecho.
—¿Qué?
La criatura dio un paso hacia ella.
Y esta vez Kael no la detuvo.
—¿Qué estás diciendo? —insistió Lyra.
La criatura inclinó la cabeza.
“Cada vez que el ciclo comienza… tú dices lo mismo.”
El mundo se detuvo.
Kael giró lentamente hacia ella.
—¿Qué significa eso?
Lyra sintió frío.
—Yo no he estado aquí antes…
Pero incluso mientras lo decía…
algo dentro de ella dudaba.
La criatura levantó una mano.
Y el aire se abrió.
No como antes.
Más suave.
Como una memoria siendo desdoblada.
Imágenes.
Lyra.
En otro lugar.
En otra versión de Némerys.
Kael… distinto.
Más joven.
Y la misma voz del abismo.
“Llave activa.”
Lyra dio un paso atrás.
—No… eso no es real…
Kael la sujetó del brazo.
—¿Qué estás viendo?
Lyra respiraba rápido.
—Yo… yo ya he visto esto.
Silencio absoluto.
Kael se quedó inmóvil.
—Eso es imposible.
La criatura sonrió otra vez.
“No lo es. Solo está incompleto.”
La grieta explotó en luz negra.
Y por un segundo…
Lyra sintió todo.
Némerys.
El ciclo.
La caída.
El reinicio.
Y su propia voz, en algún punto perdido del tiempo, diciendo exactamente las mismas palabras.
“Esta vez lo haré diferente.”
El mundo volvió de golpe.
Lyra cayó de rodillas.
Kael la sostuvo antes de que tocara el suelo.
—Lyra… mírame.
Ella lo hizo, temblando.
—No es la primera vez… —susurró.
Kael no respondió.
Porque ya lo había entendido.
La criatura se desvaneció lentamente en la sala.
No destruida.
No derrotada.
Solo… esperando.
Y la última frase que dejó en el aire fue clara.
“El ciclo solo se rompe cuando la llave recuerda por completo.”
Silencio.
Kael apretó la mandíbula.
—Entonces tenemos un problema.
Lyra levantó la mirada.
—¿Cuál?
Kael la miró directamente.
—Estás empezando a recordar.
Y desde la grieta del suelo…
algo respondió.
Esta vez no desde abajo.
Sino desde dentro de ella.