El primer rumor apareció un jueves.
Siempre es así.
—¿Supiste lo de Mara?
—Dicen que escribe cosas raras.
—Que por eso nadie se queda con ella.
Mara fingió no escuchar. Siempre fingía.
Pero esa noche, al abrir su cuaderno secreto, las palabras no salieron bonitas. Salieron torcidas, rabiosas, casi ilegibles.
Si hablo, me rompo.
Si callo, me hundo.
¿Cuándo se supone que deje de perder?
Al día siguiente, Elías la esperaba afuera del salón.
—¿Te hicieron algo?
Ella negó con la cabeza.
—Mientes fatal —dijo él—. Y yo tampoco soy bueno fingiendo que no veo.
Eso fue nuevo.
Alguien que no le pedía que fuera fuerte.
Solo honesta.
—No quiero ser un tema de conversación —susurró.
Elías bajó la voz.
—Entonces no lo seas. Sé una persona.
Y por primera vez, Mara sintió ganas de llorar frente a alguien.