Hablar no arregló nada.
Al menos, no de inmediato.
Hubo miradas incómodas. Silencios tensos. Personas que fingieron no verla. Otras que la miraron demasiado.
La directora volvió a llamarla.
—Fue… imprudente —dijo—. Pero honesto.
Mara asintió.
—Acepto las consecuencias.
Y las hubo.
Pero también pasó algo inesperado.
Una chica dejó una nota en su banca.
Yo también escribo. Gracias por decirlo.
Mara la leyó tres veces.