El mensaje llegó un viernes por la noche.
Un nombre que Elías no había leído en meses.
No respondió.
Pero el pasado no desaparece solo porque lo ignores.
Al lunes siguiente estaba distinto. Más callado. Más lejos.
—¿Volviste a cerrarte? —preguntó Mara, sin acusarlo.
Elías respiró hondo.
—Hay cosas que no te he contado.
—No tienes que hacerlo todo de una vez —dijo ella—. Pero no me dejes afuera.
Él la miró. Vulnerable. Asustado.
—Estoy aprendiendo —dijo—. Igual que tú.