Las Cosas que Nunca Fui

Capítulo 1: Que se pare el mundo.

Me rio yo de los que dicen que cuando eres niño tu única obligación es estudiar, aprobar tus exámenes y disfrutar de la vida. “No quieras crecer tan rápido” dicen… Ya te arrepentirás cuando tengas obligaciones. ¿O-BLI-GA-CIO-NES? Me encantaría tener un trabajo como única obligación para después disfrutar del tiempo libre como a mi me de la gana. Yo tengo dieciséis años , estudio bachillerato durante siete horas al día, estoy en mi último curso de conservatorio, toco el piano, estoy en el Real Conservatorio de danza, tengo un B2 en inglés y asisto a clases de conversación todas las tardes. Encima saco tiempo para ayudar al tarugo de mi vecino con las mates porque todo lo que tiene de guapo lo tiene de torpe. Lo que hacen conmigo debe de estar al nivel de explotación infantil pero razonar con mis padres es una misión imposible. Si hablo con mama me salta con lo de que la formación es la base de todo y si le aprieto un poco me suelta “Baby, las jovencitas educadas no discuten a sus madres” ahí ya se que la conversación se ha terminado y no hay nada que hacer. Si hablo con papa termino incluso antes porque de “lo que diga tu madre” no pasa. Ella es publicista, pero de las buenas, y está muy orgullosa de todos los premios que ha ganado. Los exhibe en el salón de casa como si fueran trofeos. Papa es cirujano y , claro, no hay nada más respetable que salvar vidas pero ninguno de los dos tuvo esta sobrexplotación infantil y me consta porque lo he hablado con mis abuelos en infinidad de ocasiones. Ellos piensan que en estos tiempos hay muchas más oportunidades a nuestro alcance y que es normal que mis padres quieran lo mejor para mi. Están comprados. 
 Estoy condenada, condenada de por vida a la esclavitud y a la sumisión patriarcal. A veces envidio a mis amigas que se limitan a estudiar para poder pasar el curso y poco más, alguna actividad extra escolar pero por vocación y no por obligación así que la cosa cambia mucho. Por eso estoy deseando que acaben las clases para irme lo más lejos posible de aquí. Lo tengo todo planeado, llevo meses estudiando cómo hacerlo y creo que he dado con la clave. Primero busqué el campamento que más durara de todos , contra más tiempo mejor, y después busqué otro paralelo que fuera más del agrado de mis padres para que me sirviese de tapadera. ¿Por qué hago esto? Porque ellos jamas permitirían que perdiera el verano de esa manera , de hecho, si no hubiera buscado yo algo que hacer lo hubieran encontrado ellos por mi. Necesito sentirme como una adolescente normal y corriente , tener tiempo para mi y para disfrutar con gente de mi edad haciendo tonterías o simplemente sin hacer nada. No es mucho lo que pido pero como mis padres no entran en razón he tenido que recurrir a medidas más drásticas. 
Mis padres pensarán que estoy en el campamento de ciencias y serán felices para siempre pero , en realidad, estaré a un kilometro de distancia en El campamento Europeo de Jóvenes Promesas donde , según decían en el folleto, “los jóvenes serán libres para fomentar su desarrollo personal de la manera que encuentren más adecuada” A mi eso me sonó a poder hacer lo que me diera la gana y , entre sus actividades, aparecían cosas muy interesantes como padel surf, sky surf, piragüismo, descenso de cañones y no sé cuántas cosas más. Además me leí los comentarios y estoy segura de que no correré ningún peligro allí. 
Ya solté en casa la noticia de que quería hacer algo diferente este verano y les pareció bien. Los conozco y , con lo ocupado que están, si pongo sobre la mesa una propuesta completa que les parezca interesante lo aceptarán sin rechistar. Ya son años de experiencia con ellos.
Le he pedido ayuda a mi amigo Max, que es un informático prodigioso, para que creara una pagina web con la información que a mi me convenía y un formulario falso para que mis padres me dieran los permisos que necesitaba. Tenemos todo tan estudiado que, ¿qué podría salir mal? 
He quedado con mi mejor amigo en diez minutos, para repasar nuestra estrategia, suerte que lo tengo al lado de casa para que me ayude con todas las locuras que se me ocurren . Pobre, qué haría yo sin él.

Max y yo vivimos en la misma urbanización, en El Viso, son casitas blancas que se apilan en hileras y son casi idénticas , excepto porque unas son más grandes que otras. La mía está pegada a la de Max por la derecha y a la de Ruben , el vecino buenorro, por la izquierda. Como mi amigo y yo vivimos aquí desde que tenemos uso de razón nos hicimos amigos desde el principio porque , por aquel entonces, no había muchos niños con los que jugar. El  vecino buenorro llego mucho después, hará unos tres años o así. 
Cuando pasamos al instituto nuestros padres se pusieron de acuerdo para que estuviéramos juntos y nos matricularon en La Sorbona ,un instituto privado que abría sus puertas cerca de casa, y que defendía que para ellos lo más importante era que su alumnado fuera feliz y que se desarrollase emocionalmente, socialmente y académicamente… cosa que mi madre se pasó por el forro. Me cuelo por el hueco que nosotros mismos abrimos entre los arbustos que separan nuestro jardín y voy directa a la puerta que comunica con la habitación de Max. Como es el ojito derecho de sus padres consiguió que le montaran la habitación en el sótano así que tiene un palacio entero para él muy bien aprovisionado. Tiene un equipo informático ultima generación con cuatro pantallas planas , de cincuenta y dos pulgadas cada una, que le ocupan la mitad de la habitación. Es un friki de los ordenadores y creo que sería capaz de burlar la seguridad del mismísimo palacio real. 
-    Holiiiii
-    ¡Sexylady!
Así me llama mi amigo, desde el cariño y desde su infinita lealtad porque yo me considero muy del montón.
-    ¿Cómo va el proyecto?
-    Todo apunto mi señor- contesta imitando un saludo militar- te he impreso el formulario y la página web está perfecta, todo lo que me incluiste en esta lista está okeler. 
-    Mortal… ¡eres increíble!- le digo mientras me abrazo a su cuello.
-    Baby, ¿pero tú estás segura de lo que vas a hacer?
-    Claro tío , ya verás que va a salir perfecto. Estos cerebros trabajando juntos son invencibles.
-     No lo digo por eso, eso lo sé , lo digo por eso de irte sola allí durante tanto tiempo, vas a tener que compartir habitación. Me dice fingiendo mi cara de asco habitual.
-    Está todo pensando , voy a solicitar habitación de uso compartido , las grupales para las demás.
-    Bueno no creo que tus padres se quejen por el dinero así que …
-    Esta noche es la elegida, es jueves así que aprovecho que cenamos con mi hermano para soltarles la bomba. ¿Oye y si comemos algo?
-    Eres una gocha , ¿eh? No sé cómo puedes estar tan flaca con todo lo que comes.
-    Porque no paro chaval.
-    Vamos a la cocina que Marisa habrá preparado algo de merienda.
Marisa es la mujer que se encarga de todo en casa de Max y hace unos platos de comida para morirse. Antes de entrar en la cocina ya se puede oler que algo se cuece en el horno. 
-    Hola Marisa, huele que alimenta.
-    Hola pequeña, es un bizcocho de chocolate. ¿Queréis merendar?
-    Por favor – Max está preparando un par de vasos con batido de chocolate.
-    Marisa tienes que hacer algún día esos callos tan ricos que a ti te salen.
-    Claro que si pequeña, esta semana te preparo una olla y te la llevas.
-    O te vienes aquí a comer y gorroneas un poco más
Nos reímos y le regalo a mi amigo un codazo en la costillas. Siempre andamos bromeando, la verdad , es que soy tan bruta que parezco medio chico, mi abuela me dice que soy más bruta que un arado y yo no sé ni lo que significa eso pero lo entiendo. 
-    ¿ Qué tal está tu hermano, viene hoy a cenar verdad?
-    Está bien, desde que lo ascendieron anda todo el día en la oficina y ya solo lo vemos los jueves.
-    Ayyyy cómo pasa el tiempo, y parece que fue ayer cuando me correteabais los dos por la cocina, robándome las galletas.
-    Hay costumbres que no cambian Marisa, aún te sigue robando la comida.
-    No hay quien se resista- contesto.
Marisa saca el bizcocho del horno y nos da un buen cacho a cada uno. Soy tan ansiosa que no puedo ni esperar y me achicharro la boca con el primer bocado.
-    ¡ay que me quemo!
-    Si es que eres un casito.
-    ¡Ay me tengo que marchar!- digo al ver la hora en mi reloj- Me llevo el cacho y otro para después Marisa porfa.



Mira Luna

Editado: 27.09.2019

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