Las Crónicas de Draxcan: La Guerra Sagrada

Capítulo III: El Regreso del Soldado

La sala que Eril había elegido para el procedimiento estaba en el ala este del castillo, en un corredor que los planos oficiales describían como almacén de archivos y que en la práctica llevaba décadas sin recibir visitas suficientes para que nadie preguntara por qué esa noche tenía la puerta cerrada con guardias que no explicaban su presencia.

No había ventanas. Eril lo había pedido específicamente cuando llegó de Eltrix con los textos sobre separación de entidades: la luz exterior, según los pergaminos más antiguos del Templo, podía interferir con la precisión del proceso de una manera que ningún mago de la capital habría podido anticipar sin haber estudiado directamente lo que Eril llevaba siglos estudiando.

Yorvenn llegó primero, con el cristal de comunicaciones que había usado semanas atrás para confirmar la identidad debajo de la frecuencia de Ren, y con los pergaminos que Eril le había pedido que copiara durante el viaje desde Eltrix para tener referencia disponible sin depender solo de la memoria del anciano.

—¿Está todo listo? —preguntó Tilio, entrando.

—Lo suficiente —respondió Eril, sin apartar la vista del círculo de runas que había estado trazando en el suelo de piedra con tiza blanca durante la última hora—. El proceso no es exacto en el sentido en que un hechizo de curación es exacto. Nunca se ha hecho con las circunstancias precisas que tenemos aquí — un huésped que ha sobrevivido durante semanas dentro de su propio cuerpo mientras otra entidad lo ocupa.

—¿Eso qué significa para Ren?

—Significa que no sé con certeza si lo que quede después del proceso será Ren completo, Ren parcial, o nada que podamos reconocer como Ren. —Eril lo dijo sin suavizarlo, con la honestidad que Tilio había aprendido a valorar en él desde la primera conversación en el templo de Eltrix—. Lo que sí sé es que Darmir, si permanece donde está, seguirá teniendo acceso al castillo, a Paul, y a todo lo que hemos estado planeando desde que volvimos de Eltrix.

Tilio asintió.

—¿Cuándo trae a Ren?

—Ya viene —respondió Yorvenn, desde el rincón donde había estado calibrando el cristal—. Le dijimos que era una revisión de rutina de su recuperación elemental. No sospecha nada más allá de eso.

Lo que Darmir Sabía

Ren caminó hacia la sala del ala este con Lian a su lado, con la ligereza de quien no tiene motivo para sospechar de una convocatoria que le habían presentado como parte del protocolo normal de recuperación después del uso elemental intensivo.

Darmir, dentro de él, había aprendido a leer las señales del castillo con la paciencia de quien lleva semanas observando desde una posición que ningún enemigo debería haber tenido. Sabía que Tilio había cambiado la rutina de guardias en ciertos corredores. Sabía que había conversaciones que no llegaban a sus oídos aunque estuviera presente en la sala donde ocurrían, lo que sugería un tipo de discreción deliberada. Sabía que el equipo que había vuelto de Eltrix con Paul —Fox especialmente— lo miraba a veces con una atención que no correspondía a la atención ordinaria entre compañeros de armas.

No sabía con certeza que lo habían identificado.

Pero la sospecha llevaba días creciendo, con la misma cualidad de las cosas que se saben antes de tener pruebas y que uno se resiste a confirmar porque confirmarlas cambia todo lo que se puede hacer a partir de ese momento.

—¿Sabes de qué es la revisión? —preguntó Lian, mientras caminaban.

—Rutina —respondió Ren, con la voz de Ren, aunque Darmir eligiera cada palabra con el cuidado de quien sabe que cualquier desviación podría delatarlo—. El curandero mayor quiere confirmar que la gema de conexión funciona con normalidad después del esfuerzo en la cueva.

—¿Te acuerdas de la cueva?

—Fragmentos —dijo Ren, con la respuesta preparada que Darmir había estado usando durante semanas para cubrir las lagunas que la memoria de Ren no podía llenar porque Darmir no tenía acceso completo a lo que Ren había vivido antes de la transferencia—. Los curanderos dicen que es normal después del tipo de agotamiento que sufrí.

Lian asintió, sin sospechar nada más allá de lo que la explicación ofrecía.

Llegaron a la puerta del ala este.

—Espera aquí —dijo el guardia a Lian—. Solo el soldado Ren.

Lian se quedó en el corredor.

Darmir entró en la sala con el cuerpo de Ren, y en el instante en que cruzó el umbral y vio el círculo de runas trazado en el suelo, y a Eril de pie junto a él con el bastón de madera negra, y a Yorvenn con el cristal en las manos, y a Tilio observando desde el rincón con la expresión de quien lleva semanas esperando este momento específico, supo con la certeza absoluta que llega demasiado tarde para servir de algo que lo habían descubierto.

La Confrontación

—Buenas noches, Ren —dijo Eril.

Darmir no respondió de inmediato. Evaluó las salidas — la puerta por donde había entrado, con el guardia al otro lado; la ausencia de ventanas; la disposición del círculo, que Eril había trazado con la precisión de quien conoce exactamente qué forma necesita tener para lo que va a hacer.

—¿Qué es esto? —preguntó, con la voz de Ren, aunque el tono llevaba algo que Ren nunca habría tenido: la calma calculadora de quien evalúa el peligro en lugar de la confusión genuina de quien no entiende lo que ocurre.




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