Las Crónicas de Sáasil: El Escudo de Chak Ha'

Capítulo II: Noticias de Kuchkabal

YUCATAN 1441 D.C.

(Mapa que se menciona en este capítulo)

HTTPS//imgur.COM/a/mapa-yucat-n-1450-dc-5zb2ZEl (link del mapa si no se nota Chak Ha')

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Continuamos.

—No creí verlo así, Ma’ Sajak Holkan —guerrero sin miedo— enseñando a los niños un poco de nuestra historia.

Mientras se acercaba hacia donde ellos dos, el hombre dijo:

—Hace muchos años que nadie me dice así —hizo una pausa—, ahora soy el Noj Bej. ¿A qué has venido, Kozumo? ¿Cómo está tu padre?

—Ahora es uno de los consejeros de nuestro Señor. Y también de…

—Es hora de irnos —interrumpió Pee—. Hablemos en la reunión.

Kozumo superaba la estatura promedio de los hombres —se creía que al ser alto era una bendición de los dioses para ser protector— y tenía el cuerpo moldeado e imponente. Portaba un ex blanco con un bordado rojo circular y, en medio, un detalle del mismo color, como si fuese un ojo. Representaba que él es un guerrero que protegía y pertenecía a la gran ciudad Chak Ha’. En muchos casos, los ex tenían adornos, colores para distinguir la clase, las funciones o el lugar de procedencia. Pee, con una estatura menor, lo acompañaba.

Llegaron al palacio, una estructura en forma de armadillo y estaba teñido de un café claro. En el interior, en el centro se encontraban los dos líderes de la aldea: padre e hijo. Sobre una mesa de piedra ovalada yacía un mapa abierto hecho con pieles de venado que mostraba a todo Yucatán. En el techo del palacio había un agujero perfectamente circular al que llamaban Ich: ojo— y por ahí es por donde la luz del sol entraba, iluminaba las ciudades, divisiones del mapa, y abrazaba el corazón de la tierra sagrada: Mayapán.

Era como si Kinich Ahau —Dios del sol— les estuviera recordando lo que alguna vez fue la Ciudad de la Paz y que debía ser restaurada; solo así tal vez regresaría la calma.

Yukéj —cuyo nombre provenía de yuum kéej, señor venado, líder de la aldea Venado— mostraba un rostro preocupado. Portaba un ex blanco con bordados de color azul por el cielo, rojo por el agua roja, y amarillo por el armadillo y el venado. El bordado dibujaba un paisaje representativo de la aldea Kéej. Tenía el cabello recogido hacia atrás con una coleta perfecta, adornada de conchas marinas de los mismos colores que el bordado. Un collar de jade que abarcaba su la garganta y parte del pecho. Incrustadas en ambas orejas, relucían aretes de jade en forma de flor con una pepita de obsidiana de color rojo. En su nariz portaba una incrustación de una varilla pequeña de obsidiana negra de forma horizontal.

Él, como los guerreros, funcionarios, maestros u otros hombres y mujeres que ocupaban un rango distintivo, usaban sandalias. El señor, los líderes de las aldeas y los guerreros de alto rango solían usar sandalias de piel de animales felinos salvajes, adornados con plumas de aves silvestres, dientes de los mismos felinos y colores vivos. El resto de los guerreros usaban cuero de cerdo, de venado u otro animal, de manifactura simple. Eran sujetados con fibras vegetales como el henequén, cuerdas delgadas o gruesas, dependiendo el grosor que les parecía mejor. Los maestros como el Noj Bej, usaban sandalias simples. Las mujeres que tenían alto rango o eran esposas de los líderes, sus sandalias eran simples, pero con piel de primera y decoraciones menos glamurosas. Los hijos de quienes tenían rangos distintivos, portaban igual sandalias simples desde niños. Todos los campesinos y cazadores, andaban descalzos. Algunos artesanos y brujos, utilizaban sandalias simples.

—¿Todo bien en Kuchkabal?

—Sí —dijo Pee.

Kozumo se acercó a Yukéj y ambos entrelazaron los dedos con fuerza —como un gancho—un símbolo de fuerza y unión. El Halach Uinic Xa Káak-K’yoc, inmortalizó el saludo, lo convirtió en un símbolo y lo llamó: Kalumil.

Después del saludo de Kozumo todos los presentes saludaron a Yukéj y a Xi’ipal Kéj.

—Ahora que todo estamos aquí —dijo con seriedad Yukéj—, hablemos de la seguridad.

Todos se acercaron al mapa.

—Aquí —señaló Kozumo sobre el mapa—, hace unos días la familia Luit tuvo un ataque en su frontera, fueron los Cocomes. Los Luit de Hocaba tienen tres pueblos grandes y muchas pequeñas que fueron arrasadas. Se dice que los Cocomes asesinaron despiadadamente a hombres, mujeres y niños.

—¿Tus ojos lo vivieron? —preguntó Yukéj y le arrojó una mirada llana—. No, Yuum.

—Había escuchado que tú y tus hombres no hace mucho que fueron en esas tierras. ¿Cómo fue el viaje? —agregó Yukéj.

Kozumo tomó un palito de madera de tantos que había en una jícara y comenzó a señalar en el mapa.

—Cruzamos por aquí, en Tekoh. Hemos tenido algunos intercambios en cuero y carne, no se negaron. Partimos de aquí —señaló con la punta del palito un punto donde se delimitan las tierras, donde el cruce forma una cruz—. Caminamos cerca de la frontera, muy cerca de la de los Cocom. Todos los señores están desconfiándose entre ellos, los guerreros de Tekoh nos estuvieron vigilando mientras pasábamos. Estaban escondidos entre los árboles, entre maleza —hizo una pausa y deslizó el palito a la izquierda. Todos los presentes prestaban atención a Kozumo y miraban el mapa—. En un par de días llegamos a la frontera de los Luit. Descansamos en el primer poblado y poco después llegamos al Señorío. Entregamos el mensaje de nuestro Halach Uinic. Todo estaba bien, nos quedamos a descansar un día y después regresamos.



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En el texto hay: fantasia, guerreros, batalla

Editado: 26.05.2026

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