Las CrÓnicas Del Evren Libro I - La Balanza Del Alma

PROLOGO

El pasado

Existe un antiguo libro negro —el único de ese color— que relata la historia de un mundo perdido. Un lugar donde el oro verde, convertido en papel, era lo más valioso y poderoso; y el corazón, reducido a un simple órgano, carecía de valor, salvo en la muerte.

Era un mundo en el que las monedas doradas y los billetes verdes abrían puertas, mientras las manos vacías quedaban fuera del juego o, peor aún, eran condenadas a la marginación y al desprecio. Allí, aquel papel verde pesaba más que la integridad, y solo un selecto grupo —aquellos que acumulaban más de él— podía acceder a privilegios y oportunidades.

Ese mundo oscuro, ruin y perverso… terminó.

O al menos eso asegura la gente.

Hace cincuenta años ocurrió un evento magnífico. Según mi madre, el cielo se abrió como si un terremoto devastador hubiese atravesado el mundo entero. El firmamento temblaba —o eso creyó ella— cuando un resplandor blanco iluminó cada rincón de la Tierra. Y entonces, desde aquella luz, una gran balanza blanca descendió lentamente.

La llamaron: “La Balanza del Alma”.

No era de hierro ni de piedra. Estaba hecha de un material casi invisible, capaz de medir lo que ninguna ley había logrado jamás en aquel mundo:

“El verdadero valor de una persona”.

Desde ese día, la riqueza dejó de medirse por la cantidad de monedas o billetes que poseías. Ya no podía guardarse en cofres y, definitivamente, ni siquiera era verde.

Lo que define si eres “rico” o no proviene del interior. Y no, no hablo de órganos.

El poder pertenece a quienes poseen almas pesadas de bondad, justicia y verdad; mientras que la miseria persigue a aquellos que arrastran corazones vacíos o consumidos por la ambición material.

Cuenta también el libro que, a diferencia del pasado, el mármol ya no se utiliza… o, bueno, no debería utilizarse.

“Mármol”.

Una palabra extraña para una niña que, cada vez que su madre la mencionaba, solo podía pensar en pastel marmoleado.

Como sea, hoy en día es un material poco usado, pues se considera ostentoso y soberbio.

También existen jardines enormes y maravillosos, donde la luz se refleja sobre rostros sinceros. Mesas inmensas en las que no solo pueden sentarse los reyes, sino cualquiera que posea un corazón puro.

Todo suena increíble, ¿cierto?

Mmm… bueno, tengo que confesarte algo. Y aunque por ahora es un secreto, es algo que muchas noches no me deja dormir.

A diferencia de mi familia y del mundo en el que vivo, yo creo que la balanza puede inclinarse. Y no de una manera positiva.

En las sombras, allí donde la luz no alcanza, existen personas que sueñan con regresar al antiguo orden. Y esa idea me atormenta, como si de algún modo yo tuviera la culpa.

Y no, no soy paranoica.

Es solo una sensación que vive en mi cabeza desde que tengo memoria.

Ahora que soy un poco más “adulta”, creo firmemente que alguien ha encontrado —o está a punto de encontrar— la manera de quebrantar la verdad y alterar la pureza del peso del alma.

Mi secreto es este:

Yo lo soñé.

No como los demás. No fueron sueños vacíos ni imágenes felices. Yo soñé con la ruptura.

Lo extraño —y aterrador— es que jamás viví el primer acontecimiento. Solo conozco la historia por lo que mis padres me contaron.

Pero entonces…

¿Cómo puedes soñar con algo que nunca has vivido?

Es una imagen vaga en mi mente, una que jamás termina de tomar forma. Sin embargo, aquella mañana, al despertar, escribí algo que aún me persigue:

“Una grieta se abrió en este mundo perfecto”.

Una grieta invisible.

Espero que solo haya sido otro sueño absurdo. No quiero pensar que la pureza del alma pueda estar comprometida.

Aun así… algo muy dentro de mí me dice que esta felicidad, este equilibrio y esta forma de vida no serán eternos.




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