La mañana siguiente a la ceremonia resulto tranquila, en teoría. Mamá nos despertó temprano y como siempre solo papá se levantó al primer llamado. Mis hermanos despertaron luego de que papá tocara la puerta y pues yo. Yo estaba despierta desde muchas horas antes pero no quería salir. Me sentía muy extraña. Algo en mi interior despertó ayer en la ceremonia, en medio de mi caos mental y claro, de las tonterías de Lena. En definitiva algo estaba pasándome pero no sabía aún si era bueno o malo.
Tenía que salir, eso era obvio, mi madre aún esperaba que desayunáramos todos juntos y mientras le daba un sermón a Dacris de no quedarse programando o jugando hasta la madrugada y a Eryel de que las chicas son amigas y no comida, coloquialmente hablando. Mi papá seguía revisando la correspondencia.
— Escribió tu madre — indicó papá.
Mamá tiró el jarrón de agua…
Mis hermanos y yo nos miramos con cara de duda y asombro.
Mi madre lo miró con sorpresa y respondió:
—¿Qué? ¿Mi… Madre?
— Si amor, tu mamá escribió. ¿Quieres que habrá la carta?
—¡NO! —gritó mamá con la voz más fuerte que tenía.
— Luego la leeré, es hora de desayunar.
Al parecer no solo mamá estaba sorprendida, hace unos instantes nos enteramos de que teníamos abuela y mamá por alguna extraña razón que nosotros no conocíamos se negaba a abrir esa carta. Lo más extraño, hoy en día nadie escribe cartas si no es por amor u otras cosas cursis. Creo que exterioricé mucho mis pensamientos porque curiosamente y al mismo tiempo mis hermanos y yo rápidamente preguntamos:
—¿Tenemos abuela? Nunca nos han hablado de ella ¿qué pasó? ¿Y el abuelo? —dijimos los 3 en coro.
— Lo conversamos luego, es hora de desayunar —indicó mamá.
— Pero mamá, quien …
—¡LUEGO! —gritó como rara vez lo hacía.
— Comamos por favor. —dijo bajando la voz.
Definitivamente esto cambia todo, mamá nunca había tenido secretos con nosotros, ósea es Maestri de la comunicación, a veces creíamos que comunicaba más de lo que debía y me refiero a sus pensamientos y emociones ,y obvio sus opiniones. Pero ¿y ahora qué pasó? No entiendo nada de nada, espero nuevamente que nos aclare todo después de desayunar.
En el desayuno conversamos cómo si nada hubiera pasado, mis hermanos contaban sus próximas actividades mientras todos escuchábamos atentamente mientras comíamos. Mamá estaba normal aunque por dentro yo sabía que estaba dando el 100% de sí para disimular. Lo logró para todos, menos para mí, yo seguía mirándola fijo hasta que nos diera una respuesta.
Te confieso que el desayuno era la mejor parte del día para mí, el escuchar a papá contar las historias del viejo mundo me interesaba mucho. Siempre era una nueva cada día y yo trataba de apuntar todo en mi libreta para no perder ningún detalle y contarle a Lena, si lograba que le interese, o simplemente para compartirla con mis mascotas Artemisa y Atenea. Atenea era la mamá de Artemis, no mitológicamente, eso es un hecho. Pero les puse así por los libros que tenía de pequeña, la mitología era tan fascinante y mis padres siempre me motivaron a leer sobre las ciudades antiguas y culturas o creencias del pasado. Lo que no podía encontrar en libros me lo contaban ellos. Con un poco de drama, eso es claro, pero era maravilloso de escuchar.
La historia de hoy era sobre una gran dictadura , según mi padre cuando él era joven llegó a pelear por su región o cómo él todavía le llama “su país” (hoy en día solo tenemos tribus y pueblos) siempre comentaba que el papel verde “dinero” era la razón de las guerras . Si un gobernante poseía más, más poder tenía y si había más poder, no siempre era símbolo de ayuda si no de opresión.
Papá empezó así:
—Hijos, ¿quieren que les cuente algo? —dijo él mientras removía lentamente su taza de café, como si en ese espiral de espuma se escondiera la historia entera de su antiguo país.
—Hace algunos años, en mi antiguo país tuvimos una presidenta que no llegó al poder porque el pueblo la eligiera, sino porque la casualidad y la política la sentaron en el sillón de Pizarro.
—Su nombre es irrelevante pero pasó a la historia como la primera mujer y quién hizo que “literalmente” mi amado país se vistiera de rojo y blanco. Rojo por la sangre de inocentes doblemente derramada y blanca por la esperanza que aún brillaba en nosotros a pesar de haberlo perdido todo. Imagínense, la gente salía a las calles a protestar y la respuesta era siempre la misma: balas, bombas, silencio y más silencio.
—¿Y la gente qué hacía, papá? Por qué no usaban sus dones —pregunté, intrigada.
—No había dones mi niña, y lamentablemente lo que hacía mi pueblo cuando lo querían callar, era increíble —respondió con media sonrisa
—Primero lloraba, luego se enojaba, después salía a gritar… y al final hacía de todo lo sucedido un meme.
—Un ¿meme? ¿qué es un meme pa? —pregunté fascinada.
—Podía ser un dibujo, texto o video que casi siempre era cómico o caricaturesco con la finalidad de “irónicamente” reflejar la realidad de algo. No siempre lo tomaban en serio. —comentó papá.