La mañana siguiente a la ceremonia resultó tranquila, en teoría. Mamá nos despertó temprano y como siempre solo papá se levantó al primer llamado. Mis hermanos despertaron luego de que papá tocara la puerta; yo, en cambio, seguía encerrada. Estaba despierta desde muchas horas antes pero no quería salir. Me sentía muy extraña. Algo en mi interior despertó ayer en la ceremonia, en medio de mi caos mental y claro, de las tonterías de Lena. En definitiva, algo estaba pasándome pero no sabía aún si era bueno o malo.
Tenía que salir, eso era obvio, Mi madre aún esperaba que desayunáramos todos juntos. Mientras tanto, le daba un sermón a Dacris de no quedarse programando o jugando hasta la madrugada y a Eryel de que las chicas son amigas y no comida, coloquialmente hablando.
Mi papá seguía revisando la correspondencia.
Mamá tiró el jarrón de agua…
Mis hermanos y yo nos miramos con cara de duda y asombro.
Mi madre lo miró con sorpresa y respondió:
Al parecer no solo mamá estaba sorprendida, hace unos instantes nos enteramos de que teníamos abuela y mamá por alguna extraña razón que nosotros no conocíamos se negaba a abrir esa carta. Lo más extraño, hoy en día nadie escribe cartas si no es por amor u otras cosas cursis. Creo que exterioricé mucho mis pensamientos porque curiosamente y al mismo tiempo mis hermanos y yo rápidamente preguntamos:
Definitivamente esto cambia todo, mamá nunca había tenido secretos con nosotros, o sea es Maestri de la comunicación, a veces creíamos que comunicaba más de lo que debía y me refiero a sus pensamientos y emociones, y obvio sus opiniones. Pero ¿y ahora qué pasó? No entiendo nada de nada, espero nuevamente que nos aclare todo después de desayunar.
…
En el desayuno conversamos como si nada hubiera pasado, mis hermanos contaban sus próximas actividades mientras todos escuchábamos atentamente mientras comíamos. Mamá estaba normal aunque por dentro yo sabía que estaba dando el 100% de sí para disimular. Lo logró para todos, menos para mí, yo seguía mirándola fijo hasta que nos diera una respuesta.
Te confieso que el desayuno era la mejor parte del día para mí, el escuchar a papá contar las historias del viejo mundo me interesaba mucho. Siempre era una nueva cada día y yo trataba de apuntar todo en mi libreta para no perder ningún detalle y contarle a Lena, si lograba que le interese, o simplemente para compartirla con mis mascotas Artemisa y Atenea. Atenea era la mamá de Artemis, no mitológicamente, eso es un hecho. Pero les puse así por los libros que tenía de pequeña, la mitología era tan fascinante y mis padres siempre me motivaron a leer sobre las ciudades antiguas y culturas o creencias del pasado. Lo que no podía encontrar en libros me lo contaban ellos. Con un poco de drama, eso es claro, pero era maravilloso de escuchar.
La historia de hoy era sobre una gran dictadura. Según mi padre, cuando él era joven llegó a pelear por su región o cómo él todavía le llama “su país” (hoy en día solo tenemos tribus y pueblos) siempre comentaba que el papel verde “dinero” era la razón de las guerras. Si un gobernante poseía más, tenía más poder y si había más poder, no siempre era símbolo de ayuda si no de opresión.
Papá empezó así:
Mi padre tomó aire y bajó la voz, como si compartiera un secreto.