Definitivamente no pude dormir después del descubrimiento de ayer. Al salir de la biblioteca sigilosamente nos dimos cuenta de que podríamos reescribir la historia de nuestro mundo. Estábamos muy felices y saltábamos de la emoción. Es algo fascinante poder vivirlo y no solo leerlo.
Llegamos nuevamente a la plaza cerca al estanque y vimos a nuestros padres esperando con una cara no muy amigable.
—Ahorita me gritan —pensé.
—Carisse Delain, podrías decirme ¿dónde estaban? —dijo mamá preocupada.
—Maestri mamá —dijo Lena, estábamos en la biblioteca devorando unos cuantos libros.
—¿Desde cuándo lees, hermanita? —dijeron Dacris y Eryo con sarcasmo.
— Desde siempre par de groseros —dije acercándome.
— ¿Qué? Escucho una pisca de insolencia en tus palabras, eso no se va a quedar así —dijo Eryo lazándose a mi para molestarme.
Eryo, Dacris y yo nos pusimos a pelear de manos lo más amigable posible y de la forma en la que solo los hermanos pueden pelearse.
¡A muerteee! ¡Gaaaaaaaaaah!
Mentira pero si nos aventamos cosas. Cosas como agua, hojas, palmazos volaron y así más y más.
—Dacris respeta a tu hermana, no le heches agua. Eryel deja esas hojas, no, no, no le tires barro a la cara. Ya le tiraste… pero ¡ay! para ahora, Carisse baja ese palo, deja de palmear a tus hermanos, nooo, no los tires al estanque. Ya dejen eso, salgan de ahí, ya se mojaron ay —gritaba mamá.
—JAJAJAJ mamá mira —dijo Lena riendo. Por eso te dije que yo también quería hermanos.
—Pero hija tienes 2 hermanas —replicó la Mamá de Lena.
—Ay pero tienen 2 años no se vale.
—¿Escucharon? —preguntó Eryel—. Lena también quiere hermanos.
—No se diga más —continuó Dacris—. ¡A ellaaaaaaa!
—¡Nooooo! —gritó Lena riendo—. Caz, somos 2 contra 2, a ellos.
Y así una guerra campal se originó.
Mis hermanos perseguían a Lena con barro en sus manos. Yo perseguía a mis hermanos con un palo, nada violento, definitivamente. Luego Lena perseguía a mis hermanos y ellos me perseguían a mí. Era un círculo vicioso pero uno muy divertido.
Me encantaban esos momentos con ellos y más con mi mejor amiga presente.
En definitiva solo nosotros lo disfrutábamos porque mamá, no reflejaba mucho amor que digamos.
—Basta, le diré a su padre —expresó mamá frunciendo el ceño—. al llegar a casa lo escucharán y ya si los castiga no sé. Yo no diré nada, no los ayudaré por atrevidos. Discúlpame con tu mami Lena, mira cómo estás de sucia.
—No se preocupe Mama Nicori, me divertí mucho, en serio necesitaba este tipo de diversión —respondió Lena—. Además mamá se ha reído con todo esto.
—Bueno hijita —comentó mamá entre suspiros— al menos ella si se divirtió con todo esto, yo, quien lavo la ropa, no le veo nada de divertido.
—Nos vemos mañana Lena —dije fuerte caminando a casa —. No olvides tu celular, tenemos cosas que buscar.
A los 35 minutos llegamos a casa, caminando obviamente, mamá estaba en contra de los autos y yo todavía no sabía manejar la gran camioneta de papá.
¿Y mis hermanos? Te preguntarás.
A Eryel se le quemaron sus documentos por un mal uso de sus poderes (llegó quemado ese día, fue lo máximo) y en cuanto a Dacris, pues no le gusta manejar.
Papá nos esperaba con las mascotas en el patio sentado y leyendo un pequeño libro.
Al instante que nos ve:
—JAJAJAJAJJAJAAJ pero ¿qué les pasó’ los vomitó un dinosaurio o solo decidieron al fin bañarse pero en lodo. —dijo aguantando más carcajadas.
Mamá respondió:
— Tus hijos decidieron nadar en el estanque por puro amor al Evren. Diles algo. Mira cómo están de sucios.
—¿Estuvo divertido chicos? —dijo papá.
Los tres reímos suavemente al entrar y escuchar a papá.
—Mildan Frieden —renegó mamá.
—Ah si si, muy mal chicos, muy mal. ¿Es que acaso ustedes lavan la ropa? Miren lo sucios que están, yo no pienso lavar eso, no, no.
La próxima vez me llaman para jugar —susurró.
—Ya te escuché Mildan, estás muy cerca de no comer pastel hoy. —dijo mamá.
—Pero con el pastel no se juega, ay mujer no seas así —dijo papa persiguiendo a mamá—. Nuestro matrimonio es duradero porque tú los corriges y yo me rio de ellos mientras como pastel.
Mamá frunció el ceño.
—Vamos amor, no me quites el pastel….. —rogaba papá.
Mientras papá intentaba convencer a mamá de darle pastel, mis hermanos y yo subimos a nuestros cuartos a ducharnos y a cambiarnos de ropa.
Después de ducharme y ponerme el piyama me senté en el borde de la cama y pensé en lo que había pasado antes con Lena.
El texto del papel parecía una profecía. Una inquietante pero muy imponente profecía que nos invitaba a descubrir más de ella.