No sabíamos cuánto tiempo llevaba la puerta observándonos.
Tal vez desde que entramos a la biblioteca.
Tal vez desde mucho antes.
Había algo distinto en el aire, como si el lugar respirara con nosotras, esperando un gesto preciso, un error mínimo o una verdad inevitable. Ya no buscábamos una salida ni un refugio para la noche. Buscábamos sentido.
Y el sentido, como pronto aprenderíamos, no siempre se muestra completo.
Más fragmentos comenzaron a revelarse. No todos visibles, estaban ocultos entre libros o piedras en el suelo. Algunos solo se sentían. Otros aparecían cuando una de nosotras se detenía, respiraba, dudaba.
Cada pieza encajaba no por su forma, sino por el momento exacto en que era tomada.
Pasaron muchos minutos u horas, hasta ese punto ya no estaba pendiente del tiempo.
Pero nos dimos cuenta de que cuanto el rompecabezas finalmente estuvo completo, ya no parecía roto.
Era un cerrojo, estaba algo gastado, no sabía exactamente si era antiguo.
No parecía viejo pero tampoco nuevo, era un poco confuso de describir, no parecía ser algo de nuestro mundo.
Pero parecía al fin comprendido, como si hubiese esperado mucho tiempo a que alguien lo pudiera juntar para así revelar su mayor secreto.
Lo colocamos frente a la puerta.
Y entonces ocurrió.
El negro empezó a cambiar.
No a blanco como en algún momento se nos ocurrió.
Cambió a un amarillo algo terroso, opaco como los colores del árbol.
Pero la puerta no abría con solo juntar el cerrojo. Para ser algo no tan grande pesaba más de lo que imaginábamos.
Intentamos girarla.
Primero Lena, luego yo. Finalmente ambas.
No pudimos.
—¿qué debemos hacer ahora, caz? —dijo Lena con duda—. Ya está el rompecabezas, esa era la parte faltante, ¿no?
—No lo sé, pero… ¿qué más podemos hacer? ¡Ay! Pero que fastidio, pensé que ya estábamos avanzando —dije desesperada.
—Caz tranquila, podremos hacerlo, es solo cuestión de esperar o buscar en…
Se detuvo por unos segundo y me miró fijamente.
—¿Lena?
—Shhh —respondió.
Me agarró del brazo muy fuerte y pude ver duda en sus ojos.
—Lena, duele, ¿qué pasa?
—Espera… —susurró—. ¿Escuchas eso?, alguien llama. ¿Lo escuchas también o me llamaste tú?
—No —respondí—. No te llamé y tampoco escucho nada, ¿Por qué …?
—Shhhhhh —me interrumpió suavemente.
Punk uñt'ama, thak uñt'ama, jakäwim ajllt'ama.
—Ahí está, alguien me está hablando, Caz. Pero no entiendo lo que dice, no sé si es un idioma o solo frases sin sentido.
—Si es un idioma, yo te ayudo pero dímelo a mí, pronúncialo bien y despacio—dije.
—Si no sé qué idioma es, o inclusive si es idioma o no, no puedo pronunciarlo bien oye loca—exclamó—. La inteligencia te persigue amiga mía pero tú eres más rápida.
—Gracias, obvio que soy super rápida! —dije sonriendo.
Definitivamente en ese momento no entendí que lo que dijo fue sarcasmo puro.
—No fue un alago… Olvídalo, déjame escucharlo una vez más para decírtelo tal cual lo escucho.
Punk uñt'ama, thak uñt'ama, jakäwim ajllt'ama.
— ¿Y? ¿ya lo escuchaste? Ya sabes qué es, ¿verdad? —pregunté ansiosa.
Lena me fulminó con la mirada.
—Recuerdas que hace UNOS MINUTOS —subió la voz— te dije, querida Caz que no sabía lo que decía.
—Ay lo siento, sí, es verdad. Entonces … ESCRIBELO! Escribe lo que escuchas.
—¡No me grites ay! Papel y Lápiz, rápido. Tal cual lo escucho así lo voy a escribir.
—Todo yo, todo yo, A mí no me mandes —dije mirándola fijo.
—Ay Caz! Deja la broma, Apura —dijo firmemente aunque mostrando una pequeña risita al final.
Busqué un lápiz pero no encontré ninguno solo ramas así que, utilicé una con algo de tierra oscura mojada.
—Aquí, escribe rápido, escribe —dije rápidamente.
Pun-k uñ-tá-ma, Thak uñ-tá-ma, Ja-ká-uim ay-ll-tá-ma.
—Eso es impronunciable, es acaso un idioma aborigen no será el ¿quechua? —dije con un poco de duda en mi voz—. En la escuela nos enseñaron lenguas de otros pueblos pero no recuerdo muy bien si es o no el quechua.
—No, quechua no es. Es Aymara, es la lengua de mi abuela, Caz —dijo Lena con sorpresa.
—Tu abuela es ¿Aymara? —pregunté—, ¿No era Evreniana igual que nosotras y todos los que vivimos aquí?.
—No, Caz. Aymara es el Idioma no el pueblo—explicó—. Además Evren no es pueblo, es todo nuestro mundo, nuestro pueblo es el Hanaq. ¿Cómo aprobaste Historia de nuestro mundo?