Las dificultades de ser adolescente

Capítulo 4

Chelsea.

Cuando llegué al salón de castigos, lo primero que vi fue a Mabel llorando mientras Mara la miraba con confusión y sin saber que decir o hacer.

—Es una maldita, ¿Cómo pudo hacerme eso?—sollozo.

Me senté junto a ella para saber que sucedía.

—No sabría decirte si es una maldita sino me dices que pasó.

—La entrenadora Davis me echó del equipo de porristas—confesó para luego sonarse los mocos con una chaqueta azul.

Mara y yo pusimos cara de disgusto al ver tal acto, pero no dijimos nada para no empeorar a Mabel.

—¿Por qué te echo?—cuestione—. Si eres muy buena.

—Pues díselo entonces—chilló—. Ni siquiera me dijo la razón, solo se que por poco me saca a patadas del lugar.

Volvió a sonarse la nariz con la chaqueta y Peter hizo acto de presencia en el salón. Al ver el acto tan asqueroso que estaba  haciendo ella, frunció el ceño para luego abrir sus ojos sorprendido.

—¿Esa es mi chaqueta?—preguntó, señalando el ahora pañuelo de Mabel.

—¡Cállate!—volvió a chillar con sus mocos colgando. Era una escena asquerosa—. Estoy en un momento crítico en mi vida. Luego limpio esto—miró la manga—, no creo que quieras usar esto—y de repente volvió a llorar—. Lo siento, no quise hablarte así—se cubrió la cara con la prenda y siguió llorando por unas dos horas.

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Mi estómago comenzó a sonar de un momento a otro. No había desayunado ni almorzado ese día, pues salí muy apurada de casa cuando llego Ryan con su típico humor de perros.

Me sentí estúpida por no haber comido nada, no tenía dinero para comprar algo en la escuela y tampoco tenía amigos para poder al menos robarles alguna papa frita.

El salón estaba en silencio y lo único que se escuchaba eran las maldiciones que Mabel murmuraba hacía entrenadora Davis.

Mara estaba haciendo unos cálculos matemáticos y Peter la miraba extrañamente.

Mi estómago volvió a sonar, el problema fue que lo hizo más fuerte, y los tres me miraron fijamente.

—¿Esa fuiste tú?—preguntó Mara con el ceño fruncido.

—No.—dije y por la tanta buena suerte que tenia, insertar sarcasmo, mi estómago volvió a sonar y llevé mis manos a ella.

—¿Por qué no comes algo?—cuestionó Peter.

—No tengo hambre.—mentira, estaba muerta de hambre.

—Si claro, y yo soy Emma Watson—dijo Mara con sarcasmo.

—Ve a comprar algo, la cafetería cierra en quince minutos—sugirió Mabel mirando el reloj de su muñeca.

No sabía que escusa decirles, ¿Qué les diría?, ¿Qué no tenía dinero?, ¿Qué hace tiempo no tenía dinero?...No sabía que decir.

—Em, bueno. Yo...—mi cerebro no podía idear nada.

—¿No tienes dinero?—preguntó Mabel.

Mierda. Que era eso ¿Un interrogatorio?

—No.—dije por fin.

Los tres se miraron entre sí y supe que se estaban preguntando por qué no había comido o no tenía dinero.

Peter se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta para luego decir.

—Ya vuelvo.—y con eso salió del lugar.

Las dos se acercaron a mi y sin decir nada, se sentaron a mi lado. Se que querían preguntar, pero prefirieron quedarse calladas. Lo agradecí.

Peter llegó minutos después con miles de chocolates, caramelos, snacks y con dificultad sostenía una bolsa llena de bebidas.

—La cafetería ya estaba cerrada cuando llegué, pero por suerte hay máquinas expendedoras—dijo él.

Las chicas acercaron las mesas y las juntaron con la mía para así hacer una más grande. Peter arrojó los dulces sobre esta esta, quedando una gran montaña y colocó las bebidas.

—Provecho a todas—sonrió él y todos tomaron asiento—. Por suerte están las máquinas expendedoras.

—Esto es prefecto—dijo Mara con una sonrisa. Me miró aún con su sonrisa intacta—. Vamos, Chelsea, primero tú.

Dudosa y dejando el orgullo de lado, tomé una bolsa de papas fritas y la abrí. Al verlas juro que casi lloro. Sin importarme mucho que ellos estuvieran observándome, tomé un puñado de papas y las metí a mi boca con desesperación.

Los tres me miraron con la boca entreabierta, la vergüenza me consumía. Al notarlo, Mabel tomó una bolsa de gomitas, la abrió y tomó un puñado de estas y las metió a su boca. Peter y Mara tomaron envoltorios de la mesa, él tomó la bolsa de skittles y ella de emanems y repitieron la acción.

Sin importar mucho, comenzamos a devorar todo lo que estaba a la vista.

Todas reímos al ver como Peter trataba de abrir una botella de Coca-Cola.

—Esto no se abre—se quejó él. Tomó la tapa de la botella de vidrio y tiro de ella, en un intento absurdo por abrirla—. Me rindo.—dijo por fin, riéndose. Dejó la botella sobre la mesa y la miró con rencor, con los brazos cruzados—. Ni siquiera se porque tomé las de vidrio de esa maquina, pude haber tomado de la otra.

Mara se río más fuerte, ganándose la atención de Peter.

No se porque mire a Mabel, quien me miraba también, para luego mirar la escena entre Peter y Mara y luego volver a mirarnos mientras sonreímos con picardía.

—Dame eso—dijo Mara cuando terminó de reír. Tomó la botella y se quitó una zapatilla, esas típicas zapatillas deportivas que siempre llevaba puestas, quitó el cordón y la ató en el pico de la botella para luego tirarla con fuerza, así quitando la tapa y abriéndola —. Que lo disfrutes.—le tendió la botella a Peter quien tenía la boca entreabierta, sorprendido. Y creo que todos teníamos esa expresión.

—Gracias.—balbuceo él.

—¿Dónde aprendiste eso?—preguntó Mabel.

—Un amigo me lo enseñó—confesó y pude notar algo de nostalgia en su voz.

—¿Y tus amigos? —dijo Mabel y luego se llevó las manos a la boca al notar lo que había dicho—. Lo siento, no quise decir. Es que nunca te veo con nadie y tenía curiosidad—susurró avergonzada.

La verdad es que yo también tenía esa curiosidad. Ese último tiempo tuve curiosidad sobre ella, pues nunca la veía con nadie y era extraño ver a alguien tan agradable estar tan sola.




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