Las estrellas que encontramos en Finlandia

Capítulo 1

Kamih

—¿¡Quieres que yo finja ser tu novia!? —exclamé molesta.
—Así es.
Ese tono tranquilo que usa cuando sabe que lo que hace es absurdo, no podía creer que mi mejor amigo tuviera la gran putisima idea de meterse en algún que otro problema. Aunque hay que admitir que no es problemático dentro de la universidad pero eso no cambia absolutamente nada.
—¿En que te metiste ahora, capitán? —interrogó alzando una ceja.
—Sabes que no es necesario que me llames así, soy tu amigo desde la secundaria —aclara— ¿Entonces me vas a ayudarme?
—Nunca dije que sí —afirmó cruzándose de brazos— ¿Pero a qué va todo este show, Finn?
Debía ser de su casa, de seguro a de ser la abuelita de Finn que por cierto es religiosa y el nunca a estado con una chica asi que estoy segura que duda que Finn sea monje o homosexual. Eso suena ridículo y homofóbico siendo sincera; sus ojos verdes permanecen fijos en mí, sin ningún parpadeo lo que me provoca un escalofrío de pies a cabeza, quién diría que el capitán del equipo de voleibol tendría otro malinterpreto. Ambos parpadeamos al mismo tiempo como si uno tiene que responder o romper este silencio incómodo.
—Mi abuela —continua agachando la mirada, derrotado—. Piensa que quiero ser monje por no tener novia.
Suelto una carcajada tan fuerte que tengo que apoyarme de la barandilla a lado mío, no puedo creer, Finn Järvinen rogando que finja ser su novia solo por que su abuela piensa que su sueño es ser un monje. Me da un manotazo suave en el hombro para tranquilizarme con el ceño fruncido.
—No estoy bromeando.
—Nunca dije que lo estabas —suspiró —¿Qué tiene de malo ser un monje?
—No lo comprendo, pero viniendo de parte de mi abuela dudo que esté en contra de su religión.
—Siendo sincera, te verías raro estando pelón. —digo tratando de no carcajearme otra vez.
—¿Me vas a ayudar? —insiste acercándose más.
—Veré que puedo hacer, delfincito. —bromeó sonriendo de oreja a oreja.
En vez de molestarse por el apodo, se limita a responderme. Ese apodo simplemente se lo agregue cuando tenía solo 6 años, a pesar de que en aquel entonces no nos llevamos tan bien como digamos pero cambió cuando entramos a la secundaria.
—Solo por esta cena, Kamih —súplica poniéndome una mano en mi hombro—. Además, conoces a mi abuela, básicamente a mi familia.
—Es obvio Finn, nos conocemos tanto el uno del otro que la gente pensaría que estamos destinados.
Finn soltó una risa que no sabría distinguir con exactitud, ¿cómo pensarían que Finn quiere ser monje? No importa que tantas mujeres tenga atrás, él las ignora por una razón que nunca me dijo sin importar los años que llevamos juntos.

—Te ayudo si me das algo a cambio —bufoneó poniendo los ojos en blanco—. Puede ser cualquier cosa.
—20 años conociéndonos, al punto de ser casi como hermanos y me pides algo a cambio. —se lleva una mano a la cara.
—Eso no cambia nada, delfincito.
—¿Qué quieres de cambio, Kam?
—Que me ayudes a fingir ser mi novio solo para poner a prueba la nueva novia de Kaelen. —comentó otorgándole mi mano.
—¿Su nueva novia es robanovios o que? —alegó el.
—Es una prueba un poco rara por parte de mi hermano —confirmó—. Pero si quieres que te ayude, me tienes que ayudarme a mi.
—¿Qué? —pone una mueca de disgusto.
—Sin excepciones. —pongo una mano enfrente de su cara para poder continuar.
Frunce el ceño antes de mirarme de arriba a abajo; nos hemos ayudado y apoyado desde que entramos al preescolar pero ninguno se compara con este tipo de ayuda. Le ofrezco mi mano una vez más para cerrar este trato, y espero que este desmadre se acabe lo más pronto posible. Finn me mira unos segundos más antes de aceptar nuestro trato, ambos sonriamos antes de calentar mi mano una vez más; no es que suene grosera o dramática, pero su mano es más fría a comparación de la mía.
—¿Te da asco mi mano?
—No es eso… —explicó tallando mi mano contra mi pantalón—. Es que está fría.
—Debes de estar bromeando —ríe tapándose la boca para no seguir—. Toda la vida, y sigues sin acostumbrarte de mis manos.
Pongo los ojos en blanco, cuando escucho como la ventana se abre de golpe y aparece el maestro Weigel que parece más molesto de lo que está en el mayor parte del tiempo.
—¿¡Qué demonios hacen aquí, Järvinen y Andersson!? —espetá el señor señalandonos— ¡Se supone que deben estar en sus clases!
Finn y yo nos volteamos al mismo tiempo con los ojos abiertos como platos, miró a mi alrededor esperando que nadie más nos escuchara, menos a Kaelen que si descubre que me estoy saltando la licenciatura me pondría trabajar en la gasolinera lejos de Helsinki.
—Una vez al año no afecta nada, señor Weigel. —comentó Finn poniendo sus manos en los bolsillos, con total serenidad.
—Mierda… —susurró sin apartar la vista de la ventana—. Ahora si me van a poner a trabajar doble afuera de Helsinki.
—Está dramatizando Kae. —agrega.
—No has visto a mi padre después de que trajo a Olivia a casa.
No responde, solo se limita observandome sin apartar la mirada, él sabe perfectamente en qué tipo de persona se convirtió mi padre durante años.
—¡Entren si no quieren que los suspenda y les agregue un año más en su licenciatura! —grita el señor Weigel.
—Ya, ya —habla Finn tomándome de la mano dirigiéndonos adentro—. Allá vamos.




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