Finn
20 años, 20 años enamorado de la misma chica. Sé que odia su segundo nombre, se que ama los libros, se que su color favorito es el gris. Podría pasarme todo el día describiendo lo fabulosa que es, detallando cada parte de ella, sus lunares en su rostro, sus ojos grises plateados, sus rizos oscuros cubriendo una parte de su rostro. Simplemente no existe ninguna palabra corta, fácil, que describiría sobre ella.
Sigo pensando que es un sueño que la chica que llevo enamorado durante años finja ser mi novia, estoy seguro que mi abuela no se sorprendería, pues cuando nació ella misma dijo.
«Ustedes están destinados por un hilo rojo».
Según la creencia de los occidentales, cada persona tiene un hilo color rojo que está amarrado con otra persona, no se puede romper ni enredarse. Pensaba que sería una mentira, hasta que la vi en esa cuna rosada, envuelta en una manta acompañada de un peluche de conejo; me arregló la corbata enfrente de mi espejo mientras me pongo el perfume que Kamih dijo que olía bien y siendo sincero, no me canso ni me cansaré de usarlo. En el umbral de mi puerta aparece Hanna.
Hanna es mi melliza, a pesar de que no nos parecemos en absoluto, es una de las mejores amigas de Kamih, así que durante nuestra infancia y adolescencia fuimos un grupo. Antes que entraran los demás.
—¿Ese no es el perfume que Kamih mencionó que olía rico? —preguntó ella acercándose con una sonrisa.
—Ojalá llegue el día en el que dejes de escuchar pláticas ajenas —aclaró arreglando mi cabello—. Y si, si es el mismo perfume.
—Se nota que amas a mi amiga ¿eh? —bromeó dándome un empujoncito en mi espalda.
—Nuestra amiga, querrás decir. —le corrijo.
Hanna solo me da un golpe en mi hombro antes de posar al lado mío en el espejo. No lo he mencionado pero odio que rompa mi barrera, a excepción con Kamih y mis hermanos.
—Voy a tener que decirle a nuestros padres que te consigan un espejo para que dejes de joder.
—Que te jodan.
Ambos sacamos el dedo del medio antes de que mi abuela apareciera; nos fulmina la mirada antes de señalarnos con su bastón.
—Esa boca jovencitos, no querrán que Erika los vea peleándose. —recuerda ella antes de volver a la sala.
Erika es la novia de mi hermano mayor, Jarvin y ella se conocieron en Espoo, cuando ambos todavía estudiaban en la universidad. Desde entonces son el perfecto estándar de una relación, sin celos, sin discusiones violentas, en fin, los tortolitos perfectos.
—Finn, creo que es hora que recojas a Kamih, si no se va a morir por hipotermia —comentó Hanna dirigiéndose hacia la puerta—. Buena suerte con tu novia falsa, hermano.
Después de salir del cuarto para ir a la sala, observé mi reloj colgado en mi escritorio. Son las siete y media de la noche, la hora en la que ella y yo acordamos; agarré las llaves de mi carro antes de que mi abuela me hablara.
—Más te vale que no mientas, cuidadito si me llego enterarme. —advierte frunciendo el ceño.
—Claro, regreso en unos minutos.
Solo me da una palmada en el hombro hasta que cruzo el umbral, el frío aire me pega de golpe en el rostro así que rápidamente me meto al carro y enciendo la calefacción.
Kamihla Alahi Andersson, mi mejor amiga y mi novia falsa, me duele engañar a mi abuela pero es necesario para que no piense que soy monje. Suspiro antes de encender el carro.
Enfrente de su casa, la veo.
Es ella.
Sentada en la escalera de su puerta, jugando con el dobladillo de su vestido; que por cierto, se ve como una mujer celestial. Su cabello está perfectamente recogido en una coleta alta acompañada de perlas en sus ondas, su vestido color crema con un abrigo de lana blanca y unos zapatos con tacones bajos. Es la combinación más perfecta que he visto, pero sin esa ropa, Kamih seguirá viéndose igual de celestial.
—Kamih… —murmuró saliendo del carro—. Dios mío, dime que esto es verdad.
—¿Acaso estoy horrible? —preguntó suavizando su mirada—. Porque si es así, escogiste a la persona equivocada.
—¿Horrible? Por dios santo —continúo acercándome para tocar su rostro—. No sabes cuanto estoy esforzándome en no arrodillarme ante esta majestuosa belleza.
—Hueles delicioso, Finn —respondió ignorando mi halago—. Y gracias, por un momento pensé que este vestido no me iba bien por… bueno, ya sabes.
—Tu cuerpo no es un problema, nunca lo fue.
—¿Nos vamos? —sonríe caminando hacia el carro.
Asiento antes de abrirle la puerta, enciendo el motor mientras observo por el rabillo del ojo como se acomoda su cabello con esa sonrisa que me envenena, y es el mejor veneno.
Kamih
No recuerdo la última vez que entré en la casa de los Järvinen. Pasaron 5 años desde aquel entonces, mi padre empezó a prohibirme ir a jugar con Finn al punto de querer mudarse a Tampere, pero Helen evitó que lo hiciera.
Helen es mi hermana mayor, era la mejor chica que he conocido y admirado desde que tengo memoria, pero todo cambió cuando tenía 15 años. Un coche se interpuso en su camino y… digamos que no acabó bien, está viva, si, pero cayó en estado vegetal; lo que significa que está en coma. He ido a visitarla cada dos veces a la semana, Kaelen nunca se lo tomó bien. No la visita, no es que sea malo pero después del suicidio de nuestra madre y la infidelidad de mi padre; Finn y yo entramos al comedor, nos quitamos nuestro suéteres y fui a saludar a Hanna.
—¡Hanni! —exclamé.
—¡Kamih! Dios mío —chilló abrazándome—. Espero que mi hermano no te haya…
Editado: 25.07.2026