Las estrellas que encontramos en Finlandia

Capítulo 5

Kamih

Mis pasos resonaban por los pasillos, el olor me rascaba la nariz y mi piel tenía los pelos de puntas. Hoy toco la visita de Helen, pedí permiso a la maestra Virtanen lo que no me costó por que sabe la situación de mi hermana; estaba de enfrente de la puerta, toque esperando una respuesta que nunca llegó, tome un gran bocado de aire antes de abrir la puerta.
Tenía la piel pálida, el cabello hecho un desastre y estaba más delgada de lo que recuerdo.
—Helen… —susurro quedándome en la entrada—. Estoy aquí.
Silencio, su respuesta era el silencio; baje mi mirada hacia sus manos, esperando que mueva un centímetro en sus dedos pero seguían intactos, después a sus ojos, adoraba como se veía sus ojos marrones bajo la luz solar, en la manera que me miraba pero no despertaba, seguía respirando pero su cerebro dejó de reaccionar desde aquel día. El 13 de febrero, el día de su cumpleaños pero el mismo día en el que nunca volvió a abrir sus ojos.
—Otra vez, papá y Kaelen no vinieron —me arrodillo a su lado—. Pero para la otra la convenceré para que venga.
Sabía que nunca iba a venir, desde el accidente, papá declaró a Helen como desechable. Como si tuviera una fecha de caducidad y por el otro lado. Kaelen no sale de su laboratorio hasta tarde, le he rogado que visitará solo esta vez a Helen pero me ignoraba por completo, como si no tuviera sentido. Siento como mis ojos arden y en cualquier momento romperé en llanto pero no ahora, no con Helen a mi lado, quiero que vea que soy fuerte, que valió la pena criarme y dejar sus estudios por los míos.
—Solo falta un año para que me gradué de la universidad —agregó—. Kaelen ya tiene novia y Mark tiene sobresalientes.

Notó cómo su pecho sube y baja, tomó su mano y la apretó como si fuera el único ancla que me queda, una lágrima resbala hacia mi mejilla por lo que rápidamente la limpio con mi dorso.
—No se si recuerdas a Finn, el mismo que se raspaba la rodilla cada vez que salíamos al parque. Ahora es el capitán del equipo de voleibol de la universidad y su familia está orgullosa de él.

Acaricio sus nudillos mientras mi garganta empieza a cerrarse lentamente, como si estuviera amarrado por un alambre.
—¿Tu crees que nuestra familia está orgullosa de mí, así como los padres de Finn, el padre de Shizu, la madre de Zoé y los abuelos de Emi? —dudó rompiendo el llanto—. Estoy segura que papá no está orgulloso de mi, siento que los estorbo, como si fuera un mueble más. Estoy cansada de repetirle una y otra vez a Kaelen que deje la adicción.
Mi visión se pone borrosa mientras tanto me esfuerzo que no se me cierre la garganta. Helen no responde, no va a responder, solo quiero una señal que me escuche, que me entienda, que está ahí. Lo único que escucho es el pitido del monitor, mi visión empeora cada vez hasta que el pitido es más largo.
Mi mente se queda en blanco, antes que sonaba con frecuencia ahora suena más largo. Eso significa que su corazón, dejó de respirar.
—Helen… —mascullo con mis manos temblando y moviendo con fuerza a Helen—. No, no, no.
No me aparté de ella hasta que alguien me jaló el brazo, las enfermeras tratan de revivir.
—¡No me alejen!
—Necesita salir ahora.
Abro la puerta de golpe y me pongo de espalda a la pared, siento como mis piernas flaquean, veo toda mi vida como un video a toda velocidad. Estoy sola, completamente sola en esto.
¿Y si Helen no revive?
¿Y si me dan la noticia de que murió?
Mis piernas por fin cedieron a sentarme en el piso, no aparté la vista de la puerta, veía como los doctores y enfermeros se movían con prisa a su alrededor. Ignoré por completo el timbre de mi teléfono, ni siquiera tenía fuerzas para responder la llamada. Las horas pasaron pero parecían una eternidad, empezaron a salir uno a uno hasta que salió el doctor.
—Logramos salvarla.
Me puse de pie de un salto al escuchar la noticia, había sobrevivido, sentí como un peso se desvanecía poco a poco. Agradecí al doctor con una sonrisa mientras sacaba el celular.

12 llamadas perdidas de Kaelen, 9 mensajes de Hanna y 15 llamadas perdidas de Finn.

En qué momento pasó de una llamada a varias, pero lo que más me dolió no fue en ver la cantidad de llamadas de Kaelen si no que ninguna llamada ni mensaje por parte de mi padre. Helen estaba a punto de morir y mi padre seguía como si nada.
Guarde el celular ignorando a todos por completo, esta vez no entre a verla, la observe desde el cristal de la puerta, su pulso había vuelto a la realidad por lo que esboce una sonrisa llena de alivio, no me di la vuelta hasta que escuche una voz que hasta el día de hoy, me sigue atormentando.
—Que gusto volver a verte, Alahi.
Mis ojos se abrieron de par en par, el acento, la voz, la reconozco, la misma voz desde aquel accidente. No me doy la vuelta para darme cuenta de quien es por que se a quien pertenece.
—Lamento mucho lo de Helen.
—¿Qué haces aquí?
— Vine a visitarla.
—¿Después de lo que has hecho? No te acerques a ella.
Sus ojos negros seguían fijos en mi, lo que me provoca un cosquilleo en mi piel. En uno de sus brazos carga un ramo de tulipanes, las flores favoritas de Helen pero las flores están marchitas, como si las hubiera matado, algunas tiene pocos pétalos como si las hubiera arrancado, otras están negras.
—Eres un hipócrita, no tienes ni una pizca de compasión.
—Y tienes el descaro de mentir enfrente de las personas, como tu “relación” con Finn.
—¿Me estás espiando?
Soltó una risa ronca que me dio escalofríos.
—Claro que no, pero dile a Helen que estas flores son de mi parte.

Me entregó el ramo en mis brazos antes de dirigirse a la salida, observé las flores por un momento antes de dirigirme al bote de basura. Al final, no pegué el ojo en toda la noche.




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