Éramos un silencio de miradas compartidas.
Durante meses fuimos exactamente eso: dos extraños que se reconocían a la distancia. Compartíamos el mismo espacio físico, pero manteníamos una timidez prudencial, tan respetuosa, como si en el fondo de nuestras almas supiéramos que dar un solo paso hacia el otro alteraría el orden de todo lo que nos rodeaba.
Pero el destino siempre tiene otros planes.
Poco a poco, las distancias comenzaron a acortarse. Pocos meses bastaron para empezar a vernos más seguido y para yo saber más de ti, descubriendo así una complicidad extraña. Nos tratábamos con la confianza de quienes se conocen de toda la vida, aunque apenas estuviéramos aprendiendo nuestros nombres.
No hacían falta los títulos ni las etiquetas formales. Nunca fuimos algo oficial, nunca salimos bajo las reglas de lo establecido, pero entre los dos flotaba una verdad silenciosa que no necesitaba palabras para existir y saber que de algo se trataba.
Y estábamos a punto de descubrir qué.
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destino y romance, estrellas en la oscuridad, nostalgia y recuerdos
Editado: 01.07.2026