Narra ""
Bajo del autobús y me dirijo a casa, mientras camino voy saludando a unos cuantos vecinos y veo el cielo encapotado con un sol tan brillante que amenaza con llover.
Al llegar a casa, llamo a la puerta a la espera de que mamá atienda, al no recibir respuesta golpeo una vez más sigue sin responder, decido ir al lateral de la casa y trepar por la ventana. Espero que no me regañen, al entrar en la casa estaba muy silenciosa, lo cual era raro, pero tal vez mamá está en la tienda.
Revisé el reloj de la pared Papá dijo que, si veía al número 1 y junto a él estaba el número 20, es porque él ya estaba por llegar, el reloj mostraba al 1 y junto a él estaba el 35 por lo que papá ya debería de estar en casa. Seguro acompañó a mamá a la tienda.
Al ya estar en la cocina decidí tomar una galleta de chocolate, Debo de aprovechar antes de que mamá y papá lleguen, así no se enojarán porque comí algo antes de almorzar, me dirigí a la sala para ver televisión y esperar su llegada.
Al entrar se cayó una de mis galletas, que rodó por el suelo. Corrí tras ella; en cuanto frenó, cayó sobre un líquido espeso. Me preguntó qué será.
Tomé la galleta entre mis manos y la revisé Parece que papá tiró la jalea de fresa otra vez, mientras me acerco al sofá, me encuentro con más jalea, al llegar un sudor frío empieza a recorrer mi frente.
La galleta rodó de mis manos y cayó al suelo, con la alfombra amortiguando su sonido, lo primero que vi son dos pares de pies y conectados a ellos estaban los cuerpos de mamá y papá.
Mientras más me acerco a ellos, todo a mi alrededor empieza a zumbar... ¡BIP, BIP, BIP!
Y es cuando despierto con la maldita alarma retumbando en mi habitación....
Siempre la misma pesadilla; no importa que intente siempre aparece, Mientras me estiro mi vista enfoca el techo de la habitación y comienzo a levantarme miro el reloj de la mesita de noche a mi lado son la 7 A.M. estoy realmente cansada solo pude dormir 2 horas, arreglar el cuarto ya es caso perdido solo me conformo con tender la cama, me pongo a recoger mi ropa de trabajo del suelo y me dirijo al baño para una larga ducha con agua fría es la única manera de despertar.
Luego de cambiarme y arreglarme, me tomo unos momentos para tomar aire, calmar mi mente y ver como todo comienza a cobrar vida en el exterior. Me siento mucho mejor; es hora de desayunar. Con una leve sonrisa salgo al pasillo. Mis botas resonando en el mármol complementando el sonido de la ciudad que ya está despierta.
Al salir al pasillo me impulso en el barandal y sin dudar salto sobre él y caigo de cuclillas en medio del comedor con un golpe seco con el frío mármol recibiéndome. Este salto es lo que termina de quitar cualquier rastro de sueño y pereza.
Es hora de empezar otro día más.
Llega a mi nariz el aroma de huevos y chocolate, rodeo el pequeño comedor y me dirijo a la cocina. Veo a mi víctima de espaldas y me voy acercando lentamente con una sonrisa maliciosa, tratando de no hacer ningún ruido. Pero mis botas no quisieron colaborar: cuando ya estaba a punto de asustarlo mis botas soltaron un horrible chirrido contra el mármol interrumpiendo toda la atmosfera.
‒ Buen intento peque, pero no será hoy ‒ Dice sin siquiera mirarme, mientras continúa sirviendo el chocolate.
‒Genial. No importa lo haga, jamar puedo sorprenderte, viejo ‒ Respondo mientras me devuelvo al comedor con ambos vasos y tomo asiento.
‒ Que puedo decir, cosas de la edad; ya nada me sorprende ‒ Su expresión serena lo acompaña mientras trae nuestros platos.
Se sienta en frente de mí con esa presencia tan serena y tranquila. Lleva la misma camisa de siempre no entiendo como es que no se le desgasta ¿acaso tiene diez camisas iguales? De otra manera no me explico como esa camisa ha resistido el paso de los doce años desde que me rescato.
Ese es el primer recuerdo que tengo, yo caminando por la carretera y luego ver una mano extendida que se conectaba con esa misma camisa azul bebe.
Mi vida antes de eso solo son recuerdos muy borrosos que con el paso del tiempo deje de intentar recupéralos.
‒ Lo que si sorprende es la velocidad en la que olvidas que no debes saltar del segundo piso ‒ Dice mirándome fijamente a los ojos mientras toma su vaso y le da un buen trago ‒ imagina que hubiera algo o alguien debajo.
Lo observo mientras come, no entiendo cómo es que teniendo sesenta y cinco se vea tan joven. A pesar de que su aura es de una persona tranquila he visto facetas suyas en las que parece incapaz de doblegarse por nada; solo espero poder verme así a esa edad.
‒ Perdón vale, es solo que es la única forma de quitar el sueño intentaré no volver hacerlo...‒ respondo murmurando a lo ultimo ‒ o intentar ver en donde caeré antes de lanzarme
Al terminar de comer tomo todos los platos y voy hacia la cocina y me pongo a lavarlos esta es prácticamente nuestra rutina, levantarnos yo intentando asustarlo o jugarle alguna broma obviamente fallo siempre en el proceso, desayunamos. Después Tom toma las llaves del negocio y nos dirigimos allí en nuestra moto mientras yo manejo él va en la parte de atrás en el carrito de carga.
‒ ¡Y... listo!, voy por mi chaqueta, la olvidé arriba, y ya nos vamos ‒ Le informo en voz alta mientras seco mis manos.
Cuando intento ir a las escaleras para subir a mi cuarto noto que está apoyado en el marco observándome seriamente con los brazos cruzados Y es hora del regaño pensé que hoy me salvaría.
‒ ¿No tienes algo que contar? ‒ Puede que se vea sereno, pero cuando se pone serio es cuando hay que temer.
‒ Mm.... no nada que recuerde... ‒ Respondo nerviosamente y me hago la desentendida ‒ ¡Oh espera ya sé!... La señora Beatrice necesita su panel solar inteligente para la tarde. Descuida solo me falta arreglar la base y...
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Editado: 23.05.2026