Las gemas malditas

Capitulo 11: Espadas gemelas

Creyó que iba a desmayarse por el ardor constante, pero cuando sintió que estaba a punto de perder el conocimiento, la gema dejó de brillar y el dolor desapareció casi de inmediato. El calor abandonó su cuerpo como si jamás hubiera existido, y hasta la piedra que momentos antes permanecía encerrada en su puño se había esfumado por completo, sin dejar rastro alguno entre sus dedos.

Sin embargo, cuando Takenichi abrió los ojos, un grito escapó de su boca al descubrir lo que ahora sostenía con ambas manos. Sus labios temblaban, incapaces de articular una sola palabra, mientras sus pupilas parecían iluminarse con un brillo cargado de asombro.

—¡Esto es...!

La emoción era tan grande que ni siquiera consiguió terminar la frase.

Apretados entre sus dedos reposaban dos cuchillos prácticamente idénticos, perfectamente equilibrados y listos para ser blandidos en cualquier instante. Lo primero que le llamó la atención fue su considerable longitud; lo segundo, la inesperada sensación de peso que cayó sobre él como un balde de agua fría. Las hojas presentaban un diseño agresivo, anchas y de un solo filo, con una ligera curvatura hacia adelante que les daba una apariencia feroz. A diferencia de otras armas, la punta no terminaba en un extremo exageradamente afilado; en su lugar, concluía en una forma redondeada, aunque lo bastante pronunciada como para transmitir una amenaza evidente.

El metal oscuro de acabado mate estaba atravesado por intrincados patrones de un intenso color azul. Aquellas líneas recorrían toda la superficie siguiendo curvas elegantes y naturales hasta fundirse con el borde del filo, donde un resplandor azulado recorría el contorno de ambas hojas y contrastaba con el profundo negro del resto del arma.

Las empuñaduras mantenían un diseño mucho más sobrio, equilibrando la complejidad de las hojas. Estaban recubiertas por un vendaje gris oscuro enrollado en espiral que ofrecía un agarre firme incluso durante un combate prolongado. En el extremo inferior, una corta prolongación metálica se curvaba hacia abajo y remataba en un pequeño filo decorativo que emitía el mismo resplandor azul, como si la energía de la gema continuara fluyendo a través de ellas.

"Felicidades, por la sincronización de nuestras almas"

"Como recompensa por tu determinación y el valor que has demostrado, te concedo estas armas para que te acompañen en tu cometido. Mientras las empuñes, tu cuerpo se moverá con mayor agilidad y tu fuerza incrementará."

"Las espadas gemelas... Tenjo no Shin'nen."

Takenichi permaneció inmóvil durante unos segundos, contemplándolas como un niño que acabara de recibir el mayor tesoro de su vida. Todo su cuerpo temblaba mientras una sonrisa imposible de contener se abría paso por su rostro.

—¡Son increíbles...! ¡Se nota que pueden partir cualquier cosa! —exclamó incapaz de contenerse, haciéndolas girar entre sus manos antes de lanzar un par de tajos al aire para comprobar su equilibrio.

La voz volvió a resonar en su cabeza y apagó parte de aquel entusiasmo.

"No te emociones demasiado, muchacho. Materializar esas armas consume una enorme cantidad de mi energía, así que no podrás utilizarlas durante mucho tiempo. En tu estado actual apenas serás capaz de mantenerlas activas unos diez minutos antes de que desaparezcan. Pero mientras me tengas como compañera, nada malo te ocurrirá."

El peliazul bufó con cierta decepción al descubrir que unas armas tan impresionantes solo podrían permanecer en sus manos durante un tiempo tan limitado. Aun así, bastó con volver a contemplarlas para que aquella molestia comenzara a disiparse. Su diseño era tan fascinante, tan distinto a cualquier arma que hubiera visto antes, que incluso diez minutos le parecían un regalo más que suficiente para sacarles el mayor provecho posible.

Dio un paso al frente y adoptó una postura firme. Retrasó el pie derecho, flexionó ligeramente las rodillas y levantó ambas hojas frente a él. La sonrisa regresó a su rostro con una renovada determinación.

—Bueno, si solo son diez minutos, tampoco debería quejarme... —rió por lo bajo mientras hacía girar uno de los cuchillos entre sus dedos—. De todas formas, solo me estás ayudando a encontrar a Shonen... y, de paso, a intentar salvar a una que otra persona.

A su alrededor, las criaturas continuaban devorando a los habitantes del pueblo. Los gritos de las víctimas se mezclaban con el crujir de los huesos y el crepitar de las llamas que consumían las viviendas, formando un escenario tan caótico como aterrador.

Sin embargo, en cuanto el leve silbido de las hojas cortó el aire, algo cambió.

Los cuerpos alargados de aquellas criaturas se inmovilizaron al unísono. Poco a poco, giraron la cabeza hasta fijar sus pupilas amarillentas sobre Takenichi y permanecieron observándolo durante unos segundos, completamente inmóviles, mientras un pesado jadeo escapaba de sus gargantas. Una tras otra, fueron abandonando sus presas para unirse al círculo. Su número aumentó rápidamente hasta encerrarlo por completo, caminando despacio a su alrededor mientras aguardaban el instante perfecto para lanzarse sobre el joven que, contra toda lógica, continuaba sonriendo con una confianza casi descarada.

—...Confío en que me ayudarás... —murmuró Takenichi mientras respiraba hondo antes de dejar escapar el aire con suavidad, procurando mantener la calma y no permitir que el miedo dominara sus movimientos.



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En el texto hay: psicologico, fantasiosa y aventura, acción / suspenso

Editado: 11.09.2026

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