El mundo iba adquiriendo color. Lo gris, lo aburrido, lo sin importancia se iba pincelando de hermosos colores verdes, mariposas volando, pájaros saltando de rama en rama y esa deliciosa melodía.
Entre las ramas y en la espesura del bosque lo vio. Con el pelo revuelto, rasguños en su piel, ropa sucia y desgastada, su espada en la espalda. Él estaba ahí. De vuelta a ella.
Todo sucedía en cámara lenta. Su sonrisa dibujada en sus labios, sus brazos abriéndose, ella saltando hacia él. No tenía ni idea cómo lo hizo, pero de alguna forma sus piernas se enrollaron sobre su cintura y sus brazos se envolvieron alrededor de su cuello.
—Volviste a mí —dijo hundiendo su cabeza entre su cuello y aspirando su olor.
No sabía desde cuando lo relacionaba con seguridad. Solo había pasado. Amaba ese olor a sudor y sangre con una pizca de algo que la hacía ruborizar.
Karanthir acarició su cabello y la apretó más contra él.
—Te extrañé tanto —murmuró. Apenas un susurro que cortó la respiración de Niniel.
Se apartó y lo miró. Acarició con sus dedos su mejilla y recorrió su piel con suavidad. Permitiéndose sentir todo. Su aspereza, sus cicatrices, sus marcas de expresión. Sus ojos llameaban clavados en ella.
Niniel lo sujetó suavemente de la barbilla y acercó sus labios a los suyos. Fue apenas una caricia, pero despertó un calorcillo en su pecho que la incentivó a acercarse más.
Él la besó con suavidad, moviendo sus labios y sujetándole de la nuca. Una ansiedad desconocida se extendió por todo su cuerpo. No era que nunca hubiera besado a nadie. Simplemente que antes no sentía. No sentía la necesidad de fundirse con él y vivir ese momento para siempre.
Apretó con más fuerza sus piernas y Karanthir se apartó sin aliento.
—¿Qué pasó? —preguntó Niniel asustada.
Él hizo una mueca de dolor seguida de una sonrisa tensa.
—No es nada —le aseguró, pero Niniel no lo creía.
Se dejó caer al suelo y le miró.
—¿Estás herido?
—Un pequeño golpe.
Niniel tocó sobre su ropa, apretando y guiándose por sus muecas. No tardó en encontrar donde le dolía. Sin pensarlo demasiado levantó su camisa para verlo.
—Hey —le llamó la atención él sujetándole de la muñeca —. ¿Qué estás haciendo?
Recién entonces Niniel cayó en la cuenta y no pudo evitar sonrojarse. Apartó la mirad y de pronto le pareció muy interesante el suelo lleno de hojitas y grillos.
Antes de que alguno de los dos pudiera decir algo, un sonido diferente y muy extraño rasgó el aire. Era una especie de vocalización extendida que se sostenía en una sola vocal, algo así como: «Beee».
Niniel buscó el origen del sonido y se encontró con un animal blanco y de patas largas. Tenía un cuerpo pequeño y unas orejas tan largas que sobrepasaban su mandíbula, sus ojos tenían una forma redondeada diferente al de los humanos con una pupila más alargada. Su cara era rosadita y desprendía una ternura inexplicable.
—¿Qué es eso? —preguntó señalándola y acercándose con cuidado.
—¡Oh, eso! —murmuró Karanthir poniéndose de pronto nervioso —. Es… es un animal.
—Eso ya lo sé, pero ¿de qué tipo?
—Una… una… oveja.
—¿Oveja?
La palabra sonaba rara en su boca. No concordaba con el sonido del animal, aunque rara vez lo hacía.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, la oveja se asustó y dio un saltito hacia atrás. Niniel se agachó y estiró la mano.
—Hola —dijo con suavidad —. No te haré daño.
La oveja no parecía segura y volvió a vocalizar. Su mirada fija en ella.
—¿Cómo me acerco? —preguntó volviéndose hacia Kara.
—¿Te gusta? —preguntó él a su vez.
Esa era una pregunta rara. No entendía por qué eso importaba.
—Bueno… ya sabes que… bueno… nunca he visto este animal.
—Lo sé, solo que…
Se removió de nuevo nervioso y se pasó la mano por el cuello.
—¿Qué te pasa? —preguntó Niniel sonriendo.
Después recordó el beso y se le encendieron las mejillas. Lo que hicieron estaba bien, ¿verdad? No había nada de malo en… bueno quererse. Salvo que él… Se acordó de Alishco y el beso que le había dado. Apretó los puños enfadada.
—Si te arrepientes de… —dijo con la voz baja y sin poder mirarlo —. De… bueno, el beso…
—¡No! —saltó él y acortó la distancia que los separaba —. No es eso.
Niniel lo miró y él le acarició la mejilla.
—Dime que es verdad —susurró ella.
Kara no entendió. Giró ligeramente la cabeza y Niniel sintió que su corazón se paraba. Temía que todo fuera una manipulación, un plan de Alishco para controlarla. Temía que todo fuera una mentira.
—Dime que… —intentó aclarar.
—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué siento… algo…? —interrumpió él nervioso.
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Editado: 04.06.2026