Ella solo quería apoyarlo. Sabía que estaba teniendo un mal día, quizá una mala semana. Pensó que se uniría a ella en las largas noches de vigilia con Aboki, pero no pasó.
Revisó que el muchacho estuviera estable y le encomendó a Zarin cuidarlo. Se encaminó a su tienda y la encontró vacía. Para entonces la luna se elevaba al cielo y un coro de lobos la adoraban.
Niniel sentía algo raro. Una clase de presentimiento que pesaba en su corazón. No le gustaba como se estaban tornando las cosas, odiaba el poder de Jundium y comenzaba a considerar esa idea. Esa que tanto temía y que podría ser su única opción.
Miró una vez más al campamento. Había uno o dos varones montando guardia. Niniel apretó los labios y se decidió.
Quizá Karanthir no podía matarlo abiertamente, pero ella sí.
Entró a la tienda de Karanthir y buscó en su cofre de medicinas. Ya lo conocía. Había recurrido a él mil veces para curar a Aboki. Reconocía a la perfección los frascos, las etiquetas y la utilidad de algunas plantas.
Al fondo, casi escondido encontró un frasco con bolitas negras. Eran muy pequeñas, incluso delicadas. Su superficie era gomosa y firme. Niniel agarró una pequeña pinza y con mucho cuidado tomó tres. Las envolvió en su pañuelo y se las guardó en el bolsillo.
Una sola cápsula sería suficiente. Sin embargo, un par más no vendrían mal.
Cuando salió de la tienda, la luna se había ocultado por una espesa capa de nubes. El ambiente parecía más sombrío y quizá aterrador.
Camino con tranquilidad, saludó a Sadiq que jugaba con la lumbre de la fogata y se giró hacia la tienda de Jundium.
Ella que no conocía las puertas cerradas, no pensó siquiera en tocar. Simplemente apartó la tela, esperando encontrarse con la oscuridad. En su lugar se topó cara a cara con Jundium.
Ambos saltaron hacia atrás asombrados. Niniel intentó dar la vuelta, pero supo de inmediato que no podía. Apretó la mandíbula y se enderezó. Fingiendo que todo estaba planeado. Jundium hizo algo parecido, solo un ligero tic nervioso en su ojo izquierdo lo delataba.
—Mi señora, ¿en qué puedo ayudarle?
Su voz estaba tranquila, su postura reglamentaria. Niniel tragó saliva.
—Yo quería hablar —dijo tras una pausa.
Jundium asintió y la invitó a sentarse. Su tienda de campaña era mucho más pequeña que la de Kara. Con dos camas, un par de baúles y dos sillas.
Él se quedó de pie, mientras ella se acomodaba. Esperaba que ella iniciara. Niniel volvió a tragar saliva y respiró profundo. Tenía que aparentar lo que nunca había sido.
—Espero disculpas —dijo y cruzó las piernas para disimular el temblor de los nervios.
—Lo lamento —respondió Jundium llevándose una mano al pecho y reverenciándola.
Niniel apretó los labios. Él era horrible, inaguantable.
—Eso no sirve —dijo entre dientes y se puso de pie.
Jundium retrocedió medio paso, pero no bajó la cabeza.
—Quiero que lo sientas.
Él asintió, pero no dijo nada. Niniel gruñó y por primera vez sintió la necesidad de golpearlo. Una cachetada quizá le aclararía las cosas.
—Les dije que se mantuvieran alejados de Aboki —dijo acercándose un paso más. Jundium se quedó en su lugar. Solo cuadro los hombros.
—No quise hacerle nada —dijo.
Niniel chasqueó la lengua. No soportaba las mentiras.
—Sé lo que vi.
Él asintió y nuevamente se quedó callado.
—No quiero que lo niegues —añadió y tras titubear un poco continuó —. Dilo.
—¿Qué cosa?, mi señora.
—De lo que eres culpable. Dilo.
—Soy culpable de cumplir mi juramento.
Esta vez ella no aguantó. Le lanzó una cachetada que le dejó doliendo su mano.
Él no reaccionó, pero ella sí. Saltó hacia atrás y apartó la mirada. No era su intención golpearlo. No… no era así.
—Lo lamento —dijo él y a Niniel le pareció ver una sombra de sonrisa. Apretó los puños y respiró profundo.
—Aléjate de Karanthir —dijo. Quería dar por finalizada esa conversación.
—No —respondió él categóricamente.
Niniel que ya le había dado la espalda se quedó inmóvil y después se giró enfadada.
—¿Qué dijiste?
—No —repitió él y esperó a que ella se diera vuelta —. No puedo ir en contra de órdenes.
Niniel no dijo nada. Se quedó sin palabras y él aprovechó para sonreír.
—Deberían verse —murmuró.
Era obvio que su intención era ser escuchado. Niniel se cruzó de brazos y luchó contra sí misma para ignorarlo, pero no pudo. Cruzó el espacio que los separaba y le agarró de la camisa.
—¿Qué dijiste?
Jundium ni siquiera fingió sorprenderse.
—Solo decía que deberían verse. Tú y Karanthir. Tan…
#1905 en Fantasía
#2218 en Otros
#174 en Aventura
fantasia amor aventura, fantasia accion romance, fantasía drama romance
Editado: 23.06.2026