Las hijas del Caos: La herejía de Niniel

XXXI. Mereces ser tú

Temblaba. A pesar de que el clima era cálido. Tenía su ropa empapada pegándose a la piel. Su cabello se apagaba y prendía por instantes luchando contra la humedad. Sus pies descalzos acariciaban el agua.

A su lado estaba Karanthir cruzado de brazos, sin atreverse a mirarla. Continuaba en el lago y el agua le llegaba a la cintura. Ninguno se atrevía a romper el silencio. Un silencio que nunca se había sentido más extraño, ni pesado.

Niniel se acomodó mejor y se abrazó las rodillas. Buscaba con la mirada a Aboki, pero el joven había desaparecido. Tal vez él también olía el peligro.

Otro temblor sacudió su cuerpo y sus dientes chocaron entre sí. Karanthir se removió incómodo.

—Quizá deberías… —dijo entre dientes

—¿Irme?

Niniel asintió y se puso en pie. La roca era inestable y sentía que podría caerse fácilmente.

—No —dijo él de inmediato y extendió sus brazos hacia ella como si quisiera atraparla —. No es eso… Yo…

—¿Qué? ¿Lo sientes?

Karanthir se encogió de hombros.

—Sí —murmuró. Su voz tan baja que apenas pudo escucharlo —. Yo… no tuve opción.

Niniel asintió y parpadeó con fuerza. Muy dentro de ella sabía que era cierto, pero eso no quitaba el dolor.

—Morir ridículamente no te ayudará en nada —dijo escupiendo las palabras.

Eso la había llevado ahí. Había estado junto a Aboki paseando alrededor. Zarin correteaba por alrededor, enfrentándose a plantas más altas que él. Aboki se había encargado de deslanar al pobre Zarin porque el calor era demasiado. Así que su piel rosa brillaba al sol.

Fue una casualidad que lo hayan encontrado. Su mirada lo encontró de inmediato. Se movía errático como si luchara con algo invisible. Su cuerpo se hundió y Niniel actuó por instinto.

Sin saber nadar se lanzó al lago. No podía dejarlo solo. Aunque no podría explicarlo. Claro que los papeles se invirtieron y fue Karanthir quien la sacó antes de ahogarse.

No había que ser un genio para darse cuenta de que no había enemigo. Karanthir simplemente… Ella sacudió la cabeza. No lo entendía.

—No intentaba morirme —le dijo él sujetándose el brazo.

—¿Entonces? ¿Qué hacías?

Él negó con la cabeza. Niniel suspiró. Así eran las cosas.

—Bien. Tengo que volver.

—¡No! —su grito le sorprendió. Tenía más fuerza que las otras palabras.

Niniel se regresó a mirarlo y él agachó la cabeza.

—Puedes odiarme, pero… no… no te hagas eso.

¿Odiarlo? Esa palabra le parecía muy fuerte. Sentía ira, pero eso… Por otra parte, ¿qué quería que no haga?

—¿Qué? No puedes controlarme.

—Yo no, pero ella sí. Igual que a todos.

Karanthir suspiró y se apegó más a la roca.

—Niniel —llamó y por primera vez se atrevió a mirarla —. No dejes que ella te controle.

Niniel se quedó de pie, tentada a simplemente dejarlo. A mentirse que no le importaba. Sin embargo, eso no podía ser mentirla. Él… estaba verdaderamente preocupado de su suerte. Pensaba que Alishco la tenía.

—¿Por qué crees que no estoy libre?

Él sonrió con tristeza.

—Tenías razón. Debí haberte dejado ir esa vez en el pueblo.

Ella casi se había olvidado de eso. Recordarlo era como vivir un sueño, borroso y lleno de luces. Confuso en todo sentido. El mundo parecía tan diferente entonces, tan lleno de oportunidades, pero al final, todavía recordaba la sangre en sus manos.

Irónicamente esa vez ella le había lastimado y él la había perdonado. Miró atrás una última vez. Aboki todavía desaparecido. Los dos solos. Volvió a sentarse y él se apartó. Ella sintió una punzada en el pecho.

—¿Qué pasó? —dijo y trató de no sonar enfadada.

Él la miró y suspiró. Recién entonces se fijó en sus manos. Estaban aruñadas, rojas, heridas. Extendió la mano y dudó antes de tocarle. Él tembló, pero no apartó la mano.

—Te hice daño. Nada más.

Era cierto. Niniel tragó saliva y apretó su mano.

—¿Qué más? ¿Qué pasó contigo?

Se quedó en silencio un momento y Niniel miró como su mano libre se refregaba contra la piedra. Quiso detenerlo.

—Dímelo, por favor.

Él sonrió tristemente y negó con la cabeza. Quiso alejarse de nuevo, pero ella le sujetó con más fuerza. No lo permitiría. Necesitaba saber.

Acorralado, Karanthir negó una vez más con la cabeza. Una lágrima negra se dibujó en su mejilla y finalmente habló.

—Me vendí —su voz era extrañamente calmada.

Se quedó callado un momento. Ella no lo presionó. Sea lo que sea le dolía tanto como a ella.

—Me usó y yo la dejé… Dejé que… que fueras como ellas.

—¿A qué te refieres?

Niniel sentía un peso extraño en su corazón. Un miedo que vibraba muy profundo. No quería confundirse, sentía que al fin podía encontrar el camino y ahora Karanthir decía que estaba más perdida que nunca.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.