Las hijas del Caos: La herejía de Niniel

XXXVII. Esta vez no

Desde el principio supo que acabaría así. Jundium lanzaba espadazo tras espadazo intentando quebrar su guardia. Karanthir se defendía bien y eso que tenía dos atacantes más.

Jarumi y Kabir no utilizaban espada, llevaban dos enormes porras llenas de pinchos de acero. Intentaban golpear sus piernas, pero él los refrenaba con la hoja de su espada.

El acero entrechocaba y los golpes fuertes le dejaban poco a poco amortiguado el brazo. Sus dedos se habían vuelto blancos de la presión, varias veces falló y solo se salvó gracias a su escudo primordial. Sin embargo, ya se estaba cansando.

—¿No puedes luchar como hombre? —gritó Karanthir mientras lanzaba un ataque hacia Jundium.

Este no alcanzó a bloquear todo y alcanzó a rasguñarle el pecho. Hizo una mueca de dolor y lanzó un contrataque que dejó al capitán expuesto a un porrazo de Kabir.

—¿Hombre? Mira quien lo dice, él que se vendió por una mujer —respondió Jarumi, logrando golpearle las piernas.

El escudo no le protegió por completo y alcanzó a lastimarle la pantorrilla. Kara se giró rápido y le dio una patada a la altura del pecho.

—No hablo contigo, traidor —dijo y aprovechó para lanzarle otro golpe con el hombro.

A pesar de que alcanzó a conectarle a la barbilla Kabir le agarró por los hombros y le tiró al suelo.

Su arma se alzó sobre su cabeza y por poco la evitó. Sin embargo, no se salvó de la patada de Jundium.

Aboki logró interponerse ante Kabir y defenderse como podía con su pequeño cuchillo. El muchacho no era un guerrero, su mejor habilidad era con el arco, pero para eso requería una distancia que no tenía.

Karanthir escupió sangre y todavía a gatas alcanzó a bloquear otra patada.

—Si quieres matarme, al menos hazlo solo.

Escuchó como Aboki gritaba y caía al suelo. Era cuestión de minutos para que lo mataran.

El pasado se repetía, él era el inútil, incapaz de salvar a los que más quería. Volvió a ver esa pila de cuerpos y supo que no. No iba a dejar que eso pase.

—¿Qué importa? Al menos estarás muerto —respondió Jundium lanzando otra estocada.

Karanthir no se preocupó en bloquearla. Dejó que penetrara en su costado y como un loco se lanzó contra Kabir. Cerró su puño y le golpeó con toda su fuerza en la cabeza.

El impacto le sorprendió tanto que se tambaleó, Karanthir sacó su daga del cinturón y la clavó rápido bajo su mandíbula. La metió hasta la empuñadura y sintió como la sangre caliente bajaba por su brazo. No alcanzó a disfrutar más del momento porque Jarumi le agarró por la cintura y lo arrojó como un muñeco.

De nuevo saludó al suelo. Aboki se había vuelto otra vez de pie y protegía su retaguardia. Kabir ya había caído, solo quedaba dos.

Estaba por levantarse cuando Sadiq apareció frente suyo. Su padre le había ordenado mantenerse alejado, pero él era un adolescente. Karanthir sonrió.

Sadiq intentó golpearlo, pero él le frenó en seco el golpe y jaló su brazo. El joven cayó con poca gracia. Karanthir le dobló el brazo y lo inmovilizó bruscamente. Colocó su pie sobre el cuello del muchacho. Un poco de presión y lo rompería.

—Hey —llamó la atención. Jundium le caía a puñetazos al pobre explorador.

—Será mejor que lo dejes en paz o lo mato.

Jundium se giró furioso, a punto de burlarse de su vana amenaza, pero entonces reconoció a Sadiq y bajó la guardia.

—¡Suéltalo! —aulló

—Pá… —intentó decir Sadiq, pero Kara presionó más el cuello. Dejándole sin aire.

—Lo mismo digo —dijo mirando a Aboki.

Sin embargo, el explorador no era tonto. Logró escabullirse y escapar de Jundium y Jarumi.

—Vete —ordenó el capitán.

—No. Sabes que igual acabarás muerto.

—Al menos me llevaré a alguien.

Justo entonces una flecha se estrelló en el ojo de Jarumi y cayó muerto. Aboki se las había arreglado para despacharlo.

—Estás en desventaja —dijo Karanthir y presionó más al muchacho.

Sabía lo que tenía que hacer. Entre Aboki y él podrían vencer a Jundium, aunque estuviera enfurecido. Sin embargo, dudó.

Esa duda que demoró un par de segundos permitió que Jundium se arrojara hacia él. Una flecha voló entre los dos. Karanthir reaccionó y presionó el cuello a Sadiq. Un sonido seco y un cuerpo quieto detuvieron el mundo.

El horror de la muerte de su hijo y la locura de la rabia convirtieron a Jundium en un salvaje. Rodeó el cuello de Karanthir con las manos y con toda la fuerza comenzó a golpear su cabeza contra el suelo.

La mirada del capitán se volvió borrosa y apenas era capaz de reconocer las flechas que se clavaban en la armadura de su atacante. Aboki intentaba que lo soltara. Sin embargo, entre las lágrimas y los gritos de dolor, eso era imposible.

El capitán podría intentar soltarse, pero en realidad estaba estupefacto. Sorprendido por lo que había hecho. De alguna forma, merecía esos golpes. Frente a sus ojos bailaba las almas de sus hermanos, preguntaban por qué lo había hecho.




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